La política chatarra

Juan Pablo Zúñiga H. | Sección: Política, Sociedad

Cuántas veces hemos visto en las películas y en la vida real aquellos terrenos convertidos en verdaderos cementerios de autos, electrodomésticos y de un cuanto hay. Algunas partes son re-aprovechadas, pero la etiqueta dice que en dichos lugares la intención es romper. Para ello, se declara la inutilidad de las cosas para luego destruirlas y convertirlas en chatarra, lo cual va acompañado de un cierto deleite de mano de los verdugos de los otrora útiles artefactos.

En todos los tiempos y en todas las civilizaciones, la clase política ha despertado la sospecha -y también el desprecio- de sus conciudadanos. Pero la política en sí misma no es mala. La han llamado “el arte de gobernar” o “el arte de tranzar y llegar a acuerdos”. Las izquierdas radicales con vocación totalitaria que se tomaron por asalto nuestro país y capturaron las mentes de tantos, han hecho de la práctica de la política en nuestro país “el arte de destruir”. La Lista del Pueblo, las sectas del FA y por su puesto el PC (era que no, tratándose de destrucción siempre ha de estar allí en primer lugar), que se dicen abogar por el pueblo, sólo han sabido destruir y transformar la política y los principios de la República en chatarra.

Aquellos recién llegados a la política, que con su lozanía prometían el diálogo, los acuerdos, seriedad y que construirían una constitución mejor que las anteriores (parafraseando una Carta al director de El Mercurio de Juan Pablo Swett, de octubre 2020, titulada “¿Y si todo sale bien?”), han demostrado ser un grotesco híbrido entre el Régimen del Terror de la Revolución Francesa y el órgano que le sucedió, El Directorio, también apodado como Podredumbre de las Podredumbres. Así, cada semana nos sorprenden desde su cede institucional, la CC (me niego a referirme a este órgano por su nombre completo después de tanto daño que le ha hecho y hará a Chile en tan poco tiempo), desde donde entre saltimbancos y operadores de aquella compresa que lo transforma todo en chatarra, han ido demoliendo y destruyendo poco a poco el Chile que conocíamos hasta aquel día de octubre de 2019. De un órgano capturado por las izquierdas radicales que tienen la destrucción por vocación y no el diálogo, ni menos la gestión, es iluso esperar que pueda hacer algo que cambie para mejor el rumbo de la República, cuyo nombre y emblema les avergüenza y desean borrar; sí, la misma que les paga sus jugosos sueldos y asignaciones que grotescamente, estos defensores del pueblo y “anti-privilegios”, se aumentaron de manera arbitraria y escandalosa sin ningún remordimiento.

El panorama para la nación es oscuro y sombrío, sin embargo, “nunca es tan oscura la noche como cuando comienza a amanecer”. Tenemos una salida y se llama Republicanos. Así como señalara una frase de los fabricantes de cuerdas para la Marina Real Británica “no ropes, no Royal Navy; no Navy, no Empire” (sin cuerdas no hay Marina, sin Marina, no hay Imperio), en el caso de nuestro país podemos afirmar que “sin patriotas, no hay republicanos; sin republicanos, no hay República”. Ciertamente nuestro país necesita un cambio de rumbo y mudanzas substanciales en muchas materias, comenzando por la urgente e inmediata reestructuración de la matriz hídrica, pero por ningún motivo necesitamos una refundación y me atrevo a decir que sólo en los Republicanos encontramos la fuerza, la valentía y la convicción de un Chile mejor para todos como una sola nación.

El país nos necesita hoy a todos. Es en estas horas oscuras para Chile en que su opinión y su voto valen más que nunca. Teniendo las parlamentarias y luego las presidenciales en el horizonte, infórmese de los programas de cada uno, abstraiga la palabrería y vea el pragmatismo para así convencerse de la mejor opción para Chile pues sepa, estimado lector, que sus decisiones valen y sí tienen un efecto en la sociedad, en usted y en el porvenir de su familia y de la República.