Lógica pornográfica
Alfa y Omega | Sección: Política, Sociedad, Vida
La lógica es aplastante. Si una joven de 16 años puede «ponerse tetas», ¿por qué no permitirle abortar? (doña Bibiana Aído, ministra del Gobierno de España). El nuevo Director General de Cine, don Ignasi Guardans, afirma ahora: «Es absurdo que se pueda abortar a los 16 años y haya films que no se puedan ver con esa edad».
Hay otra lógica, aún más rotunda, aunque muchos no la quieran oír: la pornografía y la violencia son dos caras de la misma moneda. El doctor Brian Clowes, de Human Life Inernational, recoge numerosos estudios en su artículo Los efectos dañinos de la pornografía, disponible en español, entre otros sitios, en http://es.catholic.net, junto a más trabajos similares. La pornografía ha sido acreditada por el FBI como causa de la muerte de alrededor de mil adolescentes al año en Estados Unidos; se ha demostrado que aumenta la agresividad del hombre hacia la mujer en dos de cada tres casos, predisponiéndolo hacia la violencia contra ella, de lo que le frena sólo la amenaza de ser descubierto. Además, es adictiva, tiene efectos muy perniciosos en el matrimonio y es detonante de graves delitos en personas predispuestas por algún motivo a cometerlos.
Si estos problemas no se atajan, se debe a una cuestión cultural. Mary Eberstadt, investigadora de la Hoover Institution, publica un extenso artículo en Policy Review, titulado Is Pornography the new Tobacco?, donde confronta el cambio producido en la actitud social de tolerancia o intolerancia hacia el porno y los cigarrillos en las últimas décadas. Para un ama de casa de finales de los años 50, fumar o no fumar planteaba problemas en términos de gasto económico innecesario, y a veces también de salud, pero no era un problema moral. La pornografía, en cambio, sí. Aplicaba el principio kantiano, de modo similar a como lo ha hecho el obispo de Palencia, monseñor Juan Ignacio Munilla, en una reciente y celebrada carta: ¿Y si fuera tu madre o tu hermana? (las que aparecen, por ejemplo, desnudas en las revistas).
Una hija de aquella imaginaria mujer, que ronda hoy los 30, prosigue Eberstadt, vive en un ambiente posterior a la revolución sexual, y aunque, personalmente, no le agrada la pornografía, debe tolerar que su novio consuma esos productos, a menudo a escondidas. Es sólo cuestión –piensa– de gustos personales. Cosa muy distinta es el tabaco. La joven se opone a él con vehemencia. Fumar está mal moralmente. Nadie debería hacerlo.
Le sorprendería probablemente conocer la obsesión contra el tabaco de Adolf Hitler. Aparece reflejada en las memorias de su secretaria Christa Schroeder, a las que ha dedicado una columna, en ABC, Ramón Pérez-Maura: Hitler, adalid de la corrección política. Le preocupaba mucho al dictador los efectos perniciosos del tabaco. «Él había considerado la posibilidad –cuenta el libro– de prohibir fumar en toda Alemania. La campaña iba a arrancar con una calavera impresa en todas las cajetillas de tabaco», para asustar un poco al personal…
Justamente lo contrario hacen hoy las autoridades británicas con las cajas de preservativos. La excusa es prevenir enfermedades infecciosas y embarazos no deseados, pero en la práctica el sexo se convierte en un acto banal. El Departamento de Niños, Colegios y Familias, informa Lifesitenews, anuncia que dará a chavales de hasta 12 años una especie de tarjeta de crédito para comprar preservativos gratis en polideportivos, clubs y peluquerías. Eso sí, deberán someterse antes a una charla sobre sexo seguro.
Advertencia (para evitar malentendidos): Alfa y Omega no recomienda el consumo de tabaco.




