Atria y Rojas

Gonzalo Rojas Sánchez | Sección: Educación, Política, Sociedad

#03 foto 1Por segunda vez –ya antes en una columna suya en El Mercurio– el profesor Fernando Atria se ha referido mí, por lo que me hago cargo de sus afirmaciones.

Lo ha hecho en su habitual aparición de Bío-Bío TV, la que en esta oportunidad ha titulado “Una universidad no tiene dueño”. ¿Nos quiere hacer pensar el profesor Atria que las más de 17 mil universidades del mundo están mal configuradas por tener dueño (corporaciones, iglesias, fundaciones, Estados, etc.) o pretende sugerir que sólo en Chile cometemos el pecado de tener universidades con dueño y en el resto del planeta, no?

En su argumentación el profesor Atria sostiene que las universidades en Chile –por una realidad que él condena: tienen dueños– pueden hacer lo que quieran. Siguiendo al Código Civil, nos dice que usa la expresión ‘dueño‘ “en un sentido preciso: es el que puede usar la cosa para sus propios fines. Si el dueño quiere que la universidad defienda una determinada ideología política u ortodoxia religiosa, entonces ordenará que eso se haga. Si el arzobispo de Santiago cree que un profesor enseña doctrinas que le parecen heterodoxas, le prohíbe enseñar en la UC. Eso es actuar como dueño. En este sentido, las universidades de verdad (estatales o privadas) no tienen dueño”, afirma el profesor Atria.

Pero eso no es correcto en dos sentidos. Primero porque en Chile la normativa que regula a las universidades no es el Código Civil, sino la legislación especial referida a ellas, normativa que valida los estatutos que cada una se da en virtud de su autonomía Y obviamente esas normas especifican qué pueden y qué no pueden hacer. Y segundo, porque la Universidad de Chile parece ser una universidad de verdad –al igual que su criticada PUC– pero acaba de poner a un profesor en situación de tener que pedir perdón por haber emitido determinadas opiniones en clases. Derechos de los dueños, nos guste o no el contenido concreto de sus decisiones.

A la pasada, el profesor Atria pretende vincular mi rechazo al control de las universidades por parte de grupos externos con una aceptación implícita de su tesis del rechazo a la propiedad. Ciertamente no pienso eso y era muy fácil darse cuenta. Lo que rechazo no es la autonomía basada en la propiedad, asunto que tanto molesta al profesor Atria, sino justamente la vulneración de la autonomía de los fundadores y gestores de una universidad, venga ese atropello de donde venga.

Cuando se le ha consultado al profesor Atria, de quién deben ser las universidades, si no deben tener dueño, ha contestado que “genéricamente: ha de ser una forma de gobierno no propietaria, que no reconozca a nadie el derecho a adoptar decisiones conforme a criterios ajenos a la universidad”.

Si la universidad es para él, el cuerpo de los profesores, alumnos y administrativos, una vez privados los actuales dueños de su propiedad –tanto el Estado como los particulares, me imagino, serían “expropiados”– ¿en qué calidad jurídica asumirían el control de las corporaciones esos cuerpos de profesores, alumnos y funcionarios? ¿Delegados de lo público? ¿Agentes de los derechos sociales? ¿Controladores mayoritarios a nombre de la ciudadanía? Vaya uno a saber.