Religión optativa
Luis Alejandro Silva | Sección: Educación, Política, Religión
El Gobierno se está aprovechando de la confusión levantada con la reforma educacional para introducir un cambio menor en apariencia, pero tremendamente significativo en realidad. Por medio de un instructivo, funcionarios del MINEDUC pretenden hacer de las clases de religión un optativo en los colegios, con total independencia de su proyecto educativo.
Con los resultados de la PSU todavía calientes, la trascendencia de esta iniciativa se entiende un poco mejor. De los 10 primeros colegios con puntaje nacional, 9 son católicos. Estos nueve colegios representan una cuota importante del objetivo final de la reforma educacional, en la medida que su identidad cristiana en general, y sus clases de religión obligatorias en particular, actúa como un criterio de selección (¡y encima son pagados!).
Jamás el Gobierno hubiese estado interesado en hacer optativas las clases de religión si una mayoría significativa de los colegios más prestigiosos del país no fueran católicos. Haciendo un esfuerzo, podría uno pensar que la movida del Gobierno refleja el interés por abrir dichos centros de excelencia a quienes hoy los rehúyen porque enseñan religión. Pero no parece que esto sea así. En primer lugar, no hay estudios que midan esta situación, la cual podría ser perfectamente artificial. En segundo lugar, hoy la ley permite a los padres solicitar por escrito a las autoridades del colegio que se exima a sus hijos de las clases de religión.
Lo que en realidad busca el Gobierno con esta idea mañosa es torpedear al buque insignia de la educación particular pagada en su línea de flotación. Prohibida la enseñanza obligatoria de la religión, muchos colegios se verán privados de un elemento esencial de su identidad institucional. Esto podría tener consecuencias imprevistas, si se considera el estrecho vínculo que para ellos tiene la religión con el impulso mismo de educar a los demás. Para muchos, la vocación educativa se nutre de sus convicciones religiosas.
Por otra parte, la declaración de los cursos de religión como optativos trasluce una motivación más profunda que está debajo de esta iniciativa del Gobierno: su concepción de la religión. No me imagino a nuestras autoridades políticas proponiendo que los cursos de biología, historia o castellano fueran optativos sólo porque el sesgo con el que pueden enseñarse actúe como un criterio indirecto de selección. ¿Por qué, entonces, con la religión? Porque, para el Gobierno, la religión es un accidente en el currículo; no es objeto auténtico de conocimiento racional y, por lo tanto, el proceso educativo de los niños no sufre un ápice si se prescinde de ella.
Probablemente, la intentona del Gobierno se disuelva en la medida en que reciba publicidad, porque aprieta una tecla harto sensible que no dejará indiferente a actores importantes en la discusión de la reforma educacional. Los del Gobierno saben que la única posibilidad de que su idea prospere, es que pase desapercibida. Hago votos porque esta columna frustre, aunque sea un poquito, sus expectativas.
Nota: Este artículo fue publicado originalmente por Chile B, www.chileb.cl.




