Programa materialista

Fernando Orrego Vicuña | Sección: Política, Sociedad, Vida

#08-foto-1Como médico, como científico y como profesor universitario, me ha llamado la atención el marcado carácter materialista del programa de la Dra. Bachelet, tal vez fruto de sus experiencias en el mundo oficialmente ateo de la Alemania Oriental.

En primer lugar, eso de la educación sexual laica y humanista en los colegios, con disponibilidad efectiva de toda clase de anticonceptivos, incluyendo la píldora del día después. La colocación de máquinas dispensadoras de condones en los colegios, que ya ha comenzado, ¿es el comienzo de esta política laica y humanista? Los autores del programa parecen pensar que nuestros estudiantes son unos animalitos incapaces de cualquier control sobre sus cuerpos, que son incapaces de tener altos ideales y de conservarse intactos hasta llegar al matrimonio, el que los hará mucho más felices que esta promiscuidad temprana que el programa que la Dra. Bachelet apoya.

Además, se ignoran los extraordinarios resultados, en Chile y en el mundo, del programa Teen Star aplicado en colegios de diversos niveles socioculturales, que ha logrado suprimir los embarazos adolescentes y ha llevado a las niñas a un grado de madurez y satisfacción que los programas pro promiscuidad nunca han logrado. Ya es tiempo de innovar y no de seguir con fórmulas fracasadas.

Capítulo aparte es la legalización (o despenalización, que es lo mismo) del aborto que el programa propone para “el caso de peligro de la vida de la madre, violación o inviabilidad del feto”. ¿Hay alguien que pueda creer que no aparecerán falsas denuncias de violación o, como ocurre en otros países, bastará que una embarazada diga que piensa suicidarse para que se invoque “peligro para la vida de la madre”? Pareciera que esto no ha sido escrito por médicos, cuyo rol es defender la vida, pues en Chile, en casos de preeclampsia severa, no se penaliza el adelanto del parto (interrupción del embarazo), aunque el niño no pueda sobrevivir, ya que lo que se busca primariamente es la expulsión de la placenta, causante de la hipertensión de esta patología, y no la muerte del feto. Tampoco se penaliza la operación de las trompas dañadas en caso de embarazo tubario, ni el uso de tratamientos a la madre aunque se dañe al feto.

En resumen, esta causal de protección de la vida de la madre, que aparece como algo tan humanitario, no es más que un “cazabobos” para introducir de contrabando el aborto, al que Juan Pablo II calificó como “crimen nefando”, es decir, algo indigno o repugnante.

En cuanto a la inviabilidad del feto pienso que hay un solo caso que puede considerarse: el de los fetos anencefálicos (sin cabeza) que ocurren con cierta frecuencia y que mueren a los pocos días de nacer. Sin embargo, en estas situaciones ocurre lo mismo que con los adultos con muerte cerebral, los que ya han dejado de estar vivos a pesar de conservar algunas funciones corporales. Es decir, estos fetos pueden considerarse muertos y su extracción no correspondería a un aborto inducido.

La creación de un mundo materialista en que no se considera a los seres humanos en toda su magnífica realidad solo lleva a una sociedad con altas tasas de suicidio, alcoholismo, abortos libres y colapso demográfico, como queda bien patente en los países en que el comunismo, uno de los aliados de la Dra. Bachelet, hizo pesar su influencia materialista y totalitaria. Por ello pienso que esta parte del programa no puede ser apoyada por ningún cristiano, cualquiera sea su denominación, ni siquiera por alguien que tenga el más mínimo sentido de la real condición humana.

 

 

Nota: Esta carta fue publicada originalmente por El Mercurio de Santiago.