La indefensión de quienes respetan el derecho de los otros

Patricia Vildósola | Sección: Sociedad

#08-foto-1Tras Fiestas Patrias, regresé desde Argentina por el paso Los Libertadores. Como a cientos de chilenos, me tocó una larga fila que, gracias a la buena organización del personal del SAG, Aduanas y Carabineros, avanzaba lenta, pero constantemente.

Al faltar poco más de un kilómetro para llegar a la aduana, un Hyundai Accent rojo, patente FRGC 47, ante la rabia de todos los que respetábamos el derecho de los otros, avanzó sobrepasando la línea y se coló. Al ser devuelto por Carabineros, retrocedió unos metros y volvió a colarse.

Varios le reclamamos al carabinero. El policía indicó que lo haría regresar; luego dijo que el conductor se negaba, por lo que le había retirado la licencia, aunque no le cursó una multa, sino que anotó los datos en un cuaderno. Al final, con enojo vimos que, con la venia del carabinero, el “vivo” conductor del Hyundai cruzó primero. Era una pareja joven, que no llevaba niños, que no tenía otra urgencia que simplemente considerarse con el derecho de pasar por sobre los demás.

Es cierto, éramos cientos a los que el clima ese día les había jugado una mala pasada, haciendo que el regreso se complicara. Pero también es cierto que lo que nos enojó a muchos no fue la espera, sino que quienes la vivíamos con tranquilidad y respeto fuéramos avasallados, con el beneplácito de quienes tenían que encargarse precisamente de que todos cumpliésemos con las normas de la buena convivencia.

Lo grave es que ante situaciones como estas, en las que algunos consideran que tienen el derecho a pasar por encima de los que sí respetan a los demás y las normas de la buena convivencia, nos encontramos indefensos.

Les viene ocurriendo a los habitantes de un condominio en Nuestra Señora del Rosario con Los Militares, en Las Condes. Hace poco más de un año llegó al departamento 42 un grupo de tres jóvenes que lo han convertido en el centro de “carretes” de fines de semana y de días de entresemana. Cuando el resto de los residentes llaman a Carabineros, desesperados porque los gritos y la música no los dejan dormir, la policía les responde que acudirán… pero no llegan. Así los jóvenes continúan con sus fiestas.

Y con esto —lo injusto—, ese conductor o esos jóvenes, quienes incluso amenazan con “hagan lo que quieran, soy abogado”, hacen que todos los que cumplimos, los que respetamos las normas de la buena convivencia sigamos siendo los perjudicados, y con el beneplácito de quienes deben cuidar por que la ley se cumpla.

 

 

Nota: Este artículo fue publicado originalmente por El Mercurio de Santiago.