Lo que verdaderamente dijo el Papa

Lillian Calm | Sección: Religión

#04-Foto-1-autorHasta dimes y diretes se han llegado a lanzar, entre sí, algunos medios informativos extranjeros por sus disímiles formas de abordar la entrevista que el padre Antonio Spadaro, S.J., director de “La Civiltà Cattolica”, le hizo al papa Francisco ‘la primera que se le hace’ y que será publicada en las distintas revistas que los jesuitas editan en el mundo.

¿Por qué será que, frente a algunas informaciones o comentarios, a veces a uno le parece estar no ante el periodismo sino ante el anti-periodismo? Y, pienso, en defensa del gremio al que pertenezco por vocación, estudios universitarios y cuarenta años de oficio, que por ahí deben colarse plumas (sí, antes de la era digital se hablaba de plumas) que no pueden ser profesionales. Simplemente porque la búsqueda de la verdad no está entre sus fines.

Es difícil procurar la verdad y la objetividad absolutas (aunque hay que procurarlas), porque al elegir una palabra y no su sinónimo ya le estamos imprimiendo a nuestro trabajo una carga de subjetividad. Pero eso lo aprendimos en primer año de Periodismo y sabemos muy bien que tergiversar o exagerar… es otra cosa. La antítesis.

Por lo demás no sólo se puede tergiversar a través de los mismos textos, lo que ya es bastante burdo. Hay otras formas más sutiles: con títulos, bajadas, subtítulos y cuñas, como se les denomina a ciertas frases que se entresacan a veces sin cuidar que éstas reflejen lo que el entrevistado verdaderamente quiso decir.

¡Y para qué decir de los medios audiovisuales ‘y aquí incluyo a los chilenos’ que invitan a comentaristas que tratan de tironear las frases del Pontífice, por supuesto sacadas de contexto, a su personal amaño!

Me llamaron la atención algunos titulares de diarios de diferentes países que destacaban: “Histórica apertura del Papa sobre aborto, divorcio y gays”.

Para aclararme a mí misma, me propuse:

  1. Buscar la entrevista in extenso… que es larguísima, aunque algunos medios han extractado, y en forma fidedigna, muchos de sus párrafos;
  2. Detectar los puntos ‘quizás más contingentes’ que han merecido títulos dudosos;
  3. Publicar, al menos en referencia a esos temas, lo que dice Francisco prácticamente de pe a pa.

Fueron tantos los medios que titularon con la sentencia del Papa “no soy de derechas”, que fue el propio sacerdote Antonio Spadaro quien debió salir a hacer precisiones sólo horas después de dar a conocer su entrevista: “No hay que verlo solo desde un punto de vista político, se trata de un discurso más amplio”, dijo. Agregó, asimismo, que el Pontífice leyó la entrevista antes de ser publicada la leímos juntos”, y considera que para el Papa el mejor titular es ”la Iglesia es como un hospital de campaña”.

Entonces me fui directamente al subtítulo “¿Es la Iglesia un hospital de campaña?” Responde el Papa a esa interrogante (por supuesto en un contexto más largo): ”Veo con claridad que lo que la Iglesia necesita con mayor urgencia hoy es una capacidad de curar heridas y dar calor a los corazones de los fieles, cercanía, proximidad. Veo a la Iglesia como un hospital de campaña tras una batalla. ¡Qué inútil es preguntarle a un herido si tiene altos el colesterol o el azúcar! Hay que curarle las heridas. Ya hablaremos luego del resto. Curar heridas, curar heridas… Y hay que comenzar por lo más elemental”.

Y precisa: ”La Iglesia a veces se ha dejado envolver en pequeñas cosas, en pequeños preceptos. Cuando lo más importante es el anuncio primero: ¡Jesucristo te ha salvado!…”.

El entrevistador puntualiza: “Recojo lo que está diciendo el Santo Padre para hablar de aquellos cristianos que viven situaciones irregulares para la Iglesia, o diversas situaciones complejas; cristianos que, de un modo o de otro, mantienen heridas abiertas. Pienso en los divorciados vueltos a casar, en parejas homosexuales y en otras situaciones difíciles…”.
#04-Foto-2El Papa señala: “Tenemos que anunciar el Evangelio en todas partes, predicando la buena noticia del Reino y curando, también con nuestra predicación, todo tipo de herida y cualquier enfermedad. En Buenos Aires recibía cartas de personas homosexuales que son verdaderos ‘heridos sociales’, porque me dicen que sienten que la Iglesia siempre les ha condenado. Pero la Iglesia no quiere hacer eso. Durante el vuelo en que regresaba de Río de Janeiro dije que si una persona homosexual tiene buena voluntad y busca a Dios, yo no soy quién para juzgarla. Al decir esto he dicho lo que dice el Catecismo”.

Y tras refrendar su pensamiento en el Catecismo de la Iglesia, Francisco agrega: “La religión tiene derecho de expresar sus propias opiniones al servicio de las personas, pero Dios en la creación nos ha hecho libres: no es posible una injerencia espiritual en la vida personal. Una vez una persona, para provocarme, me preguntó si yo aprobaba la homosexualidad. Yo entonces le respondí con otra pregunta: ‘Dime, Dios, cuando mira a una persona homosexual, ¿aprueba su existencia con afecto o la rechaza y la condena?’. Hay que tener siempre en cuenta a la persona. Y aquí entramos en el misterio del ser humano. En esta vida Dios acompaña a las personas y es nuestro deber acompañarlas a partir de su condición. Hay que acompañar con misericordia. Cuando sucede así, el Espíritu Santo inspira al sacerdote la palabra oportuna”.

De inmediato, el Papa destaca lo que califica como “la grandeza de la confesión”: “Esta es la grandeza de la confesión: que se evalúa caso a caso, que se puede discernir qué es lo mejor para una persona que busca a Dios y su gracia. El confesionario no es una sala de tortura, sino aquel lugar de misericordia en el que el Señor nos empuja a hacer lo mejor que podamos. Estoy pensando en la situación de una mujer que tiene a sus espaldas el fracaso de un matrimonio en el que se dio también un aborto. Después de aquello esta mujer se ha vuelto a casar y ahora vive en paz con cinco hijos. El aborto le pesa enormemente y está sinceramente arrepentida. Le encantaría retomar la vida cristiana. ¿Qué hace el confesor?”.

Y explica: “No podemos seguir insistiendo solo en cuestiones referentes al aborto, al matrimonio homosexual o al uso de anticonceptivos. Es imposible. Yo he hablado mucho de estas cuestiones y he recibido reproches por ello. Pero si se habla de estas cosas hay que hacerlo en un contexto. Por lo demás, ya conocemos la opinión de la Iglesia y yo soy hijo de la Iglesia, pero no es necesario estar hablando de estas cosas sin cesar”.

También sólo horas después de que algunos titulares informaran en forma imprecisa sobre la posición del Papa ante el aborto, el propio pontífice, en un discurso a los ginecólogos católicos participantes en un encuentro, señaló: “Una difundida mentalidad de lo útil, de la ‘cultura del descarte’, que hoy esclaviza los corazones y las inteligencias de tantos, tiene un altísimo costo: exige eliminar seres humanos, sobre todo si física o socialmente son más débiles. Nuestra respuesta a esta mentalidad es un ‘sí’ decidido y sin vacilaciones a la vida (…) Todo niño no nacido, pero condenado injustamente a ser abortado, tiene el rostro de Jesucristo, tiene el rostro del Señor, que antes incluso de nacer y luego apenas nacido ha experimentado el rechazo del mundo. Y todo anciano y ‘¡he hablado del niño: pasemos a los ancianos, otro punto!’ Y todo anciano incluso si está enfermo o al final de sus días, porta en sí el rostro de Cristo. ¡No se pueden descartar, como nos propone la ‘cultura del descarte’! ¡No se pueden descartar!”.

¡Quedan tantos otros temas! Al Papa, por ejemplo, se le pregunta sobre el papel de la mujer en la Iglesia. Señala entre muchos otros aspectos que “es necesario ampliar los espacios para una presencia femenina más incisiva en la Iglesia. Temo la solución del ‘machismo con faldas’, porque la mujer tiene una estructura diferente del varón. Pero los discursos que oigo sobre el rol de la mujer a menudo se inspiran en una ideología machista. Las mujeres están formulando cuestiones profundas que debemos afrontar. La Iglesia no puede ser ella misma sin la mujer y el papel que esta desempeña. La mujer es imprescindible para la Iglesia. María, una mujer, es más importante que los obispos. Digo esto porque no hay que confundir la función con la dignidad…”.

Podría seguir, pero por ahora voy a limitarme a un consejo: buscar en Google el texto completo de esta entrevista y leerla, en lo posible, sin intermediarios. ¡Vale demasiado la pena!

 

 

 

Nota: Este artículo fue publicado originalmente por Temas.cl.