La Catedral: Itinerario de una escalada

Sergio García Valdés | Sección: Historia, Religión, Sociedad

#09-foto-1La Iglesia tocó a rebato. Esta vez, con motivo del intento de terceros de interrumpir la Misa que oficiaba el arzobispo de Santiago, Ricardo Ezzati en la Catedral de Santiago, el jueves 25 de Julio pasado. No se hizo por medio de campanas como solía hacerse antes para expresar el peligro de una incursión repentina del enemigo sobre el pueblo, sino que a través de declaraciones del propio citado arzobispo.

Dicho acto violento no tuvo el carácter de primerizo. En efecto, normalmente un ataque de esa naturaleza va precedido de otros de igual o mayor magnitud, lo que constituye un verdadero proceso de embates, que si no se detienen a tiempo –de hecho al día siguiente se apedreó una imagen de la Virgen de una parroquia de la comuna de Vitacura– concluyen con otros más severos.

Así, el 11 de agosto de 1968, exactamente un año después de la toma de la casa central de la Pontificia Universidad Católica, que quedara impune, se produjo la toma de la Catedral de Santiago por el movimiento “Iglesia Joven”, compuesto por unos 200 “cristianos de avanzada”.

Ese acto, efectuado con un conocido lenguaje marxista, tuvo como primer efecto la advertencia de desalojo por el gobierno presidido por el Presidente Frei Montalva. Y posteriormente, los sacerdotes incorporados en dicha toma (un jesuita, dos miembros de los sagrados corazones y cuatro del clero secular) fueron suspendidos “a divinis”, sanción que ordenaba la suspensión de ejercer la función sacerdotal de celebrar la misa y los sacramentos, que a poco andar fue levantada por el Cardenal Raúl Silva Henríquez, el mismo que la había impuesto.

Pero eso no fue todo. Pocos meses después de ello, el 4 de mayo de 1969, varios miembros de ese mismo movimiento interrumpieron, leyendo una proclama, la consagración episcopal de Monseñor Ismael Errázuriz en la iglesia de El Bosque. En esa oportunidad, fueron los propios feligreses y sacerdotes  que acompañaban al citado Monseñor el día en que el Cardenal Silva Henríquez lo ordenaba Obispo, los que detuvieron la interrupción con proclama antes aludida. El motivo de ese acto fue protestar por la forma en que se designaba a los obispos.

Los que pusieron término, físicamente, a esa interrupción de tan importante acto, no requirieron a la fuerza pública para ello, toda vez que el derecho los asistía en su acción en razón de estar en desarrollo un delito flagrante que les conculcaba su derecho a manifestar sus creencias y al ejercicio libre del culto al que adherían.

Luego, en abril del año 2008 se ejecutó un atentado incendiario en la estatua de la Virgen del Carmen que se encuentra en una capilla lateral de la Catedral Metropolitana, Parroquia Del Sagrario, la que resultó seriamente dañada.

Es importante recordar que a raíz de este último suceso, un periódico quincenal ofendió groseramente y en portada, a la Virgen, con motivo de ese incendio, lo que le valió la protesta del mundo católico. Pero esa ofensa no era de extrañar, ya que con anterioridad una universidad católica con sede central en esta ciudad, le había entregado a ese periódico tres premios consecutivos, no obstante que ya había destinado varias páginas de portadas e interiores a injuriar al Sagrado Corazón de Jesús, a los Papas Juan Pablo II y Benedicto XVI, a los Arcángeles y hasta el propio arzobispo de Santiago.

En el caso en comento, el ataque realizado el 25 de julio pasado en la Catedral que se habría hecho, con el motivo aparente de presionar para que se legislara sobre la legalización del aborto, deja serias dudas acerca del supuesto único objetivo. Lo anterior puede presumirse dado que los carteles desplegados al interior de ese templo criticaban al actual modelo económico y dejaron escritos diversos insultos  a Dios en su interior, lo que nos hace evocar el pensamiento difundido por los ideólogos marxistas: “la religión es el opio del pueblo”.
#09-foto-2En definitiva, la última profanación del templo de la Catedral se puede dar hoy día en razón de haber sido precedida por otras acciones (que han quedado impunes) provenientes incluso, de otros creyentes “progresistas”.

Así, los precedentes en la historia, tienen más importancia de lo que suponen aquellos que, frente a esos ataques, recomiendan –liviana y tibiamente– no hacer nada para “bajarle el perfil” a los embates contra la Iglesia, a su Fundador y a otras importantes figuras y sacramentos de su religión.