La Fe en la Palabra

Revista Humanitas | Sección: Religión

En estos momentos en que toda la Iglesia ora unida a su cabeza, Jesucristo, la Palabra hecha carne, por el conclave de los cardenales, proponemos para alimento de nuestra Fe y enriquecimiento de esa oración, algunas breves reflexiones, obsequio de los ochos años de Benedicto XVI.

 

La fe no es solamente un tender de la persona hacia lo que ha de venir, y que está todavía totalmente ausente; la fe nos da algo. Nos da ya ahora algo de la realidad esperada, y esta realidad presente constituye para nosotros una “prueba” de lo que aún no se ve.

(Spe salvi , n°7)

La fe, que hace tomar conciencia del amor de Dios revelado en el corazón traspasado de Jesús en la cruz, suscita a su vez el amor. El amor es una luz —en el fondo la única— que ilumina constantemente a un mundo oscuro y nos da la fuerza para vivir y actuar.

(Deus caritas est, n°39)

La fe no es simplemente la adhesión a un complejo en sí completo de dogmas, que apagaría la sed de Dios presente en el ánimo humano. Por el contrario, ésta proyecta al hombre, en camino en el tiempo, hacia un yo siempre nuevo en su infinitud. El cristiano es por eso al mismo tiempo alguien que busca y alguien que encuentra. Es esto precisamente lo que hace a la Iglesia ser joven, abierta al futuro, rica en esperanza para toda la humanidad.

(28 de agosto de 2005)

 

La fe no se reduce a un sentimiento privado, acaso para ocultar cuando se vuelve incómoda, sino implica la coherencia y el testimonio, también en el ámbito público, a favor del hombre, de la justicia, de la verdad.

(9 de octubre de 2005)

 

La fe no es una teoría, que se puede hacer propia o incluso acantonar. Es una cosa muy concreta: es el criterio que determina nuestro estilo de vida.

(23 de enero de 2006)

 

En la vida de la Iglesia, la fe tiene una importancia fundamental, porque es fundamentalmente el don que Dios hace de sí mismo en la Revelación, y esta autodonación de Dios es acogida en la fe.

(10 de febrero de 2006)

 

Nadie cree únicamente por sí mismo. Nosotros creemos siempre en y con la Iglesia. El credo es siempre un acto compartido, un dejarse insertar en una comunión de camino, de vida, de palabras, de pensamiento. Nosotros no “hacemos” la fe, en el sentido de que es ante todo Dios quien la da; pero tampoco la “hacemos”, en el sentido de que ésta no debe ser inventada por nosotros. Debemos dejarnos caer, por así decir, en la comunión de la fe, de la Iglesia.

(2 de marzo de 2006)

 

La fe nace del encuentro personal con Cristo resucitado, y se convierte en impulso de coraje y libertad que hace clamar al mundo: Jesús ha resucitado y vive para siempre. Es ésta la misión de los discípulos del Señor de todas las épocas y también de este tiempo nuestro.

(19 de abril de 2006)

 

Descubrir la belleza y la alegría de la fe es un camino que toda nueva generación debe recorrer por sí misma, ya que en la fe se pone en juego todo cuanto tenemos de más nuestro y de más íntimo.

(5 de junio de 2006)

 

Educar a las nuevas generaciones en la fe es una tarea grande y fundamental que compromete a toda la comunidad cristiana.

(5 de junio de 2006)

 

Los creyentes nunca son totalmente extraños entre sí. Estamos en comunión a causa de nuestra identidad más profunda: Cristo en nosotros. Así, la fe es una fuerza de paz y de reconciliación en el mundo: superándose la lejanía, en el Señor nos hemos convertido en vecinos.

(22 de marzo de 2008)

 

La fe nos ayuda a abrir de par en par el horizonte más allá de nosotros mismos y ver la vida como Dios la ve.

(19 de abril de 2008)

 

Lo que constituye nuestra fe no es en primer lugar lo que hacemos, sino lo que recibimos.

 (19 de julio de 2008)

 

La fe cristiana no es un peso, sino algo así como un a la que nos permite volar más alto para refugiarnos en los brazos del Señor.

 (14 de septiembre de 2008)

 

La fe está llamada, como en los siglos anteriores, a ofrecer su insustituible servicio al conocimiento, que en la sociedad contemporánea es el verdadero motor del desarrollo. Del conocimiento, enriquecido con el aporte de la fe, depende la capacidad de un pueblo de saber mirar al futuro con esperanza, superando las tentaciones de una visión puramente materialista de nuestra esencia y de la historia.

 (11 de julio de 2009)

 

La fe en Dios abre al hombre el horizonte de una esperanza cierta, que no defrauda; indica un sólido fundamento sobre el cual poder apoyar sin temor la vida; pide abandonarse con confianza en las manos del Amor que sostiene al mundo.

 (7 de diciembre de 2009)

 

La fe se presenta como obstáculo para la libertad y para la investigación científica, porque estaría constituida por un conjunto de prejuicios, que deteriorarían la comprensión objetiva de la realidad. Ante semejante actitud, que tiende a sustituir la verdad con el consenso, frágil y fácilmente manipulable, la fe cristiana ofrece en cambio un aporte de verdad también en el ámbito ético-filosófico, sin proporcionar soluciones preconstituidas para problemas concretos, como la investigación y la experimentación biomédica, sino proponiendo perspectivas morales confiables dentro de las cuales la razón humana puede investigar y encontrar soluciones válidas.

 (15 de enero de 2010)

 

La fe no es un mundo paralelo del sentimiento, que  nos permitimos luego como un agregado, sino aquello que abarcando el todo, le da sentido, lo interpreta y le da además las directrices éticas internas para que sea comprendido y vivido considerando a Dios y a partir de Dios.

 (24 de septiembre de 2011)

 

 

Nota: Este artículo fue publicado originalmente por Revista Humanitas, www.humanitas.cl.