¿El fin de una era?
Max Silva Abbott | Sección: Política, Sociedad
Parece que es cierto que muchas veces los países tienen los destinos que se merecen; y por desgracia, esto es lo que podría estar comenzando a ocurrir en Chile.
En efecto, aunque pocas veces se dice, resulta evidente que para que las cosas funcionen (en cualquier materia: una familia, una fábrica, un club o incluso un país), se requiere de una mínima colaboración de cada uno de sus integrantes, lo cual supone una cuota de generosidad por parte suya. A fin de cuentas, si los sujetos no quieren cooperar, no parece haber fuerza sobre la tierra –salvo la violencia, la que tampoco será efectiva demasiado tiempo– para que las tareas se hagan de manera mínimamente deseable. Lo claro es, pues, que sin ese acto de voluntad, nada resultará a la postre.
Lamentablemente –y espero estar equivocado–, esta podría ser la situación que hoy comienza a vivirse en Chile, con motivo de los conflictos sociales que se han suscitado en el último tiempo. Pese a que nuestra actual situación no difiere sustancialmente de la que teníamos hace 5 ó 10 años atrás, no sólo se han producido curiosamente ahora, cuando ha asumido un gobierno de centro derecha, sino además, con un creciente clima de intolerancia y abierta confrontación, pasando a llevar impunemente la institucionalidad. Da así la impresión que para muchos, lo importante es hoy protestar por lo que sea, al margen de la ley, con el objetivo prioritario de atacar al oponente político, sin importar los costos. Por eso todo indica que si se supera el conflicto estudiantil, tras él vendrán, entre otras, las protestas del sector salud y de los empleados públicos.
Todo esto es muy grave, porque refleja que ese espíritu necesario para que cualquier empresa colectiva prospere, se está perdiendo, muchas veces por el deseo de algunos sectores de obtener ventajas inmediatas y no necesariamente justas. Sin embargo, lo peor a nuestro juicio, es que podríamos estar llegando al fin de una era en nuestro país, puesto que hay grupos que pretenden demolerlo todo, resucitando ideas, modelos económicos y políticos de hace 40 años, no sólo desfasados, sino además fracasados, como bien demuestra la historia.
De este modo, se busca desmantelar la organización que, pese a sus fallas y limitaciones –varias de las cuales se han ido corrigiendo–, le ha permitido a Chile un crecimiento económico y una estabilidad política modélica no sólo para la región, sino también a ojos del mundo, haciendo recordar la posición de privilegio que tuvo el país en el siglo XIX. Tan cierto es lo anterior, que incluso la Concertación mantuvo el modelo, sin apenas tocarlo, durante los 20 años que gobernó.
Por eso debemos tener sumo cuidado con lo que hacemos, porque no cuesta nada echar a perder las cosas; no vaya a ser que en unos pocos años más, miremos con nostalgia y envidia nuestra actual situación.




