Después de la cima: Testimonios a la salida del cine
Pamela Vega González | Sección: Religión, Sociedad
Entrando a su tercera semana en salas chilenas, el documental católico español “La Última Cima” ha cautivado a la audiencia con su puesta en escena llamativa y provocadora.
Josefina Carretero, después de ver la película nos dijo: “Todos sabemos que curas buenos hay por todos lados y me da la sensación que no es el único del que puedo hablar, siento que conozco miles como Pablo y que me encantaría en este minuto poder ser directora de cine y decirte “quiero hacer (una película) de todos.”
También Martin Roberts cree que “Hay muchos curas como Pablo, me gustaría poder mostrar a todos estos curas. Hoy en día en la televisión se conocen muchos, muchos, muchos, sacerdotes, pero por las cosas malas que hacen. Sería muy bueno poder conocerlos a todos por las cosas buenas que hacen, por lo buenos que son”.
Agrega que la película “también me invita a la reflexión… cómo uno depende tanto de los curas y les tiene tanto que agradecer y no hace nada al respecto; no esta ahí para ellos, cuando ellos siempre están ahí para uno. Hoy rezo porque alguno de mis hijos, de mis nietos, alguno de los integrantes de mi familia sea cura. O sea, si yo no lo fui, por lo menos con uno le voy a aportar”.
Sin grandes campañas de promoción, “La Última Cima” se difunde gracias a los voluntarios que llevan afiches y volantes a sus parroquias y colegios, valiéndose del boca a boca y de las redes sociales.
Así se enteró una familia de Illapel, que viajó a Santiago especialmente para ver “La Última Cima”, durante horas en bus sólo a ver la película.
Jóvenes, adultos y adultos mayores mantienen la atención durante los 82 minutos que dura la proyección. Hay risas, hay lágrimas, hay tímidos aplausos. A la salida hay algunos que simplemente quedan sin palabras.
“Maravillosa”, “Hermosa” y “Conmovedora” son los adjetivos más usados para describir la experiencia de ver esta película. Los escuchamos a la salida del cine, en las parroquias, en los blogs y en el sitio de la película.
Muchos jóvenes se sorprenden con la cinta. Sandra Carly nos comenta sus impresiones: “Fue un regalo, es un regalo la verdad. Me emocionó, la encontré increíble. Que te den esto es como que te den un poquito de bálsamo para sobrellevar todo el peso que ha sido la campaña que hay contra la Iglesia y los sacerdotes, de verdad que es un regalo”.
Sven opina: “Muy buena, es un ejemplo. Yo creo que el ejemplo de vida que uno puede tomar es que en realidad la vida uno se la puede tomar mucho más alegre de lo que lo está haciendo”.
Josefina Carretero, embarazada de 4 meses, nos cuenta que “haber venido a la película, a ver esto me dejó como helada”. Su embarazo a los 20 años no ha estado exento de dificultades: “pero ahora que lo pienso, qué cosa más rica, que felicidad…es como sentir que Jesús está aquí contigo… es un testimonio que queremos dar en el futuro así que nos estamos preparando.”
Daniel Suárez comenta: “Cuando supe para que era la reunión, me defraudé…ver una película, día lunes en la noche, saliendo del trabajo, cansado y con hambre. Cuando acabó, di gracias a Dios por tener toda la semana para difundirla, descansado y con hambre de Dios”.
Laura Valenzuela se muestra agradecida: “Tuve la gracia de verla y debo decir simplemente: vitamina para el alma…”.
El secreto de su éxito: la honestidad y falta de pretensión. Se buscó contar una historia a través de sus testigos directos, sin artificios, sin efectos especiales, con mucho humor y humanidad.
Y la noticia corrió rápido; días antes del estreno, empezaban a agotarse las funciones.
La cinta, que partió tímidamente en Santiago en una sala para 40 personas, pasó en menos de una semana a otra con capacidad para 200, luego a una de 400.
Solicitada por espectadores en todo Chile, logró también estrenar en Punta Arenas, en un hito casi tan valorable e impensado como su estreno en el circuito comercial cinematográfico nacional.
Nuestra sed
Los contenidos que transmiten valores realmente escasean en los medios, así que descubrir una película que llena el alma, nos alegra y nos invita a comprometernos para que haya oportunidad a más películas como esta.
Tal como la samaritana que pedía a Cristo esa agua para no tener más sed, en el pozo de Jacob, actualmente estamos sedientos de sentido, de valores… de Dios y de cosas que nos hablen de Dios en medio del mundo. Así como los samaritanos del Evangelio, le rogamos al Señor que se quede con nosotros.
Esa hostia consagrada en la gigantografía que vemos los santiaguinos al pasar por el cine en Avenida Ossa nos congrega, nos invita y es una señal: Se puede evangelizar desde cualquier plataforma.
En Cuaresma la pregunta que “La Última Cima” nos plantea acerca de nuestra propia vida es una oportunidad de reflexión para grupos, movimientos, congregaciones y familias. Más impactantes que la película misma resultan los testimonios entregados por los espectadores.
Es que La Última Cima sorprende, rompe prejuicios. Nos hace darnos cuenta de que es posible acceder a contenidos con valores y nos deja con ganas de ver más películas como esta.
Hay algo que nos hace preguntarnos, tal como Juan Manuel Cotelo en la introducción del filme “¿Qué pinta Dios en todo esto?”
¿Qué pinta Dios en mi vida?
Yo, que soy Iglesia, ¿Estoy siendo parte de la misión cristiana a la que me he comprometido con el bautismo?
Nuestros pastores de América Latina y el Caribe nos llaman: “En nuestra Iglesia debemos ofrecer a todos nuestros fieles un “encuentro personal con Jesucristo”, una experiencia religiosa profunda e intensa, un anuncio kerigmático y el testimonio personal de los evangelizadores, que lleve a una conversión personal y a un cambio de vida integral”. (DA 226)
Una película puede ser el primer paso para volver a mirar hacia Dios.
El matrimonio constituido por Julio Pozo y Carolina Requena, de Areópago Comunicaciones, distribuidores oficiales en Chile de “La Última Cima” vio en esta realización “una oportunidad de Evangelizar la cultura”, ya que el testimonio de vida del Padre Pablo Domínguez nos demuestra que en este mundo de hoy es posible vivir cristianamente, coherentemente, humildemente, alegremente, ¿Cómo? Confiando en el Señor y donándose generosamente a los demás.
Servir es la respuesta de amor para todos los cristianos, tanto religiosos como laicos.
Así pasamos de espectadores de una película a protagonistas de nuestra vida, de una nueva vida, donde el director es Cristo.




