Aciertos de un gobierno progresista y liberal

Pablo G. Maillet A. | Sección: Política, Sociedad

El progresismo podría definirse rápidamente por su opuesto: el conservadurismo. Conservar versus Progresar. Claro que para las mentes más agudas no hay contradicción entre ambas, previa mediación, claro está, de la sabiduría, que permite saber qué conservar y en qué progresar. No vamos a hacer acá un panegírico del conservadurismo, ni mucho menos, sino, expresar, con hechos comprobados, que el progresismo liberal se instaló en el actuar de éste gobierno, pero aclarar las cosas.

Pero en política es cosa distinta. Hoy, y en la práctica política, el progresista es el sinónimo de liberal. De hecho, el término progresista mismo surge durante el siglo XIX a partir de las revoluciones liberales.

Este gobierno, que fue calificado durante toda su campaña de “derecha”, y hasta de “conservador”. Pero casi a un año desde su llegada, ya ha mostrado signos de lo contrario. Y signos evidentes, en temas cruciales, donde la misma izquierda progresista y liberal, no había asestado tan certeros golpes.

Haciendo eco a las calificaciones –o descalificaciones según los asesores del entonces candidato Sebastián Piñera– no contentos con proclamar viva voce el apoyo a la repartición de la “Píldora del Día Después” (caballo de batalla de los liberales durante el 2008 y 2009, antes de las elecciones) durante la campaña han sacado a relucir sus más rabiosas armas, apareciendo en su forma televisiva, como elemento desafiante, una pareja homosexual. Todo esto en medio de otras imágenes que lograban confundir a los electores: un Sebastián Piñera de rodillas en el Te Deum, y dándole gracias a Dios en cuanto discurso daba, lo que hacía pensar a muchos “conservadores” y a otros no tanto, pero que confiaban en que ‘se venía’ un gobierno que podía equilibrar las fuerzas progresistas y liberales, de algún modo frenándolas, pese al slogan pro Píldora, pro Homosexualidad, etc., etc., etc. (hacemos la confesión: entre estos últimos nos contamos nosotros hasta hace pocos meses.)

Pero ya ha pasado mucha agua bajo el puente. Ahora, podemos ver los hechos. Ya no las promesas de campaña, las ilusiones creadas, con o sin fundamento.

Enumeramos a continuación los más grandes aciertos progresistas y liberales, por su grandeza en cuanto tocan los temas más importantes para el ser humano, fundamentos del edificio moral y social. Ésta es nuestra propuesta de los ‘aciertos’ políticos que socavan o –directamente– destruyen fundamentos de un orden natural humano, que pervivían aún en los gobiernos anteriores:

  1. Dios
  2. La vida humana
  3. El matrimonio
  4. La familia
  5. La educación cristiana

Pasemos a revisar cada uno.

1. Dios. Es visto como un gran amuleto. Se invoca sólo para pedirle. Y al igual que los presidentes norteamericanos, debe estar presente en los discursos formales, con el fin de ‘captar’ a toda la masa, que incluye a los creyentes. Pero no se observa que esa fervorosa invocación en momentos de necesidad o urgencia diga relación o se traduzca en hechos u obras concretas, o guíe las decisiones políticas o legislativas. En ese caso, es preferible el ‘honesto’ agnosticismo lagista o bacheletista, porque ahora, todos confiados en que como se nombra y escucha a Dios, muchos no saben muy bien cómo discernir la bondad implícita que conlleva la apelación a Dios en aquellos casos en que se necesita su apelación y auxilio, de una mera apelación instrumentalista.

Precisamente, la opción liberal que permite éste tipo de ligazón con Dios, pero que no rija, por ejemplo, el orden económico o moral de los ciudadanos. Es la visión que viene desde el racionalismo y que se conoce como Deísmo, la creencia supersticiosa en un Dios, como ser superior, pero sólo existente de modo subjetivo, razón por la cual no puede ser “impuesto” a los demás. Por supuesto que esta visión es liberal, y para ellos constituye un progreso. La verdad no es ésta, sino lo contrario: La existencia de Dios, puede ser conocida racionalmente, sin necesidad de la fe. Distinto es que la fe otorga una luz sobre la luz que ya trae la razón. La consecuencia más grave de ésta recurrente apelación a un Dios Deísta es que aquellas verdades que capta la razón –como la existencia de Dios– terminan siendo consideradas ‘cosas de fe’, con lo cual, la fe cristiana misma, patrimonio del pueblo chileno, de su historia, de su esencia, se va perdiendo en el horizonte, cada vez más lejos.

2. La defensa de la vida humana, de su dignidad, desde el primer momento de su existencia como ser humano (desde su concepción) hasta su muerte natural, ha ido reduciendo el número de sus defensores. Lo que antaño era ‘patrimonio’ de la derecha, ya no lo es. Durante este año de gobierno de derecha, se ha ido reduciendo sistemáticamente no sólo la cantidad de personajes políticos que defienden la vida en su forma natural, sino que esto ha venido de la mano de la debilidad de los argumentos de ellos mismos. Ahora, por ejemplo, los casos de violación, han pasado a ser aceptados como legitimadores de aborto para muchos derechistas, peor aún, ha pasado a ser un motivo de legitimidad del aborto para algunos católicos. Una de las razones de esto, radica en una imagen que desde el gobierno se viene proyectando, en la que la defensa de la vida hunde sus raíces en el sentimiento como criterio de aprobación o desaprobación de la moralidad de un acto. Para una moral emotivista, la violación es “terrible”, y por terrible, mala. De ahí que se acepte en ese caso el aborto, y al mismo tiempo, se niegue en todos los demás casos.

3. El matrimonio. Desde la campaña, algunos, como Allamand, comenzaron a dejar sobre la mesa del candidato Piñera, sus proyectos sobre las “Uniones de Hecho”. Con la intención de ‘regularizar’ la convivencia de parejas heterosexuales, y ¿por qué no? (decían ellos) de homosexuales, se elevaban los más ridículos argumentos de una necesidad creada. La legislación civil chilena, permite ya, con la formación de sociedades, por ejemplo, regularizar a las ‘parejas’, hetero y homosexuales (ya que no se puede iniciar una caza de brujas frente a éste tema). La verdad es que era una necesidad creada, porque todos y cada uno de los puntos de la propuesta civil, quedan subsumidos en la legislación vigente. ¿Qué se pretende entonces? La pretención, iniciada por los activistas homosexuales, bajo la forma de presión social, y apoyados por la negligencia de medios de comunicación y personajes políticos, sólo tiene una pretención: igualar la valoración social y moral del matrimonio heterosexual con el homosexual, con lo cual se inicia el derrumbe del matrimonio, como institución. Si la Concertación había logrado remecer al matrimonio con la “Ley de Divorcio”, llegó ahora el momento de terminar de derribarlo.

4. La Familia. Destruido el matrimonio, entre un hombre y una mujer se destruye la familia (porque eso es el Matrimonio… otra cosa, por ejemplo entre dos hombre o dos mujeres, sería, precisamente, otra cosa) Con la aprobación de las uniones de hecho, no queda mucha distancia para la adopción, para eso este gobierno necesita la reelección el 2014 a menos que avance con mayor rapidez aun, pasando a llevar más de 200 años de tradición.

La exitosa campaña contra la violencia intrafamiliar es otro ejemplo de la imagen de familia que posee un gobierno liberal y progresista. Más allá del lenguaje de la campaña, que ya es reprochable en muchos aspectos, es preocupante que la única solución frente a la violencia intrafamiliar sea la denuncia. Todos comprenderán que, si una mujer denuncia a su esposo a la Fiscalía, van a quedar muy pocas opciones de volver a vivir con él armónicamente. La violencia es absolutamente condenable, especialmente al interior de la familia. Pero la solución es peor que la enfermedad. Si hay un problema en la familia, no tenemos de eliminarla para eliminar el problema. ¿Por qué no iniciar una campaña de tratamiento gratuito, en consultorios, donde de eduque, ayude, y hasta medique si es necesario a esos agresores? Pero donde se les diga que tiene que superar su problema para continuar su familia. Eso es defender la familia en mi opinión.

5. La educación cristiana. El exitismo, incrementado con el utilitarismo promovido abiertamente por el Ministro de Educación, impide que los alumnos descubran la belleza de las Humanidades, y, desde éstas, la grandeza de Dios. Con la reducción de horas de Historia, se conduce al alumno a la priorización de las artes serviles (todo lo que no son las Humanidades), contra las artes liberales (las Humanidades). Por otra parte, pese a que hayan muchos aspectos positivos en muchas medidas, todavía se sigue creyendo que un “buen profesor” es el que “sabe harto”. De ahí que se premie a los que quieran estudiar pedagogía y tengan más de 600 puntos. Pero es cuestionable qué consideran por “buen profesor”, ya que por ningún lado se observa la enseñanza de criterios morales, elemento primordial de un educador. También es cuestionable el “saber harto”, ya que tener 800 puntos no equivale, necesariamente, a saber, si pensamos qué contenidos maneja ese alumno, y hacia qué lo conduce.

Está claro que los puntos anteriores pueden ser resueltos con una educación cristiana. Si ésta educación sigue orientando a los alumnos a aprender(se) ciertos contenidos (los que exige la PSU), y éstos, no incluyen de ningún modo aspectos morales, peor aún, hasta contenidos errados, el círculo queda completo.

Todo esto, especialmente los puntos sobre el matrimonio y la familia, han sido ratificados con el reciente nombramiento de los ministros Allamand y Matthei, fieles propulsores de las políticas más liberales y progresistas que hemos mencionado. Un nuevo apoyo fehaciente.

Podríamos haber incluido otros puntos, como la visión de la sexualidad que hemos presenciado, reducida a la satisfacción de pulsiones biológicas, o en su más alto grado –pero aún bajo la dignidad natural del Ser Humano)– la manifestación de un sentir. O también sobre la visión económica. En varias decisiones hemos visto reforzada la visión del materialismo: todo se hace en vistas al tener más; igualando, de éste modo, el ser con el tener. Y podríamos haber tratado bastantes otros temas. Queda, entonces, la tarea del lector: que pueda observar cuidadosa y críticamente el futuro actuar político del presente gobierno, pero especialmente, poder colaborar, cada uno a su modo, a frenar este avance progresista y liberal.