Prácticas pedagógicas eficaces y la evaluación PISA
Germán Gómez Veas | Sección: Educación
La impresión que nos deja la última versión PISA (OECD’s Programme for International Student Assessment) es que el sistema educacional chileno está avanzando hacia mejores niveles de equidad y calidad educacional; es cierto que no hemos dado un salto descomunal, pero hay que reconocer que la información revela que estamos mejorando nuestra posición relativa, en comparación con el resto de los países y economías estudiadas en esta evaluación internacional.
El objetivo de esta prestigiosa medición es evaluar la calidad, equidad y eficiencia de los sistemas escolares, observando los cambios que ocurren en matemática, ciencias y lectura; y en esta ocasión, la versión 2009 que acabamos de conocer puso el foco en el área de la lectura. Cabe precisar que si bien los datos que analiza el informe no tienen una razón causal en los logros que los mejores sistemas alcanzaron, sí parece conveniente que los tomadores de decisiones en el ámbito educacional consideren algunos de ellos con el propósito de diseñar o reorientar planes de acción tanto a nivel de políticas educativas, como también para validar decisiones específicas que han resultado ser efectivas de cara a lograr aprendizajes sobresalientes.
La prueba se aplicó a jóvenes de 15 años de edad, pertenecientes a países y economías muy disímiles, las que, tal como consigna el estudio, más allá de las diferencias de sus historias, culturas y evoluciones económicas, evidenciaron considerables acciones educativas efectivas comunes. De los interesantes datos que expone la reciente evaluación PISA, me gustaría poner énfasis en algunas prácticas que se encuentran presente en los estudiantes que demostraron manejar eficaces técnicas de autoaprendizaje y en aquellos que alcanzaron un nivel destacado en la dimensión de habilidades lectoras. Sin pretender ser exhaustivo en este artículo de opinión, me gustaría destacar dos de esas acciones que emergen con claridad como prácticas pedagógicas efectivas.
Como primer hecho, creo pertinente que tener presente alguna de los rezagos que obtuvieron nuestros alumnos en dimensiones a mi juicio críticas. Sólo el 1,3% de nuestros alumnos superan las competencias más altas en lectura, mientras que el promedio de los alumnos de la OECD que se sitúa en este nivel supera el 7% (y esto a pesar de que nuestro país es el segundo que más horas de clases destina a lenguaje); y asimismo, es preocupante que los alumnos de Chile (junto a los de otros siete sistemas educativos estudiados), hayan mostrado en esta medición la caída más pronunciada en el las dimensión relativa al hábito de leer por gusto tanto libros de ficción como diarios.
Para superar esos nudos que dificultan los aprendizajes de nuestros estudiantes, parece conveniente tomar en cuenta aquellas características presente en los alumnos de los sistemas educativos de mejor desempeño. Al respecto, un primer dato significativo, es que los escolares que hacen buenos resúmenes de lo que leen, pueden abordar con eficacia tareas complejas de esas lecturas. En este ámbito, parece importante tener en cuenta la evidencia que muestra que los estudiantes logran un mejor desempeño cuando conocen las estrategias que les ayuda a comprender y les permite recordar la información; y también cuando adoptan estrategias para conducir su propio aprendizaje. Así, dotar a los estudiantes de herramientas que les permita una autonomía efectiva de cara al autoaprendizaje comprensivo desencadena en acentuados logros académicos en las diversas áreas del curriculum.
Por otro lado, en relación a quienes alcanzaron sobresalientes resultados en habilidades lectoras, se advierte que en la mayoría de los sistemas educativos en los que los alumnos gustan de la literatura de ficción, terminan siendo buenos lectores. Asimismo, el informe logra establecer que quienes tienen el hábito de leer por gusto, revistas y diarios, tienden a ser mejores lectores que quienes no cultivan este hábito; como estímulo inverso, la evidencia que recoge en esta ocasión PISA sugiere que aquellos estudiantes que leen comics suelen conseguir un bajo nivel en las habilidades lectoras.
Al menos en los aspectos descritos, PISA evidencia que para formar un lector comprensivo siguen siendo muy eficaces las prácticas clásicas: cultivar el gusto por la lectura a partir de textos de ficción o diarios, y adoptar conscientemente, una técnica para obtener un buen desempeño en los aprendizajes.
En consecuencia, valdría la pena profundizar las bases pedagógicas de estas prácticas en la gestión al interior del aula, y asimismo, incorporarlas como parte de las metodologías necesarias que todo profesor debe dominar.




