Mis deseos para el 2011

José Luis Widow Lira | Sección: Educación, Política, Religión

No sé a quién dirigir la manifestación de mis deseos de año nuevo. Para Navidad uno los dirige directamente al niño Jesús o a su ayudante terrestre, san Nicolás. Ellos se encargan de cumplir esos deseos, y caramba que lo hacen bien. Cuando se cae un diente, uno se dirige al ratón Pérez, quien siempre trae alguna moneda, aunque no sea siempre el día que corresponde. Para Pascua de Resurrección es el conejito. No se si a él se le pidan huevitos, pero el hecho es que los trae. El punto es que uno siempre pareciera tener un interlocutor. Pero para año nuevo, pareciera que no lo hay. Existen los deseos, pero no el interlocutor a quien solicitarle su cumplimiento. Es cierto, uno desea a los demás buenas cosas y los otros a uno. Pero si no fuera por la seriedad con la que se dicen, parecería un chiste, pues nadie, simplemente por desear, logra que el deseo se cumpla. Tampoco parecen ser efectivas las maletas estratégicamente ubicadas, las lentejas y los calzones amarillos. Simplemente nosotros los mortales no tenemos el poder para conceder deseos por el simple hecho de desearlos. Quizá esa es la razón por la que, al contrario de lo que ocurre con el ratón Pérez, con el conejito y, por supuesto, con el niño Jesús y san Nicolás, los deseos de año nuevo no suelen cumplirse.

Para evitar el riesgo de que mis deseos queden incumplidos, voy a dirigirlos directamente a quienes pienso que podrían tener el poder para hacerlos realidad.

Estimados Obispos, mis deseos para 2011 son, en primer lugar, que apliquen más concienzudamente muchas directivas procedentes de Roma que, a veces, parecieran ser simplemente ignoradas. Piensen, por ejemplo, en la relativa a la comunión. Ojalá también se mostraran más interesados en la promoción y práctica de la liturgia de tradicional, no sólo permitida, sino también encomiada por Benedicto XVI. Sería una gran cosa, también que se manifestaran con mayor claridad y sobre todo con mayor energía frente a acontecimientos que dañan la fe y la moral. Acontecimientos que a veces no sólo provienen desde fuera de la Iglesia, sino también desde dentro. No debiera repetirse nunca más la aparente negligencia que habría existido ante algunos de los casos de sacerdotes comprometidos con abusos sexuales. No sólo son escandalosas las faltas cometidas, sino también la desidia de las autoridades para enfrentarlas. Deseo que sus seminarios se llenen de nuevas y santas vocaciones. Para eso, sí, ustedes deben poner lo suyo. Los seminarios deben ser centros de oración, mucha oración, disciplina, rigor, formación intelectual –el que no da el tono para fuera, y si Dios estima que igual debe ser sacerdote, que actúe Él directamente como con el santo cura de Ars–, con mucho estudio de santo Tomás y menos fenomenología. Heidegger no tiene nada que hacer en un seminario. También, por supuesto, los seminarios deben ser centros de mucha virilidad.

Estimado Presidente Piñera, deseo que cumpla un compromiso que, según entiendo, adquirió cuando aún estaba en campaña y que dejó a mucha gente esperanzada y que hoy tiene dolor de alma. Indulte, haga que se cumpla la amnistía, o lo que sea necesario para que muchos, demasiados, militares que están presos puedan salir libres. Todos sabemos que hay inocentes encarcelados. Esa injusticia debe ser reparada.

Estimado Ministro Lavín, mi deseo es que su reforma educacional signifique realmente una mejora en la cultura de las nuevas generaciones. Para lograr eso me parecen adecuadas muchas de las medidas que usted ha propuesto, relativas a la administración de la educación. Son especialmente interesantes aquellas que pretenden atraer mejores personas –con mejores capacidades para enseñar– a la vocación de profesor. Sin esto, cualquier reforma es desperdicio de dinero y tiempo. Pero creo que hace falta una mayor dosis de humanidades. Más lectura y más escritura, más exposiciones orales, incluyendo más gramática y menos de “emisor”, “receptor”, “mensaje” y tonteras de esa índole. Es muy importante escoger buenas lecturas. Primero hay que ofrecer aquellas que abran el apetito por la lectura y sólo luego ir a los clásicos. Yo dejaría para más adelante al último nobelito de literatura y otros de parecida horma. Por qué no incorporar Latín. Usted no sospecha lo que ordena la cabeza y, de regalo, la utilidad que tiene para el castellano.

Deseo que le vuelva a dar a la filosofía el lugar que se merece. Hay que idear algo para que en la enseñanza media los jóvenes se encanten con la filosofía y no la salgan odiando o despreciando como tantas veces ocurre. Sé que para esto se requieren buenos profesores de filosofía y que hoy, con muy pocas excepciones, no hay universidades que los formen –y estoy contando entre éstas también a aquellas que tienen la carrera de filosofía. Sé que esta última tarea no está en sus manos, pero aun así, creo habría que tratar de hacer algo en educación media.

Mi deseo sería, también, que usted aumente las horas de Historia y no que las disminuya –no soy profesor de Historia, así es que no se trata de una defensa de intereses. O al menos que no las disminuya y que ponga programas razonables. Sobre eso, puede leer a Gonzalo Vial y sabrá qué hacer.

Deseo que haya más música y si no más, que los esfuerzos se orienten menos a teoría y más a despertar el apetito por ella y el gusto por interpretarla. Y también más matemáticas, aunque entiendo que este deseo, si todo va bien, se estaría cumpliendo. Deseo por último, que haya más horas de deporte. Mens sana in corpore sano, y ¡por Dios que es cierto! (si el deporte se tomara más en serio, probablemente, al menos la mitad del camino en lo que se refiere a educación sexual estaría avanzada. Le paso el dato).

¿Tiempo? Tenemos todo el tiempo del mundo: jornada completa y mucho que podar. No sólo en asignaturas, sino sobre todo en partes inútiles y a veces absurdas de los programas. Por último, deseo que sus reformas no estén guiadas por el objetivo de que las pruebas internacionales muestren buenos resultados. Ese no es el objetivo.

Estimada Ministra Matte, deseo que sus intenciones de construir viviendas más dignas y con un entorno más acogedor para los más pobres del país se haga realidad. Es de suma, extrema, importancia que las casas de los más pobres sean más humanas. Eso implica, en general, mayor tamaño, mayor diversidad en los tamaños, mejor calidad, e incluir elementos simplemente estéticos. ¿Más caro y se podrán hacer menos casas? Quizá. Mi opinión es que vale la pena. Tengo otro deseo que le pido que me lo cumpla, pero que no lo comente mucho, pues los pragmáticos lo podrían torpedear. Me gustaría que desarrollara un plan para ir incorporando a nuestros paisajes urbanos las bellas artes. No sólo en las grades ciudades. ¿Concursos nacionales e internacionales con buenas recompensas en dinero para atraer a los mejores artistas? Creo que sería una buena idea. ¿Encargos directos? También. Habría que elegir muy bien los temas, cuidar el estilo de arte, que no cualquiera viene bien en cualquier lugar y cosas de esa índole. A fin de cuentas, barato, pero de un valor urbanístico infinito.

Estimado Ministro Moreno, deseo que este año 2011 termine exitosamente el juicio que mantenemos con Perú. Deseo que Chile sea visto como un país cooperador con el vecindario, sí, pero no como comprometido con un falso panamericanismo que lo haga débil e irrazonablemente concesivo.

Estimados jueces de la República, deseo que ninguno ceda a la tentación de emitir alguna sentencia por motivos ajenos a la justicia. Estoy consciente de que la mayoría de ustedes, en la pobreza casi franciscana de los tribunales en que les toca ejercer, procura esa justicia sin estridencias ni intereses extraños. Pero también pareciera que existen aquellos que, motivados por premios en dinero y ensalzamientos de la prensa que otros jueces recibieron en el pasado, persiguen objetivos ajenos a los que debieran animarlos en su trabajo.

Estimados parlamentarios, deseo que voten leyes que han leído diligentemente, que propongan leyes realmente necesarias para el bien común, que dejen de lado los intereses de los partidos a los que pertenecen. Menos cálculos de poder y más atención al bien común.

Ah, y, por último, un deseo dirigido a Rossi y Matthei: deseo que aprendan a no desaprovechar las buenas oportunidades para quedarse calladitos.

Estos serían mis deseos. Para ustedes, estimados lectores, un muy feliz año 2011. Haré lo que esté en mi escaso poder para que así sea. Trataré por lo menos de escribir mejor. Así, si con eso no obtienen la felicidad, al menos sufrirán menos.