Iluminar más que el fuego
Cristián Warnken | Sección: Arte y Cultura, Historia, Política, Religión, Sociedad
Ahora París tuvo su estallido. En el país con educación pública gratuita y Estado de Bienestar, también se expresó una “malaise” (malestar). Y la rabia que inflamó a esas multitudes es muy semejante a la ira que asoló nuestras calles y que enarbolaba como justificación las injusticias del “neoliberalismo”, las desigualdades, el lucro. Veo las imágenes de un París asediado, las vitrinas rotas, los edificios patrimoniales incendiados, las consignas en el muro, la palabra “Acab”, huelo a distancia el tufillo anarquista y me vuelven las imágenes de nuestro propio estallido local. Estoy en la iglesia de la Veracruz, en el corazón del barrio Lastarria, entre los muros desollados de una iglesia incendiada. Participo de una conversación con Sergio Micco y Adriana Delpiano, recordando los días de furia, en que todo parecía fuera de control y antes que nada la propia racionalidad de quienes debieron haber condenado sin ambages la barbarie, pero callaron ominosamente. Y también los que entregaron argumentos intelectuales para justificar la violencia, esos que Jorge Millas desnudó en su lúcido ensayo “Las máscaras de la violencia”.
Marcelo Jarpa, poeta católico, residente del barrio Lastarria, al que era habitual ver en la iglesia de la Veracruz, se paseaba como un fantasma entre el humo y las bombas lacrimógenas. Alguien le preguntó: “¿Marcelo, y tú qué piensas de todo esto?”. Y contestó: “Yo no pienso, yo solo rezo”. Rezar, por supuesto, puede tener tanta potencia como pensar —y más, diría un hombre de fe—. Pero han pasado los años y hay que pensar. Es lo que tratamos de hacer en la Veracruz, siete años después. La izquierda tiene que pensar y un descenso pendiente que hacer, una autocrítica profunda y honesta sobre sus abdicaciones en momentos cruciales para nuestra democracia, o habrá perdido la autoridad moral que alguna vez tuvo. La derecha también tiene que hacer lo suyo y darse cuenta de que hay un nuevo pueblo (fruto de la misma modernización capitalista que ella ha promovido), que hay que conocer y escuchar en sus dolores, anhelos y carencias. Necesitamos analistas finos, agudos, pero conectados a la realidad que describen, no teóricos de salón. Antes que ese pueblo se convierta en masa o en enjambre.
Elías Canetti fue testigo del incendio del Palacio de Justicia en Viena, en 1927, y quedó tan impresionado que intentó entender cómo una masa diluye la responsabilidad individual y produce una energía que necesita descargarse, descarga que termina en destrucción. Releo su libro Masa y Poder: “se habla con frecuencia del impulso de destrucción de la masa; es lo primero que en ella salta a la vista y es innegable que se da en todas partes, en los países y en las culturas más diversas. La masa destruye de preferencia casas y objetos (…) el ruido que produce la destrucción, el romperse de los cristales al hacerse añicos, contribuye en buena parte a aumentar su placer (…)”. Y más adelante agrega: “El más impresionante de todos los medios de destrucción es el fuego. Destruye de manera irreparable (…) Es el más potente de los símbolos de masa”. Incluso Canetti usa la expresión “el estallido”.
Mientras la naturaleza nos muestra a un fenómeno del Súper Niño desbocado en distintas partes del planeta, la historia nos está mostrando a jóvenes estallando con violencia inusitada. Vimos hace poco a encapuchados que pateaban a una mujer por la espalda en la entrada de la casa central de una Universidad Católica. ¿Entender a la masa? Sí, por supuesto, pero también necesitamos contenerla y, a veces, detenerla. Algunos deben rezar… otros dialogar (como nosotros, en la iglesia de la Veracruz) y otros, hacer política de verdad y no circo. Y los intelectuales pensar, y botar las máscaras de la violencia. Cuando vienen las tempestades, hay que estar preparados. Lúcidos. Despiertos. Para que el coraje cívico y la prudencia iluminen más que el fuego.
Nota: Este artículo fue publicado originalmente por El Mercurio el viernes 23 de octubre de 2026.




