IA, robots y leyes

Max Silva Abbott | Sección: Arte y Cultura, Sociedad

Es tanto lo que se ha escrito y comentado en las últimas semanas a propósito de la inteligencia artificial (IA), sea para bien como sobre todo para mal, que a momentos se cae en una total incertidumbre respecto de qué le depara a nuestra ya (auto)maltratada humanidad, tanto por el uso que otros seres humanos puedan hacer de la IA, como por lo que eventualmente, ella misma pudiera llevar a cabo por su propia cuenta. Y si a esto se unen los impresionantes avances de la robótica, el horizonte se torna más incierto aún.

Lo anterior hace imposible no recordar las famosas “tres leyes de la robótica”, enunciadas hace ya varias décadas por el prolífico científico y escritor, Isaac Asimov, famoso por su trilogía “Fundación”.

En efecto, en múltiples novelas suyas, el contacto con robots era algo totalmente corriente, generándose todo tipo de interacciones e incluso conflictos en esta relación. Sin embargo, Asimov, consciente de los múltiples problemas que podía producir la existencia de entidades inteligentes independientes al ser humano, formuló sus conocidas “leyes” para protegerlo. Y si bien las aplicaba a robots, presuponían el funcionamiento de una IA en ellos.

La primera ley señalaba: “Un robot no hará daño a un ser humano ni permitirá que sufra daño por omisión suya”; la segunda: “Un robot debe cumplir siempre las órdenes de un ser humano, salvo que ello contradiga la primera ley”; y finalmente, la tercera rezaba: “Un robot debe proteger su propia existencia, siempre que no entre en conflicto con la primera o la segunda ley”. Posteriormente, según aparece en internet, en 1985 se agregó la denominada “Ley Cero”, en teoría superior a las anteriores, que ordena priorizar a la humanidad en su conjunto frente a un individuo aislado.

De hecho, en una de las novelas de Asimov (“Bóvedas de acero”, si la memoria no falla), se investigaba la muerte de una persona a manos de su robot, siendo la incógnita saber cómo había sido esto posible (lo que no se revela aquí, para no hacer un espóiler del libro), dadas las tres leyes enunciadas, imposibles de violar, teóricamente, para cualquier máquina de esta especie.

Ahora bien, como se ha dicho, en las últimas semanas han abundado noticias más bien oscuras respecto del futuro de la IA, desde aquellas que señalan que la gran mayoría o incluso todos los seres humanos podríamos quedar sin trabajo, al poder ser sustituidos en el corto plazo por robots inteligentes, hasta aquellas que advierten del eventual fin de la humanidad, que sería destruida por esta IA, al considerarse ella algo así como el próximo paso en la evolución.

Obviamente aquí no se tiene ni la más remota idea de qué nos depara el futuro, ni tampoco pretende hacerse ninguna elucubración a este respecto. Sólo advertir que como se sabe, “la realidad siempre supera a la ficción”, sea para bien, sea para mal.

Y esto conviene tenerlo en cuenta, ya que las novelas de ciencia ficción del siglo XX predijeron muchas cosas, pero que se sepa, curiosamente ninguna la existencia del celular, artefacto que ha cambiado por completo nuestras vidas. De ahí que seguramente existan elementos y variables de este incierto futuro que se ignoran por completo, las que pueden traer un resultado completamente distinto al que muchos pretenden vaticinar.

 

Nota: Este artículo fue publicado originalmente por el diario El Sur de Concepción. El autor es Doctor en Derecho, profesor de filosofía del derecho en la Universidad San Sebastián y miembro del Capítulo Concepción de la Academia de Ciencias Sociales, Políticas y Morales del Instituto de Chile.