Conversando con Luis Orlandini, Premio Nacional de Artes Musicales 2026

BA-ROCO | Sección: Arte y Cultura, Sociedad

Al comparar el Concierto de Aranjuez (que ha grabado en dos ocasiones) con la Fantasía para un Gentilhombre ambas obras de Joaquín Rodrigo nos señaló: “El primero de ellos es más difícil mecánicamente, con más dificultades, dicho autor a pesar de que escribió mucho para guitarra, no era un compositor que manejara el instrumento, entonces hay partes que son incómodas, de todos modos, se hizo asesorar con P. Romero y con guitarristas de su época. La Fantasía es un poco más amable en su escritura, pero ambas son emblemáticas para la guitarra y me fascinan”.

–Le preguntamos acerca de la situación del país en lo artístico.

–Es súper rica e intensa, hay una cantidad de elencos y compositores haciendo un aporte sustantivo a la creación, pero muchas veces para el gran público se conoce poco, porque los medios de comunicación son un poquito mezquinos, ya que se concentran en lo que les causa más beneficios o que sean de alcance masivo. Estamos en un muy buen momento y no solo en la guitarra, por ejemplo tenemos una infraestructura cultural mejor que hace 30 años, con teatros en cada comuna prácticamente, pero muchas veces no están dotados de una parrilla programática que dé cuenta de lo que se hace en el país, en ese sentido es de dulce y agraz, tenemos un Ministerio que antes no existía y otras cosas que son realmente elogiables, pero muchas veces el financiamiento no va de la mano y los medios de comunicación no son lo suficientemente receptivos con el arte que llamemos “clásico”.

–¿la televisión en particular?

–Sí, la televisión en particular. Igual hace años logramos tener un programa en el Canal 13 Cable que conducíamos Oscar Ohlsen y yo. Fueron 8 capítulos sobre guitarristas chilenos y funcionó bastante bien, tuvo buena audiencia. Pero cuesta ingresar a la televisión, faltan espacios, tenemos una televisión nacional en que a veces la cultura se la reduce a recetas de cocina y viajes por el campo, pero eso es solo una parte de la cultura.

–¿Usas transcripciones? ¿Tienes que recurrir a ellas en muchos casos?

–Bastante y lo hago con muchísimo gusto. El repertorio de la guitarra es grande, se empezó a desarrollar fuertemente a comienzos del siglo XIX y tuvo un desarrollo importante pero el repertorio a veces es escaso y no lo suficientemente de calidad como uno quisiera, entonces uno recurre a la transcripción una práctica que viene de esa época entonces no es raro y a mí me encanta hacer música de Beethoven, Brahms, Chopin, Debussy no tengo problema con transcribirla. Hay que procurar que quede muy bien para que no se escuche extraño.

–Recuerda a algunos de tus maestros, aparte de E. Quezada.

–Cirilo Vila fue mi profesor y alguna vez hice música con él también, de Elvira Savi fui alumno y de Carlos Botto estrené obras de él, entre otros.

–Tú no tan solo estrenas obras chilenas, sino que las ejecutas después…

—Es la línea conductora de mi vida musical, desde que partí y no fue algo impuesto, fue como natural. Por ejemplo, de C. Botto, me enteré que había escrito una obra para la guitarra que no se había estrenado, la busqué y la estudié con él, fue la primera vez que estrené una obra con el compositor ahí trabajando codo a codo. Con C. Vila hice lo mismo también al escribirme una obra. Y me parece bien porque el compositor y el intérprete son como dos caras de la misma moneda, entonces soy muy feliz trabajando con los compositores.

–¿Por qué elegiste la guitarra y no otro instrumento?

–Comencé a estudiar piano y alguna persona que me escuchó encontró que yo tenía quizá más condiciones para la guitarra y que podía probar en esa línea. Partí así pero no fue una decisión en que el instrumento era mi fascinación, a mí me gustaba demasiado la música en general, más que el instrumento. Mi padre era ingeniero, amante de la música y me apoyó muchísimo.

–Has tenido algunos duetos y has ido cambiando, por ejemplo, comenzaste con el flautista A. Mendieta.

–Partimos con conciertos y éramos estudiantes todavía, era un proyecto bien ambicioso tocamos por todos lados, mi primera grabación que fue en casete la hice con él. Le encargamos obras a los compositores M. Letelier, C. Botto y J. González entre otros. Esa es otra constante en mi vida pues he tocado en dúo de guitarras con O. Ohlsen, R. Orellana (más de 23 años), ahora con R. Luco y también tuve un Cuarteto de Guitarras de Chile.

–Cuando encargas una obra para guitarra a un compositor debe haber diferentes reacciones, algunos dilatan las respuestas y otros desde ya te dicen que sí.

–Y algunos abiertamente dicen no.

–¿Los compositores que son pianistas?

–Cuesta convencerlos, a mí me costó mucho convencer a C. Vila pues no tenía relación con la guitarra. Otro que me costó mucho convencer fue a J. Lémann. Me gusta mucho lo creativo y estético que cada compositor va desarrollando, creando y que uno puede adentrarse, porque si buscara lo que fuera de mi gusto sería como mezquino de parte de uno, prefiero ahondar en esa aventura, conociendo la obra, la estética que cada uno quiere lograr y eso es al final es lo fascinante.

–Tienes también un CD de un dúo con piano con B. Berthold …

–Con Beatrice fue un proyecto que ella me invitó y grabamos un disco en Alemania, no hay tanto repertorio, hay bastante en el siglo XIX, pero son piezas más bien menores. Tomamos lo mejor de ahí y un par de piezas del siglo XX que nos parecieron interesantes y tocamos muchas veces juntos. He tocado con la pianista P. Zamora también.

–Un proyecto importante fue el Bicentenario de la Guitarra Chilena, que son 2 volúmenes de discos.

–Sí, traté de dar cuenta de nuestra historia. Por los años 40 con J. Urrutia Blondel aparecieron las primeras tímidas obras para guitarra, pues algunos la consideraban como de segunda clase y del folclore. Los compositores poco a poco empezaron a interesarse, se creó la cátedra en la Universidad de Chile y otro autor fue G. Becerra que también empezó a escribir música para guitarra.

–¿El compositor Pedro H. Allende (1885-1959) compuso obras para guitarra? 

–Él escribió una obra para guitarra sola y esa pieza se perdió, se la compuso a A. Segovia cuando ambos iban en barco, parece que a este no le gustó, no la tocó nunca y la pieza se perdió. Me enteré de esa historia por la viuda así que es una pieza que habría sido importante como la primera porque data cerca del año 1928. Yo he transcrito algunas Tonadas y las Miniaturas Griegas de ese autor.

–¿Te interesa el autor italiano Mauro Giuliani (1781-1829)?

–Giuliani es un icono del siglo XIX para la guitarra, fue uno de los que le dio renombre, fue solista y un compositor que tuvo una gran importancia, era amigo de todos los grandes de la época y escribió obras de buen nivel que se tocan hasta el día de hoy. Compuso tres conciertos para guitarra y orquesta que era muy inusual en la época. Las rossinianas de Giuliani fue un disco doble con mucha música y, además, la primera vez que se grababan así es que fue un muy buen proyecto personal.

–Respecto de Francisco Tárrega (1852-1909), ¿qué destacas de él?

–Tiene piezas emblemáticas y fue un autor que compuso relativamente poco. Últimamente he rescatado algo muy esencial que son sus Preludios y hay una conexión con los de Chopin, entonces yo quise buscar un símil porque la escritura de Tárrega es muy parecida a la del autor polaco romántico. Hice una selección de 12 Preludios y los estoy tocando en los recitales.

–Del año 2025 data tu grabación de la Chacona de Bach que es una obra monumental y existe, por ejemplo, un arreglo para piano muy difícil.

–Sí, el de Busoni. Esta relevante obra la transcribió Segovia al principio de su carrera y es maravillosa pues sintetiza el discurso musical, el arte de la variación, con tres partes como inserción de corales dentro de la misma música. Yo me demoré harto en estudiarla pues quería estar muy bien preparado para interpretarla. La ejecuto desde el año 2000; hubo un momento en que dije ya es tiempo y hace poco la grabé.

–Has grabado en el sello Naxos, que sobrevive como casa editora de discos…

–Cuando llegué a Alemania todavía había una industria discográfica en su buen momento. Me tocó vivir la aparición del CD, en esos años grabar era un buen negocio. Por ejemplo, Las Rossinianas de Giuliani que grabé la empresa realizó un tiraje de 30.000 copias con distribución en todo el mundo eso era fantástico como retribución económica y como muestra mejor aún. Todavía funcionaba, pero fueron los últimos años después que empezó a declinar la industria discográfica y al aparecer las plataformas fue peor, pero uno se va adaptando y es así que el último disco que saqué salió solo en plataforma, porque no tiene sentido de gastar dinero en hacer un disco que no se puede vender y que la gente no tiene cómo escucharlo a veces. En el sello Naxos fui armando el proyecto y les interesó por ser una nueva propuesta que yo tenía con un nuevo dúo. Hicimos un programa latinoamericano, con obras de Santórsola, Nobre e incluimos a dos compositores, J. Coloma Casaula y Novoa, que nos escribieron especialmente para el disco. En las nuevas realizaciones de Naxos siempre hay cosas novedosas, latinoamericanas han hecho un aporte grande y sobre todo de mostrar cosas que no se muestran tanto.

“En materia de discos en Europa todavía se consumen sí menos, pero todavía se venden, en Chile como que cayó a cero. Antes hacíamos producciones nacionales con SVR un sello de acá y teníamos una alianza con la desaparecida Feria del Disco y ahí tuvimos nuestro espacio donde podíamos vender los discos y eso funcionó muchos años. En todo caso el paso de mi plataforma física la hice con S. Vera-Rivera. Él me compuso mucha música también”.

–¿Tienes autores de la música contemporánea, por ejemplo, más afines?

–Reconozco que la música contemporánea es difícil para el que la toca y para quien la escucha, pero a pesar de eso me gusta. Si me preguntas por una afinidad como profunda es la música clásico-romántica. En el caso de Bach es una situación particular, pues no podría decir que el barroco en su totalidad es mi fascinación, pero el caso de Bach es especial, porque compuso obras para instrumentos afines como es el laúd barroco y son transcribibles para guitarra y se puede tocar muy bien y a eso se suma que uno puede tocar también las sonatas para violín en guitarra.

–En el tema de elegir guitarras, ¿cuáles prefieres?

–He tocado con guitarras Rafael Mardones desde los años 80. En Rancagua se siguen fabricando ahora por su hijo que se llama igual que su fallecido padre.

–De A. Segovia o N. Yepes, ¿cuál es el legado de ellos? Eran otros momentos, estamos de acuerdo.

–Era el tiempo en que los músicos clásicos eran como Rockstar definitivamente, el violinista Heifetz, el cellista Rostropovich y otros llenaban teatros. El legado de Segovia dejándolo aparte, en un lugar especial fue el que demostró que la guitarra era un instrumento tan valioso como cualquier otro y que podía mostrar un mundo sonoro propio con recursos no ajenos. Lo que logró Segovia fue el de dotar al instrumento de un repertorio que no existía y eso fue muy importante. El aporte de Yepes fue difundir a todo el mundo el Concierto de Aranjuez y vino muchas veces al país. Ambos permitieron que la guitarra fuera un instrumento de concierto universal que antes no lo era. Por otra parte J. Williams se retiró de dar conciertos, pero hizo una carrera formidable revivió la figura de Agustín Barrios, guitarrista paraguayo que escribió mucho para guitarra y que es de la generación posterior. J. Bream fue otro que hizo un gran aporte también. En otro aspecto, igual es importante el autor L. Brouwer de quien el próximo año voy a estrenar su segundo concierto para guitarra y orquesta con la Orquesta Sinfónica de Chile.

–Con respecto a los directores de orquesta, ¿están acostumbrados a dirigir obras para guitarra y orquesta?

–Eso ha ido cambiando y fue una de las misiones que yo me planteé pues cuando partí veía que la guitarra no tenía mucha presencia en las temporadas de orquesta en general y se ejecutaba una vez cada diez años el Concierto de Aranjuez con suerte, pero eso ha cambiado. Yo he tocado con todos los directores y en todas las orquestas como la Sinfónica, la Filarmónica, la de Cámara y hoy es más habitual que la guitarra esté integrada con un espacio, antes eso costaba muchísimo, en generaciones de directores más lejanas era menos habitual.

–¿Qué mensaje encuentras oportuno decir?

–Dar testimonio que el haberme dedicado toda mi vida a esto fue una elección muy buena que hice, no me arrepiento, creo que la vida de un músico puede ser tan fácil o difícil como cualquier otra área, depende de uno lo que quiera lograr y el empeño que le ponga. Si, hay que estudiar y trabajar, pero es fascinante porque tú descubres muchas cosas, conoces gente muy diversa en la carrera, también te permite viajar y conocer otras culturas, te aporta bastante a la vida, hace desarrollarte mucho, así es que es muy recomendable. Respecto a que los padres apoyen en esta decisión debe ser siempre, porque el hecho de que un hijo sea abogado o médico, como eran las profesiones tradicionales tampoco le garantiza que van a ser tan exitosas, opino que a cualquiera le puede ir bien en la vida si lo hace con convicción.

Fue muy gratificante conocer a este cultor de la guitarra y académico, que en forma merecidísima ha sido galardonado con el Premio Nacional en música y el percibir que es una persona realizada en su vida. Nosotros antes hemos publicado entrevistas a dos de sus maestros cuando, en su momento, recibieron este mismo premio y la actitud acogedora y sencilla de ellos, fue la misma que capté en esta ocasión.

BA-ROCO.