Misas gubernamentales

José Joaquín Ugarte Godoy | Sección: Arte y Cultura, Historia, Política, Religión, Sociedad

El profesor Carlos Peña ha replicado a mi última carta sosteniendo que el Estado tiene un deber de neutralidad en materia religiosa, fundado en la obligación de tratar por igual a todos los ciudadanos y sus creencias. Por otra parte, ha invocado un texto de Joseph Ratzinger —el entonces joven sacerdote y perito del Concilio que con el tiempo llegó a ser el gran Pontífice Benedicto XVI— contra mi cita del Concilio Vaticano II. Respondo:

a) El Estado debe tratar por igual a todos los ciudadanos en cuanto a lo sustancial, pero no en cuanto a sus opiniones o a sus creencias. El Estado debe tener en cuenta especialmente a la religión católica, no solo por su verdad, sino porque así lo exige el bien común, dado que forma parte de la identidad nacional; así lo ha hecho en toda nuestra historia republicana.

No faltaron a sus deberes O’Higgins y San Martín al poner al Ejército Libertador bajo el patrocinio de la Virgen del Carmen; ni O’Higgins al hacer el voto de construir un templo en Maipú si se ganaba la batalla; ni Arturo Prat al cuidar que todos los tripulantes de La Esmeralda tuvieran el escapulario del Carmen; ni nuestros gobernantes y autoridades al asistir al Te Deum que hace la Iglesia Católica para las Fiestas Patrias, y al mantener relaciones diplomáticas con la Santa Sede.

Tampoco el Presidente Juan Antonio Ríos al mandar a buscar en una carroza de la presidencia a monseñor Caro, que regresaba a Chile investido como cardenal, y ofrecerle un banquete en La Moneda; ni el Presidente Carlos Ibáñez (segundo gobierno) cuando ordenó dar pase libre en los ferrocarriles a los misioneros capuchinos de La Araucanía, contra la opinión del director de la empresa; ni los presidentes Jorge Alessandri y Sebastián Piñera al invocar a Dios en sus discursos e implorar la protección de la Divina Providencia; ni nuestras autoridades al haber tenido siempre como día de descanso el domingo.

Está, pues, en buena compañía la señora ministra de Desarrollo Social si, como se ha dicho, convocó ella a una misa para pedir por las familias de Chile, y

b) No puede prevalecer lo que dijo Ratzinger en los trabajos preparatorios del Concilio por sobre lo que dijo el Concilio.

 

Nota: Este artículo fue publicado originalmente por El Mercurio el viernes 31 de julio de 2026 como carta al director.