Inviernos de antaño

Álvaro Góngora | Sección: Arte y Cultura, Historia, Sociedad

Cada cierto tiempo, los temporales nos preocupan. ¿En qué magnitud? Depende de la ciudad y lugar de que se trate, por las tragedias que ocurren y lamentamos.

En la Región Metropolitana, suceden también cada cierto tiempo y focalizadas. Pero en el Santiago de tiempos pretéritos hubo embates de grandes dimensiones. Sus habitantes, desde la Colonia, debieron soportar eventos fuertes de distinta naturaleza, si bien mejor información es la que existe sobre el siglo XIX. Llovía en forma copiosa, pero sin provocar estragos, habitualmente entre mayo y julio, aunque se registraron períodos memorables por su carácter torrencial, como durante la independencia (1817-1827). Se repitieron por años corridos, desencadenándose otras catastróficas los años 1850, 1862, 1873, hasta que sobrevino el gran “aluvión” del 14 de julio de 1877, cuando el río Mapocho se desbordó con el temporal y aguanieve de la cordillera, no obstante existir los Tajamares construidos en el siglo XVIII —muros de contención, de adobe, piedra y cal—. Pese a la mantención, el río se desbordaba igual en forma caudalosa, particularmente a la altura del actual puente Pío Nono, inundando las calles y la planta capitalina. De manera que el “aluvión” provocó una de las mayores catástrofes de la historia. Las intensas precipitaciones destruyeron puentes, cortaron líneas férreas y causaron desabastecimiento. Al decir de Vicuña Mackenna, la ciudad “parecía una geografía sumergida bajo el agua”. No fue todo. En el invierno de 1888, el torrente causó la caída parcial del Puente de Cal y Canto, que fue demolido cuando se realizó la canalización del río, durante el gobierno del Presidente Balmaceda (1886 y 1891), con recursos fiscales del salitre y levantándose uno nuevo, esta vez de acero.

Todos los desastres fueron enfrentados por la municipalidad con trabajos obligatorios de los vecinos y la caridad pública para atender a los damnificados. Lo mismo con la infraestructura pública: se reparó con cuadrillas y recursos económicos aportados por los mismos residentes. Cuando los temporales arrasaron el Canal San Carlos, y ante la falta de recursos, el gobierno también recurrió a los privados. Un grupo de propietarios, que constituyeron la Sociedad Canal del Maipo, financiaron el trabajo requerido para proteger la ciudad y los campos.

Cerrando el siglo, los dos años que siguen fueron aún más lluviosos, según evaluaciones (1889-1900). Las precipitaciones se dispararon muy lejos del promedio, alrededor de 800 mm por año. Cierto o no el número, el asunto es que esas inundaciones urbanas y rurales dejaron altos índices de pobreza e insalubridad. Y como posteriormente se observaron manifestaciones populares, motines y huelgas, hubo quienes lo atribuyeron, hipotetizando, al impacto del fenómeno meteorológico.

 

Nota: Este artículo fue publicado originalmente por El Mercurio el lunes 3 de agosto de 2026.