La Estrella Solitaria
José Tomás Hargous Fuentes | Sección: Arte y Cultura, Historia, Religión, Sociedad
En las últimas semanas hemos conmemorado dos relevantes celebraciones patrias: el Día de la Bandera y la Solemnidad de Nuestra Señora del Carmen. Aunque una es una efeméride en memoria de la Guerra del Pacífico (1819-1883/4) y la otra es la celebración de una antigua advocación mariana surgida en Tierra Santa, están muy imbricadas con los hilos de nuestra Bandera tricolor.
Comenzamos con el Día de la Bandera, el 9 de julio, en memoria del Combate de la Concepción, en el que entre el 9 y el 10 de julio de 1882, 77 hombres de la Cuarta Compañía del Batallón Sexto de Línea “Chacabuco”, al mando del Capitán Ignacio Carrera Pinto darían su vida por la Patria en una situación de inferioridad de más de tres veces respecto del Ejército peruano. Fue uno de los enfrentamientos más icónicos de la Guerra del Pacífico, donde los soldados chilenos dieron tal muestra de su heroísmo al servicio de la Bandera de que todos murieron, luego de decir esa frase que quedó en la memoria de sus compatriotas: “¡Los chilenos no se rinden jamás!”.
Una semana después se celebra a la Estrella Solitaria de nuestra bandera, la Virgen del Carmen. La Patrona de Chile ha acompañado la historia patria desde sus inicios. Incluso antes de la llegada al territorio de Pedro de Valdivia, la Virgen del Carmen ya tenía su casa en el pueblo de La Tirana, que hasta hoy es uno de los Santuarios más importantes de la Reina y Madre de Chile. Pocas décadas después, en 1595 comenzaría la devoción a esta advocación mariana en la ciudad de Concepción, ciudad donde se desarrollaría todos los 16 de julio una procesión en su honor por casi trescientos años. En Santiago se haría lo propio desde 1778 y hasta nuestros días, aunque sólo a partir de 1971 se realizaría el primer domingo de septiembre.
La Virgen del Carmen estará muy presente en la historia de Chile, y no sólo con las procesiones, expresión por excelencia del culto público. En medio del Proceso Emancipador, Bernardo O’Higgins, quien la había declarado “Patrona Generalísima de las Armas de Chile”, comprometería la construcción de un santuario en su honor en el lugar donde se alcanzara la Independencia, y así se hizo en la ciudad de Maipú. También se le daría las gracias por los triunfos en la Guerra del Pacífico, como la captura del Huáscar, y en 1926, hace cien años, se la coronaría como Reina y Madre de Chile en Santiago.
Esta coronación sería fruto tanto del fervor popular como de la aprobación vaticana. Tres años antes, en 1923, el Papa Pío XI autorizaría la denominación como “Patrona de Chile” a la Virgen del Carmen. Y el 19 de diciembre de 1926 la Patrona sería coronada. La imagen, venerada entonces en la Basílica del Salvador y actualmente en la Parroquia El Sagrario de la Catedral de Santiago, sería coronada por Mons. Benedetto Aloisi Masella, quien habría sido enviado especialmente por el Papa. La concurrencia al evento, en el entonces Parque Cousiño y hoy Parque O’Higgins, ha sido calculada en cerca de 500.000 personas. Para tomar conciencia de lo masivo de dicho acto, considérese que en ese año la población de Santiago era de unas 600.000 personas, y a nivel nacional no alcanzaba los cuatro millones.
Durante este año nos encontramos en las celebraciones por el Centenario de la Coronación de la Virgen del Carmen. Conviene recordar las palabras que le diría el Papa San Juan Pablo II durante su visita al país en 1978. En en la misma explanada el Santo Padre coronaría la imagen que preside el Santuario Nacional de Maipú, diciendo: “Mira con bondad a tu pueblo, Señor, que al poner una corona real sobre esta imagen de la Virgen María y de su Hijo, reconoce al Señor Jesús como Rey del Universo y aclama a la Virgen Madre como su Reina”.




