¿Día del Campesino?

José Tomás Hargous Fuentes | Sección: Arte y Cultura, Historia, Política, Sociedad

El mes de julio del año 1967 fue de enorme trascendencia para el país. El 16 de julio de dicho año el Presidente Eduardo Frei Montalva promulgó la Ley 16.640 de Reforma Agraria. Aparentemente, se trata solamente de una expresión de las transformaciones del siglo XX, de la Guerra Fría y en concreto de los años sesenta. Incluso, se puede decir que la reforma agraria de Frei, si bien se encuentra uno o dos escalones sobre la de Jorge Alessandri, estaría muy por debajo de la política y la práctica durante la Unidad Popular (UP), gobierno en que la expropiación de predios agrícolas llegaría a su punto más extremo.

Si bien todo eso es correcto, la reforma agraria constituye una hecatombe social y cultural para el país. Parece una broma de mal gusto que en memoria de dicha ley –que en sentido estricto no es la primera, sino que la segunda que regula la reforma agraria (nombre que también es una broma de mal gusto)– se celebre el Día del Campesino, cuando justamente esa norma fue la que desmanteló la estructura social que permitió la formación del campesinado chileno. La reforma agraria es de tal trascendencia para el país porque desarticuló la hacienda. “Hacienda” no quiere decir simplemente un fundo, una chacra, una parcela o una quinta. Con ese término nos referimos a la principal forma de configuración social del país durante el período hispánico. Por eso, en palabras de Alfredo Jocelyn-Holt, con la reforma agraria se daría término de forma “irreversible” al “Antiguo Régimen en Chile”.

En esa época, y hasta bien entrado el siglo XIX y los primeros años del XX, Chile era un país profundamente rural, no sólo por idiosincrasia sino por cantidad de población. En el campo la estructura social siguió funcionando “a la manera colonial” luego de la Independencia de Chile. El primer evento que modificó ese orden social campesino fue la migración del campo a las salitreras del norte y más adelante a las ciudades, fenómeno que dio inicio en el país a la llamada cuestión social. Pero el golpe letal a la hacienda fue justamente la reforma agraria. La expropiación masiva de los predios agrícolas, principalmente en la Zona Central de Chile –lo que en el período indiano se llamó el Chile Antiguo, en contraposición al Chile Nuevo, constituido por la Patagonia Oriental–, rompió con una continuidad de la estructura social de Chile de más de tres siglos. 

Si bien actualmente dichas tierras no son de los campesinos a quienes teóricamente se les iban a entregar, en muchos casos tampoco lo son de las familias que fueron sus dueños originales. Pero incluso en el caso de quienes sí lograron recuperar sus predios, generalmente éstos ya no funcionan como antaño. El orden colonial naturalmente no fue perfecto, pero funcionaba con base en la jerarquía conjugada con la fraternidad, había derecho al uso de la tierra por parte de los inquilinos, allí se transmitió la fe, fue donde se produjo el mestizaje y donde los criollos, indígenas y mestizos desarrollaron y aprendieron las tradiciones huasas que en muchos lugares subsisten hasta hoy. Y aún más, fueron el principal substrato que dio origen a la identidad chilena. La hacienda fue, hasta los años sesenta y setenta, lo que en esta tribuna hemos denominado una institución permanente de la historia de Chile, en este caso una de aquellas anteriores a 1810, como la Iglesia –que empujó esta reforma–, la Presidencia, la Universidad o el Ejército.