Don Pedro, Fundador

José Tomás Hargous Fuentes | Sección: Arte y Cultura, Historia

“De tres hermanos, el más grande se fue/ por la vereda a descubrir y a fundar… 

”De tres hermanos, el del medio se fue/ por la vereda se fue a descubrir y a fundar… 

”De tres hermanos, el pequeño partió/ por la vereda a descubrir y a fundar…”

Estos tres versos de la Fábula de los tres hermanos, de Silvio Rodríguez, me recordaron a los tres grandes fundadores de América. El “más grande”, Hernán Cortés y la Conquista de México. El “del medio”, Francisco Pizarro y el Imperio de los Incas. El “pequeño”, nuestro Pedro de Valdivia, pese a ser el menor, tiene una historia tan llena de acontecimientos extraordinarios como la de sus “hermanos”.

Nacido en Extremadura cinco años después de la expedición de Cristóbal Colón, don Pedro de Valdivia fue un experimentado militar al servicio del rey Carlos I, nieto de los Reyes Católicos. Fiel a la tradición familiar, nuestro hijodalgo, habiendo iniciado su experiencia castrense en la Guerra de las Comunidades de Castilla, pelearía en las campañas de Flandes y en las Guerras Italianas, especialmente en la Batalla de Pavía y el Saco de Roma. 

Casaría en 1525 con la noble salmantina doña Marina Ortiz de Gaete, y diez años después emprendería un viaje hacia el Nuevo Mundo, “a descubrir y a fundar”. A este lado del Atlántico, se encontraría entre quienes buscaron la mítica ciudad de El Dorado, y participaría en el descubrimiento y conquista de Nueva Andalucía. Junto con otros conquistadores, dejaría el ejército de Jerónimo de Ortal, y tres años después llegaría al Perú, poniéndose al servicio de Francisco Pizarro, especialmente en medio de la guerra civil con Diego de Almagro, quien sería derrotado en la Batalla de las Salinas. 

Quizás los “tres hermanos” de la fábula no serían Cortés, Pizarro y Valdivia; sino Pizarro, Almagro y Valdivia, ante los cuales nuestro fundador corre con ventaja en muchos aspectos. En palabras de don Jaime Eyzaguirre, “¿Cómo no advertir, bien luego, junto a la tosquedad de un Pizarro y al impulso irreflexivo de un Almagro, el paso certero y meditado de un Valdivia?”. De todas formas, la grandeza del “tercer hermano” no iría sino creciendo y creciendo: “Y caminó, vereda adentro, el que más”. 

“La acción en Venezuela le resulta mezquina”, continúa don Jaime, y, creyendo que en Perú encontraría el “escenario propicio”, se decepciona al ver que ya estaban “cogidos los primeros puestos”. No contento con las minas de plata de Potosí y algunas tierras en Charcas que había recibido en reconocimiento luego de la guerra civil en el Perú, decide emprender, junto con quien sería su fiel compañera en este Nuevo Mundo y un artífice clave en la Conquista del Flandes Indiano, doña Inés Suárez, “expedición a Chile”, como la revista del mismo nombre. 

“Queda sólo una empresa y es la de Chile la que se le ofrece como campo exclusivo para sus esperanzas”. No importándole “el fracaso anterior de Almagro” y haciendo oídos sordos al “consejo de los amigos prudentes”, y pese a que sólo siete hombres lo escudaron, sale “del Cuzco a mirar el planeta en el último escorzo de su faz”

El excelente historial militar de don Pedro no había sido suficiente para ser considerado por la musa Clío, y don Pedro pasaría al panteón de la historia por su carácter de fundador. Al sur del Desierto de Atacama y a los pies de la Cordillera de Los Andes, se hallaba ese lugar donde la tierra termina, la Finis Terrae que había tentado a Almagro, pero que sólo don Pedro pudo domar, en unas hazañas que, relatadas en nuestro Poema Épico fundacional, serían salvadas de las llamas que expurgaron la biblioteca del Quijote. 

Un 12 de febrero de 1541, luego de “descubrir”, se puso a “fundar”. En el Valle Central, ese día nacería para el conocimiento del mundo Santiago del Nuevo Extremo, en homenaje al patrono de España y a su tierra natal. Ése día, en la imaginación del conquistador extremeño, nacía Chile, del que el 10 de junio del mismo año asumiría como primer Gobernador. “Es el primer asomo del patriotismo, el preludio de la tierna canción a la tierra” que don Pedro hizo suya.

 

Nota: Una versión preliminar de este trabajo fue presentada en el Concurso de Ensayos del Curso “Grandes Pensadores del Siglo XX”, impartido por el profesor Gonzalo Rojas para jóvenes de Acción Republicana.