En el aniversario de Jaime Guzmán

José Tomás Hargous Fuentes | Sección: Historia, Política, Sociedad

Hace treinta y cinco años una célula del Frente Patriótico Manuel Rodríguez (FPMR) asesinó al senador Jaime Guzmán Errázuriz, luego de dictar su última clase de derecho constitucional en el Campus Oriente de la Universidad Católica (UC). Se trata del único senador en ejercicio asesinado en la historia republicana de Chile. La causa inmediata del magnicidio ocurrido el 1 de abril de 1991 habría sido la condena sin matices de la reforma constitucional que buscaba otorgar al Presidente de la República la facultad de indultar a personas condenadas por delitos terroristas, que había realizado Guzmán pocos días antes en el pleno del Senado en Valparaíso.

Ciertamente que han cambiado muchas cosas desde ese fatídico día, sin embargo, la izquierda radical sigue justificando la violencia para imponer sus ideas. Sin irnos más lejos, estos días también se conmemora el llamado “Día del Joven Combatiente”, jornada en la que estudiantes universitarios ideologizados creen que deja de haber estado de derecho y tienen el derecho de causar el caos, a una manera de un “mini 18-O” pero con bastantes más aniversarios. Este año se cumple un nuevo aniversario del verdadero intento de golpe de estado del 18 de octubre de 2019, que hasta el día de hoy es reivindicado por ciertas izquierdas, principalmente del Partido Comunista (PC) y también de algunos sectores del Frente Amplio (FA). Naturalmente, la violencia de octubre no era con fusiles de asalto ni pistolas, pero eso no puede desmerecer el carácter organizado de dicha insurrección, que actualmente pocos ponen en duda. 

Pero esta fecha también nos trae buenas noticias. No sólo el inédito gobierno gremialista, por primera vez desde que aquel movimiento empezara a organizarse en 1965 en la UC, sino también que por primera vez los gremialistas están unidos desde hace diez años, momento en que José Antonio Kast, hoy Presidente de la República, dejara la Unión Demócrata Independiente (UDI), denunciando que se había alejado de sus ideales fundacionales, al mismo tiempo que iniciaba la recolección de firmas para ser candidato presidencial independiente. 

La crisis causada por la guerra en Irán y la consecuente alza del precio de los combustibles decretada por el Gobierno han puesto contra las cuerdas al Gobierno. Podemos dedicar horas a discutir si las formas fueron adecuadas, pero la urgencia de no arrastrar al Estado a una verdadera situación de quiebra –otro papelón comunicacional– exigía tomar medidas que no tendrían respaldo popular. Esta alza de los precios de la bencina y el diésel, aunque inesperada, es consistente con lo que prometió José Antonio Kast durante la campaña y después de salir electo: debemos establecer un Gobierno de emergencia y eso requiere que todos nos apretemos el cinturón. Este Gobierno no lo tiene fácil, pero la confianza depositada en el Presidente Kast en diciembre pasado nos permite ser optimistas y confiar en que la ciudadanía a la larga respaldará esta medida económicamente necesaria pero políticamente riesgosa y socialmente dolorosa, que esperemos nos permita avanzar en la senda hacia la responsabilidad fiscal y la recuperación económica.