Entre tradición y subversión

José Tomás Hargous Fuentes | Sección: Historia, Política, Sociedad

Nos encontramos entre dos efemérides que dan cuenta de dos pulsiones contradictorias en nuestra sociedad: este domingo, en el Día Internacional de la Mujer –originalmente de la Mujer Trabajadora– y la ceremonia del Cambio de Mando Presidencial en Chile, que se realizará el miércoles 11 de marzo, culminando el proceso abruptamente interrumpido por el affaire del cable chino. Ambos hitos representan muy bien el conflicto entre tradición y subversión, que se ha profundizado en los últimos años.

Que el 8M represente la subversión parece bastante claro. Un día que originalmente buscaba recordar la muerte de cientos de mujeres trabajadoras que demandaban mejores condiciones laborales, fue convertido en la causa de un movimiento ideológico radical que, partiendo de la “constatación” de una supuesta lucha de sexos, busca transformar las relaciones entre hombres y mujeres, así como modificar el sentido mismo de qué es una mujer, despreciando la maternidad, el matrimonio y otras instituciones sociales, así como la misma feminidad, haciéndonos cuestionar si realmente buscan apoyar a las mujeres.

La transmisión del mando en Chile entre el gobierno saliente y la administración entrante, por el contrario, es una expresión de la tradición republicana del país. No sólo en los últimos años se habían desarrollado con muestras de gran amistad cívica y personal, sino que muestran una serie de prácticas o rituales que refuerzan el sentido de continuidad de nuestras instituciones –prácticamente ininterrumpida en cinco siglos de desarrollo institucional, antes y después de 1810–, evitando las rupturas y los cambios revolucionarios. 

Baste con un ejemplo que puede parecer anecdótico: dos días antes del cambio de mando en el Congreso en Valparaíso, este lunes se produjo el primer traspaso en La Moneda. Max Pavez, desde este lunes 9 de marzo subsecretario del Interior, cuando el Presidente Boric y sus ministros dejen el Palacio, asumirá el ministerio subrogante, quedando al mando del Estado hasta la asunción del hoy Presidente electo José Antonio Kast.

El asunto del cable chino no sólo opacó la buena gestión del ministro de Transportes Juan Carlos Muñoz, ni tensó aún más las relaciones entre el gobierno de Gabriel Boric y Estados Unidos. También muestra el profundo desprecio de este gobierno por las instituciones, que en cuatro años –y más si consideramos la insurrección de 2019 y su experiencia en el Congreso– se han dedicado a destruir el engranaje institucional que tanto costó construir, socavando nuestra seriedad y el funcionamiento de nuestro Estado. 

La tarea de José Antonio Kast a partir de este miércoles será ardua: no sólo deberá preocuparse por recuperar la economía y el control de nuestras fronteras. También deberá reconstruir nuestras instituciones políticas. Sus actuaciones como Presidente electo auguran un buen pronóstico en este desafío reconstructor.