Entre el ser y el hacer
Juan Pablo Zúñiga Hertz | Sección: Arte y Cultura, Política, Sociedad
En la filosofía ancestral china, se reconocían dos mecanismos de influencia: a través del ser y a través del hacer. Estamos en un tiempo en que todas las tradiciones han sido horadadas. Ante ello, de acuerdo con el teólogo y filósofo Peter Kreeft, “en un tiempo en el cual se han desechado todas las tradiciones, la única rebelión posible es la ortodoxia”.
La intentona revolucionaria de las izquierdas chilenas –una más para la colección– fue un fracaso de comienzo a fin. Sin embargo, ello no quita la destrucción material, moral y espiritual que le infringieron a la sociedad. Por ello, la elección de José Antonio Kast no fue un mero resultado circunstancial debido al hastío nacional de las insanidades progresistas; fue un proceso gradual, de años, en los cuales se fue fraguando poco a poco una suerte de contracorriente de carácter ortodoxo que pretende volver la sociedad a sus cabales. Para ello es necesario enfatizar el ser y el hacer.
Para influenciar a través del ser basta sólo la presencia y el obrar con rectitud. Parece inocuo, pero en lo más profundo de cada persona, la influencia del ser de otra puede calar hondo. El vestir correctamente, el buen hablar y actitudes que vayan en línea con la manera tradicional en la que las personas se sienten confortables y seguras, es algo que se ha visto desde que comenzara el movimiento de los republicanos hasta el día de hoy. Ello transmite seguridad, certezas y la imagen de que el país está al mando de gente seria y no de colegiales que están aprendiendo a manejar. Hace una gran diferencia ver a un presidente bien vestido, afeitado, aseado y con una mirada tranquila pero firme, que uno vestido de bermudas, con los sobacos sudados al aire y un ceño constantemente fruncido transmitiendo una profunda rabia y resentimiento.
En estos tiempos tumultuosos, el ser no basta, se necesita el hacer. En ese ámbito, en una sola semana se ha movilizado un despliegue de energía tal que ha permitido un nuevo empujón de dinamismo al país, sacando a Chile de esa inercia letárgica en que las izquierdas nos habían metido. En una semana, a través de decretos y medidas urgentes, se ha conseguido destrabar el dinamismo de una manera que nunca se vio en el gobierno anterior. Es decir, pasamos del terreno de la charlatanería, a la acción.
El saqueo del Estado a manos del Sr. Boric y compañía nos va a costar caro. El plan de ajuste fiscal resulta casi ilusorio cuando ya no hay dinero que optimizar, lo que obligará a Chile a endeudarse para poder operar. Ello puede resultar desalentador, sin embargo, cuando se tiene un equipo apropiado y una ciudadanía dispuesta, podemos y vamos a salir adelante. Es a través del ser y del hacer del nuevo gobierno y de los millones de chilenos que haremos con esta tormenta quede en el pasado.




