Principios y desafíos del gobierno de Kast

Alejandro San Francisco | Sección: Arte y Cultura, Política, Religión, Sociedad

El nuevo gobierno del Presidente José Antonio Kast ya comenzó. Aunque formalmente el cambio de mando será el 11 de marzo, ya son muchas las señales del fin de una etapa y el comienzo de una nueva.

Desde luego, es muy relevante la actitud de ambos mandatarios: mientras el Presidente electo José Antonio Kast se ha tomado la agenda, se ha observado una clara ausencia de la escena pública de muchos ministros y autoridades del gobierno del Presidente Gabriel Boric. En otras palabras, si la teoría del pato cojo empieza a vivirse casi un año antes del término de una administración, la verdad es que los últimos meses existe un claro vacío de poder, falta de proyectos y un proceso de cambio de gobierno que altera el ritmo del ejercicio del poder.

A todo lo anterior se suman otros aspectos. En primer lugar, como hemos visto esta semana, porque el martes 20 fue designado el primer gabinete del Presidente Kast, lo que para muchos significa prácticamente el inicio de sus funciones. Numerosos análisis han acompañado el anuncio del gabinete, pero con prescindencia de los nombres y la desmejorada representación partidista, es claro que estamos ante el comienzo del trabajo del nuevo gobierno y que ello se nota con fuerza. En segundo lugar, porque cada vez con más claridad se instalan los temas que presentó Kast en su campaña y que se han transformado en las prioridades de los chilenos, lo que también es una muestra de la nueva etapa. Finalmente, resulta claro que el verano, el ambiente y la actitud de los actores políticos muestra que las cosas están cambiando y que el futuro se muestra más claro y decisivo que el pasado y el gobierno que termina.

Hay ciertos principios que deberían guiar la acción del gobierno en sus actividades más diversas, que en parte han estado presentes en la vida política de Kast y de los republicanos –incluso de la derecha en general– y en parte es fruto de la experiencia del último tiempo. Existe un criterio para comenzar: es lo que Juan Pablo II llamó “el amor al trabajo bien hecho”, como una condición fundamental de las causas morales de la prosperidad. El tema apareció en los debates de campaña (se planteó como contraste con el actual gobierno) y ha renacido con ocasión de los incendios en el sur y la labor del Ejecutivo al respecto. Un segundo elemento quedó reflejado en el doble significado del nuevo gabinete: por un lado, tiene una gran proporción de independientes, lo que desecha el cuoteo y el partidismo; por otro lado, muestra una gran diversidad, que se expresa en los estudios de los nuevos ministros, en sus edades, en la presencia de hombres y mujeres, los orígenes regionales incluso, así como las corrientes políticas a las que adhieren y las áreas de desarrollo profesional que han tenido. El tercer criterio es el espíritu nacional que ha animado a la nueva administración, también reflejado en el gabinete, pero sobre todo en los objetivos que se ha planteado y en sus prioridades de gobierno. A ello podemos sumar otros factores, como el recorrido que hizo Kast por todo el país y la prescindencia del partidismo. Por cierto, hay otros principios que están presentes en el programa de gobierno y en los énfasis que ha puesto el Presidente electo en las últimas semanas.

En política no bastan los principios o criterios de acción: lo que cuenta es la vida práctica, los resultados, aquello que beneficia o perjudica efectivamente a la población, la forma como los principios se encarnan en instituciones, soluciones y logros. Por lo mismo, lo relevante será si la amplitud de la composición del gabinete logra resultados efectivos en la aprobación de leyes y políticas públicas, gracias a su capacidad para obtener una mayoría parlamentaria; si la capacidad mostrada por los ministros en el sector privado se traduce en una calidad igual o mayor en el sector estatal, si la experiencia se nota y si la juventud representa una efectiva renovación. El otro tema clave es el estilo: del Presidente, de sus ministros, de los equipos regionales y de toda la abigarrada estructura del poder estatal.

Respecto del estilo, se pueden mencionar algunas cosas importantes. Me parece que resulta clave, en primer término, el trabajo en terreno, el sentido popular de la administración, que les permita sentir el dolor por los problemas de quienes más sufren. En este plano tanto el Presidente Kast como la Primera Dama, Pía Adriasola, han dado ciertas orientaciones prácticas y algunos miembros del gabinete están actuando en la misma dirección (el ejemplo, la acción del nuevo ministro de Vivienda y el de Obras Públicas son muy ilustrativos al respecto). Sin embargo, nada de esto determina lo que será el trabajo a partir del 11 de marzo. Puede ocurrir que el exceso de trabajo y labores administrativas, de burocracia y trámites legislativos, de “pega” de oficina y organización de los equipos, termine alejando a los servidores públicos precisamente de la gente a la que deben servir, del pueblo, de quienes votaron por José Antonio Kast y de los que no votaron por él. Ser un gobierno en terreno no es una de las opciones posibles, sino que es una obligación, que se ejerce tanto mejor si se hace con convicción y con la genuina alegría de estar sirviendo a Chile y a su gente.

Esto nos lleva a un segundo tema, consecuencia casi obvia de lo anterior: se trata de recuperar el sentido de urgencia en el ejercicio de la función pública, que en esta oportunidad es muy consistente con el gobierno de emergencia que se ha anunciado, en los ámbitos de seguridad, inmigración y crimen organizado, en el plano económico y en diferentes problemas sociales. Se ha podido apreciar en estos días a propósito de los incendios en el sur, que figuras como el alcalde de Penco Rodrigo Vera, la diputada electa Paz Charpentier y otras personas han denunciado la falta de acción o la tardanza en la gestión del gobierno para enfrentar el dramático incendio que ha destruido poblaciones, ha causado la muerte de personas y ha generado un nuevo drama en el sur de Chile. ¿Llegó tarde el gobierno del Presidente Boric? Hoy poco importa. La clave a partir de este momento es la reconstrucción –muy lenta en el caso de Viña del Mar–, que deberá realizarse con un profundo sentido social, con urgencia y procurando solucionar los problemas con una consideración de largo plazo. En este sentido, el gobierno del Presidente Kast tiene aquí una excelente oportunidad no solo para hacer un gran bien a los chilenos, sino también para probar su capacidad técnica, sentido de urgencia y compromiso social.

Chile vive un momento de cambio que es propio de las democracias. Por lo mismo, es una excelente oportunidad para revisar los principios, fijar las prioridades, expresar los criterios de acción y poner urgencia donde se necesita. El problema no radica exclusivamente en la coyuntura, como es un incendio, sino en la amplia gama de problemas económicos y sociales, políticos e internacionales, que enfrenta un gobierno y un país en estos tiempos. No es posible a esta altura determinar si el gobierno que viene será exitoso o no, pero sí es posible comprender la importancia del trabajo bien hecho, la capacidad técnica y política del nuevo gabinete y el sentido nacional que debe imprimir el Presidente a su gestión, que debe contar con un genuino trabajo de calle y con el sentido de urgencia que muestra efectivamente que la prioridad son los chilenos, especialmente aquellos que más sufren.

Nota: Este artículo fue publicado originalmente por El Líbero el domingo 25 de enero de 2026.