La tarea pendiente: un país con alma y trabajo digno
Enrique Cruz Ugarte | Sección: Política, Religión, Sociedad
“Arriésguense y contraten más personas”, exhortó el Presidente electo José Antonio Kast, en Icare donde expuso sus “Prioridades para Chile” ante el empresariado. Previamente, recibió a los gremios congregados en la CPC, quienes le presentaron sus propuestas para los primeros 100 días de gobierno. Señales claras de las intenciones de generar mejores condiciones promercado que pretende el futuro gobierno.
Los desafíos que tiene que liderar en el futuro son complejos. No sólo debe recuperar la economía, fuertemente alicaída en los últimos quince años -haciendo cada vez más difícil que los chilenos lleguen a fin de mes-, combatir la delincuencia y el crimen organizado, entre otros, sino también dedicar esfuerzos a propiciar el reencuentro y confianza entre los chilenos y con sus instituciones, así como abordar otros dolores que afectan de igual forma a miles de familias.
Sólo desde una mirada centrada en la persona es posible comprender, dimensionar la profundidad de los desafíos que hoy enfrenta el país y priorizarlos. Entre ellos, la creciente dificultad para criar hijos, que no es sólo un problema privado o familiar, sino una señal social de alerta y que ha tenido como consecuencia una tasa global de fecundidad de 1,03 hijos por mujer, una de las más bajas del planeta, y muy por debajo del nivel de reemplazo. Del mismo modo, fenómenos como la crisis de nuestro sistema educativo, la corrupción, la desconfianza en las instituciones o la precarización del trabajo no pueden abordarse con una mirada puramente técnica o económica. Todos estos desafíos requieren una mirada profundamente humana.
Cuando las personas dejan de estar en el centro, las políticas pierden sentido, la cohesión social se debilita y el desarrollo se vuelve incompleto. En cambio, cuando la dignidad humana orienta las decisiones, la economía recupera su verdadero rol de ser un medio al servicio del bien común y no un fin en sí misma. A eso se tiene que “arriesgar” el futuro gobierno, a poner en el centro de sus decisiones a la persona y el bien común de nuestro país, buscando que cada chileno alcance un desarrollo material, cultural, social y espiritual.
Como animaba nuestro fundador, San Alberto Hurtado, “vale más tener la humildad de emprender grandes tareas con peligro de fracasar, que el orgullo de querer tener éxito achicándose”. Hoy es tiempo de emprender esa gran tarea de poner la dignidad de la persona en el centro y propiciar un encuentro fructífero que nos lleve al desarrollo como país. En ese camino, desde las autoridades, el volver a fortalecer los valores cristianos que han formado nuestra identidad, como la solidaridad, será clave para desarrollar una vida en sociedad cohesionada y con un tejido social sano.
Por nuestra parte, como empresarios cristianos, pondremos todo de nuestra parte para ofrecer y mantener puestos de trabajo dignos, bien remunerados, que faciliten el desarrollo integral de nuestros colaboradores y ser puente de encuentro entre los chilenos.
Los desafíos que enfrentamos exigen una responsabilidad compartida. No recaen exclusivamente en el futuro gobierno, porque no todas las tareas corresponden al Estado. Personas, familias, empresas, organizaciones sociales e instituciones públicas estamos llamados a poner lo mejor de nosotros al servicio de Chile. En esa tarea, una pregunta sencilla pero exigente sigue siendo una buena guía para quienes estamos llamados a ejercer nuestro trabajo al servicio del bien común, tanto desde el mundo público como del privado: “¿Qué haría Cristo en mi lugar?”.
Nota: Este artículo fue publicado originalmente por El Líbero el domingo 11 de enero de 2026.




