Kast y Portales: ¿una alianza posible?
Joaquín Muñoz López | Sección: Historia, Política
Sin lugar a dudas, a simple vista, José Antonio Kast no es un representante genuino del “roto chileno”, es obvio el porqué. Tampoco parece ser una versión 2.0 del Gran Ministro Diego Portales. Sin embargo, esto no quiere decir que ambos no tengan nada en común. Estamos en el momento ideal para reflexionar al respecto, pues, esta semana se celebra un aniversario más de la “Batalla de Yungay”, y con ésta otro “Día del Roto Chileno”. Aunque pareciera que lo más acertado sería decir que “debería celebrarse”.
Situándonos en aquel lejano y casi totalmente olvidado 20 de enero de 1839, día en que, en Yungay, nos terminamos de librar de la amenaza expansionista de la Confederación Perú-Boliviana, que nos pudo haber llevado a la desaparición como Estado independiente. Simplemente, no existiríamos. Empezamos a percibir similitudes, principalmente, dadas por el contexto histórico. Ya sabemos qué habría sucedido si la Confederación Perú-Boliviana hubiese tenido éxito, lo que no sabemos es qué hubiera pasado si hubiese ganado la elección Jeannette Jara. No lo sabemos, pero lo podemos intuir, basándonos en los hechos: habríamos entrado en un proceso político similar al de Nicaragua, Cuba o especialmente al de Venezuela. Una decadencia asegurada, que considerando el “diente largo” que nos tienen nuestros vecinos, también podría haber significado cuantiosas pérdidas territoriales por la incapacidad institucional de defender nuestra integridad territorial, en suma, una versión catastrófica de nuestro Chile.
Ante el desastre de una república en formación y el peligro de la Confederación Perú-Boliviana del mariscal Andrés de Santa Cruz, Portales fue una verdadera columna de hierro que sostuvo a la patria. Su patriotismo, visión y sentido de la realidad lo hicieron posible. Su concepción de una república bien organizada se sustentaba en un Ejecutivo fuerte, un Estado bien administrado y gobernantes modelos de virtudes y patriotismo. Sobre estos factores fue posible organizar la República al punto de poder enfrentar exitosamente al mariscal Andrés de Santa Cruz. No obstante, el mayor éxito no fue la victoria sobre este mariscal, sino que, con el triunfo en Yungay, se consolidaron el espíritu y sentido de la nacionalidad. Es aquí donde se hace presente el roto chileno, agigantándose en defensa de su patria y cerrando filas en torno a sus gobernantes, pero no cualesquiera gobernantes, sino los políticos descollantes del primer decenio, partiendo por el ya asesinado ministro Portales.
Estimado lector, volvamos al presente. Todo lo siguiente es guardando las proporciones. Ya vimos que en épocas distintas nos salvamos por poco de caer en un abismo. En ambos casos, uno en tiempos de guerra y el otro en tiempos de paz, tuvieron como protagonista al chileno común y corriente. Ayer el “roto chileno”, hoy el “ciudadano de a pie”. Si estos personajes no hubiesen tenido la más mínima conciencia de lo que estaba en juego, uno no habría ido a la guerra y el otro no habría votado como lo hizo.
Ahora queda que, como en el pasado, los gobernantes estén a la altura. Es un buen comienzo hablar de “recuperar Chile” y de “Gobierno de emergencia”. Después de la “farra” del Gobierno saliente, hay que ofrecerle al país una política de recuperación, no basta con una simple administración por buena que sea ésta. La emergencia está justificada porque los tipos de urgencia son demasiados, y en los más variados ámbitos, después de años de negligencia gubernamental.
¿Se justifica la concepción portaliana el día de hoy? Claro que sí. La tarea del presidente Kast y su gobierno es titánica; el país no podrá avanzar sin un Ejecutivo fuerte que se atreva a “tomar el toro por las astas” en cada situación extrema. Lo más probable es que sí haya avances en comparación con los presidentes anteriores. La buena administración del Estado está asegurada. Los gobernantes modelos de virtudes y patriotismo se verán con el tiempo, por ahora, no habría por qué ser tan pesimistas.
Sobre este último punto, sería muy conveniente promover las virtudes cívicas y los valores patrios, pues, éstos no tienen por qué ser sólo para los gobernantes, sino también para los gobernados, especialmente para las nuevas generaciones, ya que a ellas les tocará asumir los destinos de la patria en el futuro. Medidas simples, tales como un acto cívico con la presencia del presidente Kast ayudarían mucho a visibilizar hechos y personas destacadas. Son dos buenos ejemplos de esta eventual política cívica y patriótica, cambiar el humilde homenaje al “roto chileno”, uno que pasa inadvertido, salvo en la Plaza Yungay, por un acto de Estado con la presencia del Primer Mandatario y hacer lo mismo para el “Día del Veterano del 79”.




