JAK

Rodrigo Ojeda | Sección: Política

La tercera fue la vencida. José Antonio Kast (JAK) ha ganado las elecciones de manera democrática y con amplia mayoría. Posee un sello conservador y representa un cambio necesario. Su triunfo es legítimo y las instituciones no están en riesgo. La histeria de la izquierda radical es injustificada y partisana. El oficialismo ha sido derrotado en las urnas y en su soberbia. El proyecto de continuidad ha sido rechazado en todo Chile, por ahora, la utopía vuelve al escritorio ante la demanda de orden en las calles. La sensatez se ha impuesto y ya no es necesario refundar Chile para abordar con urgencia las problemáticas sociales cotidianas. La derecha de JAK, ganó con votos prestados en un escenario de emergencia y debe gobernar para todos, distante de cualquier agenda identitaria y superioridad moral. JAK sabe que tiene que normalizar indicadores y sensaciones, sin descuidar el relato y los gestos republicanos. Debe evitar lo sectario y la tentación de una planificación global al estilo siglo XX, además de mantener su tono conciliador.

La izquierda subversiva e intolerante ha ninguneado al votante de JAK, mantiene un cuestionamiento visceral al voto del triunfador desde un púlpito que no le corresponde y no es honesto. Dicen representar al pueblo, desde el chantaje y la dependencia estatal, pero no acepta ni entiende que el voto popular se inclinó por el orden y tomó distancia de las alertas fascistas de académicos y revolucionarios atrapados en una nube. Dicen ser la resistencia ante la ofensiva fascista y el riesgo conservador, en simple, los fascistas son ellos, no les gusta perder en las urnas, prefieren la presión callejera y corroer al alma social e institucional a través de contradicciones basadas en el odio y la desinformación. Son activistas y luchadores de batallas imaginarias, son el combustible en cada marcha que no representa las urgencias sociales. Son los fascistas del siglo XXI y su ideologismo extremo es el verdadero peligro para la convivencia democrática. Se sienten cómodos en la calle, con las capuchas y la victimización eterna, pero no representan al trabajador ni al ciudadano de a pie que rechazó las dos entelequias constitucionales. Los gremios y sindicatos progresistas tampoco dan garantías de ser una oposición leal a las reglas democráticas.

La agenda del gobierno de emergencia tiene las prioridades a la vista, el eco ciudadano demanda orden, seguridad, empleo y un abordaje con mirada de largo plazo en los problemas de salud y educación. Las expectativas y la impaciencia están presentes en lo cotidiano. JAK debe combinar adecuadamente, la voz de la academia con el pulso de la calle, con un pie en La Moneda y lejano a las redes sociales, “el pueblo sabe que cualquier agenda de derechos necesita estabilidad y paz”, “cuando las cosas empeoran, volveremos una y otra vez a lo que nos ha funcionado antes”, en palabras del joven Álvaro Vergara. Para Sergio Muñoz es “relevante que los nuevos equipos afinen los planes de gobierno de modo que la sociedad tenga la mayor claridad posible acerca de cuáles serán las iniciativas prioritarias y la forma de implementarlas”.

El futuro gobierno debe restaurar las relaciones exteriores con las potencias, israelí y norteamericana, en pos del intercambio comercial, tecnológico y cultural. El comunismo local, defensores de dictaduras y del terrorismo internacional, ha comunicado su preocupación por los “acercamientos del presidente electo” con Israel, intervienen desde la hipocresía y en sintonía con sus aliados del fundamentalismo antisemita. JAK debe ser Jefe de Estado en las Relaciones Internacionales y no importar conflictos, distintos y distantes, a la franja nacional. Algo que el mandatario saliente nunca aceptó ni entendió. El pueblo de Chile optó por un modelo de sociedad que apuesta por el orden, la seguridad y los cambios en libertad.

Nota: Este artículo fue publicado originalmente por El Pingüino el domingo 21 de diciembre de 2025.