Jaime Campos, Republicano

José Tomás Hargous Fuentes | Sección: Historia, Política

La palabra “republicano” tiene distintas acepciones. En nuestro país no se refiere a la mera adhesión al régimen político llamado “república”, que tenemos desde la Emancipación del Reino de España, sino que se usa principalmente para referirse al cuidado de las formas y rituales propios de dicho régimen de gobierno, así como a las instituciones y prácticas que trascienden a los colores políticos. Paradójicamente, en cierto sentido se refiere justamente a los elementos monárquicos que subsisten en nuestro sistema de gobierno luego de la Independencia. Esa acepción es la que tomó José Antonio Kast para bautizar a su partido en 2019, y al movimiento Acción Republicana un año antes, y ha sido uno de los inspiradores de su acción política, al menos desde que dejó la Unión Demócrata Independiente (UDI): el respeto a las instituciones y el Estado de Derecho, fuertemente debilitados en los últimos años, especialmente desde octubre de 2019.

La semana pasada se dio a conocer el gabinete del Presidente electo, José Antonio Kast, que colaborará con él en la ejecución del Gobierno de emergencia a partir del 11 de marzo próximo. Algunos nombres fueron de aceptación transversal, mientras que otros fueron sujeto de críticas de distintos sectores. En esta columna me quería referir al nombramiento de Jaime Campos Quiroga como ministro de Agricultura. Campos tiene una dilatada trayectoria en el Partido Radical, en el que milita desde 1965. Fue diputado en el primer Congreso desde la entrada en vigencia plena de la Constitución de 1980 –electo con el 50,43% de los votos–, así como ministro de Agricultura durante todo el sexenio de Ricardo Lagos como Primer Mandatario (2000-2006) y sucedería a Javiera Blanco como ministro de Justicia y Derechos Humanos durante la segunda administración Bachelet (2016-2018). En dicho gobierno tuvo diferencias importantes con la Presidenta, especialmente en torno al cierre del Penal Punta Peuco. Michelle Bachelet, antes de dejar por segunda vez La Moneda, quiso darse el gustito de cerrar el penal militar, a lo que se negó el entonces secretario de Estado, por considerar el decreto “un acto inconstitucional e ilegal”, habiendo hecho “lo que jurídicamente correspondía”, haciendo honor a su ciudad de nacimiento –Constitución–.

Junto con otros dirigentes de la ex Concertación agrupados en el Movimiento Amarillos por Chile, apoyó la opción Rechazo al proyecto totalitario presentado por la Convención Constitucional e impulsado por Gabriel Boric como el habilitante para su programa de gobierno. También, anularía en la elección presidencial de 2021 y, en rechazo al que considera el gobierno “más malo de todos los que ha habido desde que recuperamos la democracia”, votaría por José Antonio Kast en ambas vueltas a fines del año pasado, siendo uno de los miles de centroizquierdistas que votarían por el actual Presidente electo.

Su justificación para aceptar el nombramiento como ministro de un gobierno de derecha representa de cuerpo entero su republicanismo. “Es un orgullo, porque se ha convocado un gobierno de unidad nacional y detrás de los gobiernos de unidad nacional tenemos que estar todos los chilenos, independientemente del partido político”, diría el abogado de la Universidad de Concepción. Es una excelente noticia que, junto con Ximena Rincón (Demócratas, ex DC), dos destacados dirigentes de centroizquierda hayan acudido al llamado del Presidente electo para colaborar en su administración. Que sea criticado por el Presidente de la CUT es también una confirmación de que está tomando la decisión correcta en servicio de la Patria.