El primer gabinete del Presidente Kast
Alejandro San Francisco | Sección: Política
Este 20 de enero, según algunos anuncios, será presentado el gabinete del Presidente electo José Antonio Kast. Pocas veces se habían visto más opiniones y análisis, tensiones y críticas, contradicciones y fórmulas alternativas, de quienes parecen o creen tener más claridad que el propio Presidente electo a la hora de designar a los ministros que lo acompañarán en la difícil y apasionante tarea de gobernar.
La opinología y los legítimos deseos de dar opiniones no tienen que ver simplemente con la figura de José Antonio Kast o con los nombres que integrarán su gabinete. Hay factores claros que inciden en una mayor atención hacia el equipo del Presidente de la República, que tienen que ver principalmente con la rapidez y omnipresencia de la información, que aparece no solo en la prensa tradicional, como era en el pasado, sino también en las redes sociales, que permiten que transite rápidamente la información, así como facilitan el intercambio de opiniones, las críticas y la multiplicación del interés, una mayor democratización del acceso y la proliferación de las contradicciones.
En esta ocasión hay algunos nombramientos que se han ido clarificando y que formarán parte del primer gabinete presidencial. Desde luego el ministro del Interior, que recaerá en Claudio Alvarado, militante de la UDI y figura con capacidad política y de destacada trayectoria en diversas funciones; asumirá en Segpres José García Ruminot, parlamentario durante más de tres décadas y miembro de Renovación Nacional; la independiente Mara Sedini será la ministra Secretaria General de Gobierno, quien –por el contrario– tiene escasa experiencia política, pero ha destacado como una gran comunicadora, que aporta frescura y una comprensión de la sociedad y las comunicaciones en el mundo actual que ciertamente han sido valoradas por el Presidente Kast.
A ellos se podrían añadir a Jorge Quiroz, quien asumirá en Hacienda y de quien se espera una gran transformación que devuelva a Chile a la ruta del progreso económico, y a Martín Arrau, el activo y todoterreno futuro ministro de Obras Públicas, a quienes se podría sumar el arquitecto Iván Poduje en Vivienda, quien es quizá el que mejor conoce las poblaciones y barrios, así como sus necesidades. Me parece que Fernando Barros en Defensa es una persona que ha mostrado compromiso con Chile y que tiene todas las capacidades para realizar una gran labor. En general, son personas reconocidas y que parecen ser las adecuadas para sus respectivos cargos.
Las cosas cambian en otras carteras, donde tempranamente han surgido no solo críticas, sino también cuestionamientos e incluso incredulidad. Ahí podemos nombrar a varios potenciales ministros y por distintas razones. Por ejemplo, asumiría en Relaciones Exteriores Francisco Pérez Mackenna, de cuya capacidad nadie duda, aunque se critica su falta de trayectoria política, en un contexto en que se discute qué debería privilegiar la Cancillería en la actual compleja coyuntura mundial. Un caso similar aparece en Justicia, donde han surgido críticas desde la izquierda contra el abogado Fernando Rabat, hombre capacitado y que podría ser un aporte. Ambos representan apuestas interesantes y pese a las reservas que algunos puedan tener, muestran que existe una forma de ver dichas carteras y pensar el desarrollo de sus tareas.
Hay ministerios que no aparecen mayormente en la discusión pública y otros que forman parte del debate sobre la definición del gobierno. Primero, unos días antes de la designación del gabinete, no aparecía claro quienes ocuparían dos carteras muy relevantes: Defensa, que originalmente ocuparía el periodista Guillermo Turner, o Seguridad, donde se mencionó durante mucho tiempo a Rodolfo Carter, pero el senador electo no formaría parte del ganador. Al cierre de esta columna, parecía que Fernando Barros asumirá en Defensa mientras no está confirmado el nombre en Seguridad.
Hay algunos temas que están destinados a generar polémica –y eventualmente problemas políticos de fondo– por diferentes razones. El primer asunto es que han fallado o se han caído algunas nominaciones, como las mencionadas en Defensa y Seguridad. Otro tema es la eventual aparición de Ximena Rincón (Demócrata) y otras del mundo radical, lo que sería signo de gran apertura por parte del gobierno así como de flexibilidad de los potenciales designados. A ello se suman las críticas puntuales en algunos casos, que determinadas personas hayan decidido no sumarse al gabinete y ciertas faltas de prolijidad, como se ha dicho, o incluso la privación de algunos talentos que perfectamente podrían haber sido un gran aporte. En cualquier caso, estos problemas la mayoría de las veces no son más que circunstancias propias de los procesos de instalación de las diferentes administraciones.
En cambio, es más necesario observar algunos temas de fondo que podrían incidir con mayor fuerza en el desarrollo del gobierno del Presidente José Antonio Kast. El primero es el diseño del gabinete, y dentro de él, la escasa presencia de los partidos y la representación que tendrían las distintas agrupaciones. El diseño ministerial contempla una mayoría de independientes –es muy bueno incorporar a funciones públicas quienes no han militado– que provienen del mundo empresarial y profesional principalmente. A ellos se suman miembros de la UDI y RN en el comité político, un par de republicanos en otras carteras, y también incluiría a una demócrata y un evópoli, y quizá alguien más. Esto refleja apertura y un esfuerzo de incorporar a distintas agrupaciones que sumaron esfuerzos para la segunda vuelta, aunque equipara en representación a partidos de resultados muy distintos. Por lo mismo, si Demócratas y Evópoli, de escaso apoyo popular, pueden celebrar su presencia en el primer gabinete de Kast, la Unión Demócrata Independiente, Renovación Nacional y por cierto el Partido Republicano deben observar con preocupación su escuálida participación.
Esto nos lleva a una segunda dificultad: la negativa del Partido Nacional Libertario a sumarse al gobierno, que tiene al menos tres implicancias: primero, que no logra sumar a un conglomerado que tuvo un candidato que logró un muy buen resultado y que eligió ocho diputados y una senadora; segundo, que no logra incorporar a la mayoría del Rechazo o al 58% de la victoria del 14 de diciembre; y tercero, que los nacional libertarios tienen una mística y un programa que en buena medida ha sido el del Partido Republicano en los últimos años, con todo lo que ello implica.
Un tercer problema se podría suscitar por la designación del diputado Francisco Undurraga como ministro de Cultura, según ha trascendido. Undurraga tiene trayectoria y capacidad para integrar el gabinete, pero es difícil que el Presidente Kast lo esté considerando para dicha cartera, considerando que dentro de las derechas el Partido Republicano fue el primero que reivindicó el tema cultural en su programa y proyecto político. Así lo resumía el programa presidencial de Kast en 2021: “frente al colapso institucional e ideológico del sector, tanto en Chile como en el mundo ha venido extendiéndose un fenómeno por el cual grupos de la sociedad han empezado una carrera contrarreloj para revertir este proceso ruinoso y dar la batalla inspirados en los valores de la vida, la libertad, la propiedad, la trascendencia y la soberanía. De este esfuerzo ha venido a conformarse lo que podemos llamar ‘Nueva Derecha’, una opción política determinada a retomar la batalla cultural, ideológica y programática para retomar el camino de la verdadera dignidad humana y el desarrollo”. Difícil una definición más clara y categórica. Undurraga es una de las personas que, en el arco de las derechas, se encuentra más lejos de ese ideario, cuando no en las antípodas, por sus propias convicciones, como él ha señalado muchas veces, así como por su apoyo al aborto y a otros proyectos contrarios al ideario republicano. Por lo mismo, si su incorporación al gobierno resultaría interesante y valiosa, que ella sea en Cultura parece inexplicable. Es verdad que el gobierno de emergencia no ha puesto los temas de la batalla cultural entre sus prioridades, pero muchos de los partidarios de Kast –de los de siempre, no de la segunda vuelta– podrían pensar que se está cruzando una línea que no se refiere a la ausencia del tema entre los propios de la emergencia, sino sencillamente habría una abdicación difícil de explicar. Además esto tiene una explicación práctica: el propio Kast sostuvo en 2021 que “el abandono de la derecha tradicional –hoy llamada Chile Vamos– del mundo de las creencias, ideas y cultura, fue una de las causas del dramático estado actual de cosas”, agregando que la “crisis de identidad y representatividad” de Chile Vamos dañó la capacidad de maniobra de las autoridades de entonces. Obviamente no puede querer eso para su propio gobierno.
Estamos a solo un par de días del nombramiento del nuevo gabinete, y no cabe duda que será un momento clave para el éxito del próximo gobierno. En las últimas décadas han existido diseños de diferente tipo y con resultados también distintos: el más exitoso, sin duda, fue el de Patricio Aylwin en 1990 y también podríamos mencionar el de Ricardo Lagos el año 2000. Por el contrario, fallaron –e incluso tuvieron tempranos cambios de gabinete– Eduardo Frei Ruiz-Tagle y Michelle Bachelet con la Concertación; en buena medida Sebastián Piñera en sus dos administraciones, y por cierto Gabriel Boric.
Hoy la situación está abierta y resulta clave distinguir lo esencial de lo accesorio, aquellos errores no forzados que deberían evitarse sin lugar a dudas, frente a otros que son propios de la naturaleza de la actividad política y que van a suceder y deberán ser enfrentados adecuadamente. Lo mismo habrá que considerar para la preparación del equipo de subsecretarios, proceso que sin duda generará interés, especulaciones y casos que necesitarán un análisis más profundo. Y todavía puede haber novedades.
Nota: Este artículo fue publicado originalmente por El Líbero el domingo 18 de enero de 2026.




