El Presidente Kast
José Tomás Hargous Fuentes | Sección: Historia, Política, Sociedad
Ya han pasado más de tres semanas desde aquel día en que casi ocho millones de chilenos elegimos Presidente de la República a José Antonio Kast. La alegría producto del triunfo tan largamente esperado se ha transformado con el pasar de los días en una profunda tranquilidad y esperanza con respecto al futuro. Desde la misma noche posterior a la elección presidencial, José Antonio Kast ha dado una serie de señales que sorprenden a quienes se quedaron con la caricatura que de él hicieron la izquierda y los medios de comunicación, pero que nada tenía que ver con su persona, con su liderazgo ni con su proyecto político.
Al contrario, estos días hemos podido ver de cuerpo entero al verdadero José Antonio Kast, y no al personaje que nos hicieron creer que era. Se nos hizo creer que era duro, rígido y reacio al diálogo, tan serio que se vuelve grave, que ofrecía al país una teocracia mezclada con el peor capitalismo salvaje y un barniz nazi heredado de su padre, que la cuna de oro en que nació y vive lo hacía un insensible a los dolores de las personas… Nada más alejado de la realidad. Estos días hemos visto a una persona sencilla, alegre, calmada y capaz de tender puentes. Nos ha mostrado qué tan bien puesto es el nombre de su partido: republicano. Con pequeños gestos, palabras y acciones le ha vuelto a dar dignidad al cargo que todavía no ostenta.
Se nos dijo que no tenía equipo, y ha dado señales de que un equipo amplio y competente lleva casi una década recorriendo Chile. Se dudaba de su plan y su capacidad técnica, y en pocos días ya tenía acordado el corredor humanitario con dos de los cuatro países que necesitamos sumar al proyecto –los otros dos son Colombia, gobernada por el socialista, vinculado al narco y ex guerrillero Gustavo Petro, y la misma Venezuela, en estos días en proceso de estabilización por parte de Estados Unidos–. O el espaldarazo que los mejores economistas del país dieron a Jorge Quiroz y su plan económico, o a Bernardo Fontaine y su Desafío 90.
Esos atributos son los que han quedado expuestos durante esta elección y durante estos días de preparación del cambio de mando, que hicieron a millones de personas confiar en su proyecto, que nace no de la ideología sino del profundo conocimiento de lo que día a día sufren los chilenos de a pie. Señales que nos muestran por dónde irá su futuro Gobierno, aún antes de empezar y que confirman que tomamos la decisión correcta. Gestos tan pequeños como retomar el terno con corbata, su disposición a dormir “en un saco de dormir” en el Palacio de La Moneda, o regalarle un ventilador a los periodistas que todo el día y pese al calor lo esperan para sacarle cuñas en la Oficina del Presidente Electo (OPE). O señales más grandes como las de reunirse con dos de los tres ex Presidentes, con la Contralora General de la República y con el Cardenal Arzobispo de Santiago.
Estas señales –que, reitero, no son una actuación, sino que el Presidente Kast en su más plena humanidad–, que al profesor Gonzalo Rojas le recordaron a Manuel Montt, me hacen ver en él a otro Presidente, quizás menos querido y bastante incomprendido: don Jorge Alessandri. Se nos ha hecho creer que don Jorge era una especie de Sebastián Piñera, un mero “tecnócrata”. Pero en él también relucen el estadista, el líder de un sector en crisis, el que reconstruyó al país después del terremoto de mayor intensidad de la historia, que le devolvió al país la capacidad de crecer. No obstante, no son sólo ésas las características que veo en él y también en Kast. Don Jorge era un hombre que, pese a no tener un carisma como Frei y Allende, transmitía autoridad, trabajo y austeridad. Tres valores que tanta falta hacen en el país y que José Antonio Kast representa en la hora presente. Son los valores que el Presidente Kast nos invita a vivir para reconstruir los escombros de este país que sí se “ca[yó] a pedazos” en el “Gobierno de emergencia” que él desde el próximo 11 de marzo va a encabezar. Viva Chile.




