La verdadera cruz

Rodrigo Ojeda | Sección: Arte y Cultura, Historia, Política, Religión, Sociedad

La Parroquia de la Veracruz está ubicada en José Victorino Lastarria 124, en la capital del reino, en Santiago de Chile. Es un monumento histórico (1983) y fue inaugurada en el siglo XIX (1857). En su interior están las huellas de la violencia, el odio y la intolerancia de una crisis social reciente. Su historia es parte del barrio y del desarrollo capitalino. Inicialmente, representó la “reconciliación entre Chile y España tras la independencia”. Después, se convirtió en Parroquia y “albergó unas reliquias de la Cruz de Cristo”, una astilla del madero de la crucifixión y lo trascendente. Es “un lugar cargado de historia, fe, belleza y contradicción”. Sus muros están ennegrecidos y reflejan lo sombrío del ataque de noviembre. La pintura sobreviviente en su interior son las heridas y cicatrices de lo ocurrido. Sus vigas están cansadas y calcinadas por el odio incombustible. Su aspecto actual es “un recordatorio del incendio” intencionado y celebrado por las hordas. Fue vandalizada y quemada premeditadamente el 12 de noviembre de 2019. ¿Qué pasó aquí?

“No hay palabras, sea uno creyente o no, esta iglesia es parte del ADN del barrio”, señaló el alcalde Alessandri. Las cámaras de seguridad del entorno grabaron lo sucedido, es visible el accionar planificado. La puerta principal fue atacada y expuesta a un acelerante en más de una ocasión, los encapuchados pasaron de los dichos a los hechos, quemaron y destruyeron. “No podemos simplemente pintarla de blanco y hacer como que nada pasó. El camino es otro. Parte por mostrar las heridas, por generar preguntas, por abrirnos a otras voces”. La Parroquia reabrió sus puertas el 24 de marzo de 2024. Presenta avances en su reconstrucción material y espiritual. Es un espacio de encuentro, de oración y de paz. “La fe no se apaga, se propaga”, “son cientos de personas las que, gracias a la reapertura de las puertas, ingresan a la Parroquia de la Veracruz para contemplar una Iglesia que sigue en pie con la fuerza de la fe”. Estamos “abriendo nuestras puertas al barrio”. Las heridas están cicatrizando y la fe resiste.

La noticia en prensa del atentado fue escueta, se dijo que la parroquia “sufrió un incendio ayer durante las manifestaciones”. Esa tarde los fieles e inocentes sufrieron las llamas de la violencia. Posteriormente, se complementó al informar que “un sujeto encapuchado lanzó un elemento acelerante en la puerta principal”. Se presentó una querella criminal por el incendio que fue archivada. No hay responsables y no hay justicia temporal tras la profanación. Los cristianos colocaron la otra mejilla y oran por el bien común. No fue el único lugar sacro que fue vandalizado durante la barbarie llamada “revuelta popular”. No fue la única cruz en riesgo. El documental Ardieron en silencio: una década de ataques a Iglesias en Chile es un material audiovisual y periodístico de El Líbero, un trabajo que presenta una herida social y patrimonial a nivel nacional que permanece. Es una obligación reflexionar en todos los espacios educativos y de opinión sobre lo ocurrido. Necesitamos más iglesias y más comunidades para cargar la cruz de las pobrezas materiales e inmateriales que aquejan.

La violencia del estallido fue real y es una marca indeleble en las calles. La destrucción se esparció en el centro y en las periferias, es una cruz con la cual cargamos socialmente, y no debemos relativizar lo sucedido. “Fue la condescendencia con el vandalismo lo que alentó el desenfreno antisocial”, según Sergio Muñoz. La violencia no es justicia ni se ampara en “causas nobles”. Normalizarla a través de constructos suena a falso profeta, en simple, es un atentado a la convivencia democrática y al pluralismo. La libertad de expresión y de culto son esenciales para la vida en comunidad. El respeto al prójimo y al patrimonio es un mandato. “De nosotros depende que el país no se extravíe”. La verdadera cruz refleja el triunfo sobre el mal.

Nota: Este artículo fue publicado originalmente por El Pingüino el domingo 7 de diciembre de 2025.