Juan Antonio Widow y el problema de la educación
Germán Gómez Veas | Sección: Arte y Cultura, Educación, Sociedad, Vida
Con el fallecimiento de Juan Antonio Widow hace un año, Chile ha perdido a uno de los más destacados exponentes de la filosofía regional. De reconocimiento internacional, el académico del Instituto de Filosofía de la PUCV puso en diálogo y debate importantes tópicos filosóficos en el área de la metafísica, la filosofía política y por sobre todo, en la puesta en perspectiva del pensamiento de Tomás de Aquino. Pero también reflexionó sobre algunos tópicos en el campo de la educación.
En ese último ámbito, en momentos en que enfrentamos serios cuestionamientos a la práctica pedagógica, resuena con mucha vigencia su artículo “El problema de la Educación”, publicado en la revista Paideia (1982). Dos de los aspectos sobre los que Juan Antonio Widow reflexiona en este ensayo son la autoridad docente y su cualidad de ser un servicio decisivo para el bien común. Ambos aspectos en la década de los ochenta estaban enfrentando un asedio de irreflexivos teóricos que en los hechos estaban empujando la acción educativa a un perjuicio respecto de esas dos centrales características del ejercicio profesional docente.
Apunta en este preciso contexto que tratar al educador como un funcionario que ha de cumplir fases completamente delimitadas en un proceso impide que él pueda realmente prestar un buen servicio en su trabajo. Explica el filósofo que se convierte al profesor en funcionario toda vez que se pretende “incorporar toda su tarea a cuadros y organigramas perfectamente trazados, se le exige cumplir con rigurosas y complejas obligaciones de planificación previa a la acción docente propiamente tal, de modo que ésta queda reducida a una aplicación fiel de instrucciones, técnicas y planes ya decididos, y no decididos por él”.
En este esclarecedor ensayo el profesor Widow pone énfasis en que al concebir la docencia como una actividad burocrática, “el profesor que se adapta a este modo de concebir su tarea deja de tener problemas funcionarios, pero pierde lo personal que pueda comunicar a sus alumnos. Cuando se acepta actuar movido sólo por una pequeña alma de funcionario, se claudica en el cumplimiento de una vocación”. Más específicamente, don Juan Antonio señala de manera aguda que cuando el docente se queda en la condición meramente funcionaria, deja de ser fértil, pierde la capacidad vital para ser un puente eficaz con el alumno. Como bien fundamenta el filósofo, en el contexto descrito los conocimientos se transforman en mera información, la “que acaba por no significar nada real para el que enseña: podría, en ese momento, enseñar lo contrario, sin inmutarse. Se pierde la sabiduría, el amor por la verdad conocida, el deseo hondo de que otros la conozcan como el mismo que la enseña”.
Así, concebir el ejercicio pedagógico como una actividad burocrática es un atentado letal respecto de los fines propios de la acción educativa. Por ello hoy, cuando la burocracia administrativa ahoga a los educadores y directivos incidiendo directa y persistentemente en la ineficacia educativa, la advertencia de Juan Antonio Widow no puede seguir siendo inadvertida.




