Juan Antonio Widow: Ideas para una verdadera libertad económica
Vicente Hargous | Sección: Arte y Cultura, Historia, Política, Sociedad, Vida
El momento político actual hace propicio volver a una reflexión acerca de los fundamentos sobre los que descansa una economía sana, natural —en el sentido más clásico de la expresión—, y por tanto acerca del pensar filosófico sobre la economía. Parece obvio que es un tema políticamente relevante —la gente ya lo percibe con las presiones inflacionarias padecidas luego de los retiros y otras medidas—, pero también es insuficiente si se reduce al no-relato tecnócrata (y, también, a la vacía alusión a “las ideas de la libertad”). Es necesario, así, no solamente plantear propuestas económicas para un Chile mejor, sino también comunicar mejor su sentido y reflexionar sobre él. La economía, como ciencia social, ciertamente puede verse de modo descriptivo, pero dado que su objeto propio se encuentra dentro del ámbito de la acción humana —concretamente, de la acción política— en ella se toman decisiones para optar por medios determinados según ciertos fines (fines y medios que pueden ser evaluados moralmente), lo que exige criterios metatécnicos. Esto es innegable.
Todo esto muestra la actualidad y relevancia de una veta poco conocida del pensamiento de don Juan Antonio Widow, maestro que nos dejó hace ya un año. Ha sido de los pocos autores chilenos que, desde una perspectiva tomista a la vez que genuinamente original, elaboró una presentación sistemática de los conceptos fundamentales a partir de los cuales se puede comprender de forma cabal y equilibrada el orden económico como parte del orden social. Es cierto que se trataba —como él mismo reconocía— de un esbozo que exigiría de un desarrollo mucho mayor, pero él fue realmente pionero en ese ámbito: pensemos que su célebre El hombre, animal político, cuya parte tercera trata El orden económico, fue publicado en 1984; en aquella época no tenían en el país la difusión que tienen hoy los escritos de, por ejemplo, la llamada Escuela Austríaca de Economía. Por otro lado, dista mucho de ser una explicación superficial: se trata de una sistematización que incorpora todos los elementos necesarios para una comprensión integral de una filosofía de la economía sin fisuras. A partir de esta visión, ha tratado en detalle la cuestión de la justicia de los intercambios, el trabajo y la usura en el último libro que publicó antes de su fallecimiento: El cáncer de la Economía.
La perspectiva incorporada por don Juan Antonio tiene además una hondura bastante única, que revela un aspecto muy especial de su personalidad como filósofo: la unidad de la filosofía, lejos de cualquier especialización reduccionista. Esto es sin duda una ventaja respecto de otras figuras que han impulsado una suerte de filosofía de la economía en Chile: él fue, ante todo, un profesor de metafísica, y sin embargo su influencia más notoria vino dada por su obra de filosofía política. Y es que la metafísica es la ciencia fundamental de la que dependen las demás ramas del conocimiento, la scientia rectrix. Don Juan Antonio revela en sus obras la altura de un profesor de metafísica que reflexiona sobre aspectos de filosofía práctica. Su libro La libertad y sus servidumbres muestra esta versatilidad, abarcando el problema de la libertad, el devenir histórico del liberalismo en diversos autores y su influencia política, económica y moral.
Quizás sea precisamente esta cualidad la que le permitió justificar sólidamente la propiedad, pero sin caer, ni siquiera en el contexto más crudo de la Guerra Fría, en posturas desequilibradas como las del libertarianismo radical. La propiedad se subordina al uso suficiente para una vida digna por parte de todos los seres humanos, de tal modo que, siendo un derecho que debe protegerse frente a discursos colectivistas, puede ser limitado en ocasiones por su función social. También esta perspectiva profunda le permitió distinguir, por mencionar un tema específico acerca del cual se podría escribir mucho, el rol dual del Estado respecto de la propiedad: no es lo mismo lo que el Estado debe hacer cuando actúa como propietario (en cuyo caso se obliga a respetar las condiciones de un justo intercambio, en conformidad con la justicia conmutativa) que lo que debe hacer cuando actúa como autoridad con miras al bien común (en este caso se obliga a intervenir de acuerdo con la justicia distributiva). Lo mismo podemos decir acerca de su reflexión sobre las estructuras societarias y la relación entre el trabajo y el capital, la justa remuneración por el trabajo, o la justicia de los intercambios aplicada a las inversiones. Todos estos aspectos dan para al menos un libro por cada uno.
En cada uno de estos temas la visión de don Juan Antonio permanece plenamente vigente: lejos de cualquier ideología, tanto socialista como libertaria, afirma la existencia del mercado y de la libertad económica, la legitimidad de la propiedad privada y su armónica articulación en el bien común, como elementos esenciales de un orden social justo: “la libertad de mercado es necesaria para una economía justa, pero siempre que se acaten los límites que le impone el bien común”. En tiempos en que la derecha coquetea con ideologías ajenas a su tradición intelectual más genuina, bien haría en sacar provecho del legado que nos dejó el profesor Widow.




