Juan Antonio Widow Antoncich (1935-2024)

Matías Petersen | Sección: Arte y Cultura, Educación, Familia, Historia, Política, Religión, Sociedad, Vida

Nació en Valparaíso, estudió filosofía en la Universidad Católica de dicha ciudad y se doctoró en la Universidad Complutense de Madrid, bajo la dirección del reconocido tomista español Antonio Millán-Puelles. Uno de los discípulos más destacados del filósofo y sacerdote Osvaldo Lira, quien lo introdujo en el pensamiento de Santo Tomás de Aquino y de quien heredó una convicción profunda sobre la relevancia del estudio de la metafísica para una recta comprensión de los fenómenos políticos. En 1978 publicó la revista Philosophica De la Universidad Católica de Valparaíso, la que dirigió por más de una década. fue gran lector, prueba lo cual son las numerosas reseñas de libros que publicó en Philosophica. En este último, como en otras cosas, su labor se asemeja a la del tomista argentino Guido Soaje Ramos, amigo suyo, y director de la revista Ethos. 

El profesor Widow publicó decenas de artículos y 4 libros, entre los que destacan El hombre, animal político (1984) y La libertad y sus servidumbres (2014). El primer libro es fruto de décadas de docencia. Si bien se trata de un manual redactado para estudiantes de pregrado,  es un libro que ha servido de estímulo intelectual para muchos de sus discípulos. En él, el profesor Widow abre una serie de preguntas que, él mismo reconocerá una y otra vez, requieren de un tratamiento más acabado. Así, por ejemplo, en el prólogo a la tercera edición del libro en cuestión, Widow señala que la sección dedicada a la filosofía de la economía es la que requiere mayor profundización. Pensó escribir un libro dedicado íntegramente al tema, pero su salud le fue impidiendo progresivamente llevar a término dicho proyecto. No deja de ser interesante el modo en que Widow fomentó en varios de quienes lo conocimos el estudio de la filosofía de la economía. Nadie hubiera dado un peso por ese campo de investigación a comienzos de los 2000. Hoy es  una disciplina pujante, con revistas especializadas y programas de postgrado dedicados precisamente al tipo de cuestiones que se tratan en la parte tercera de El hombre, animal político.

Las horas dedicadas al estudio y la escritura no impidieron que el profesor Widow empleara parte importante de su tiempo en la formación de personas. Dedicaba largos ratos a conversar con sus alumnos, tiempo que las exigencias de la vida universitaria han vuelto cada vez más escaso. De poco hablar, lo que llevó a muchos a ver en él una persona grave, excesivamente seria, incluso lejana. Quienes lo conocimos, fuimos poco a poco descubriendo que estábamos  ante una persona reservada, incluso tímida, y que se tomaba muy en serio la idea de que uno no debe hablar más de la cuenta. Esta dimensión de su personalidad indica que las muchas horas dedicadas a sus alumnos eran, principalmente, horas dedicadas a la escucha atenta de quienes recurrían a él. Cuando en el año 2008 su edad le permitió descansar de la vida universitaria activa, su labor formativa se intensificó aún más. Decenas de universitarios desfilaron por su casa, asistiendo a seminarios sobre metafísica, teoría del conocimiento y filosofía política.

Si bien no es tarea fácil identificar las preocupaciones centrales en la vida intelectual del profesor Widow, cualquiera que intente comprender tanto su obra escrita como su magisterio deberá otorgar un papel importante el concepto de ideología, así como a la relevancia de este para comprender las grandes ideologías políticas modernas. Quienes asistimos a sus clases, nunca olvidaremos su definición de ideología, aunque solo sea porque era esencial memorizarla para aprobar el curso. Una ideología, decía el profesor Widow, es un sistema cerrado de ideas que se constituye en fuente de toda verdad y de toda rectitud moral. Parte importante de la obra escrita de Widow está orientada a mostrar cómo el pensamiento ideológico es fruto directo de la secularización de dos ideas propias de la Reforma protestante: la negación del libre albedrío y la tesis según la cual quien ha sido justificado por Dios es, de algún modo, y por este mismo hecho, eximido de toda ley o norma. La tesis del profesor Widow no es que dichas ideas, por sí solas, den origen a las grandes ideologías modernas, sino que sería la secularización de estas la que está en el origen de toda ideología moderna.

Otro elemento central de la reflexión política de Juan Antonio Widow dice relación con la tesis según la cual las grandes ideologías modernas, y sobre todo aquellas que han tejido parte importante de la historia del siglo XX, tienen un tronco común. Así, para Widow, el nacionalsocialismo, el marxismo y lo que hoy se conoce como neoliberalismo son una y la misma expresión de la actitud o mentalidad ideológica. 

Una tercera dimensión relevante de la reflexión del profesor Widow sobre las ideologías radica en la idea según la cual el pensamiento ideológico es indefectiblemente tecnocrático. A modo de ejemplo, y tal como solía formularlo él mismo, el primado otorgado a la economía, tanto en el socialismo como en parte importante de la tradición liberal, no implicaría otra cosa que una creciente racionalización cuantitativa de toda conducta humana. Si bien uno podría matizar esta afirmación de varios modos, ciertas controversias contemporáneas al interior de la tradición liberal, como aquella relativa al “paternalismo libertario”, vuelven sumamente actuales algunas tesis del profesor Widow. En la misma línea, las ideas de Mario Góngora sobre las planificaciones globales en la historia de Chile, o el análisis sobre los procesos de modernización latinoamericanos de Pedro Morandé, parecen resonar con fuerza en algunos textos de Widow.

Hay muchas otras ideas relevantes en el trabajo intelectual del profesor Widow, y todas ellas merecen ser estudiadas en su propio mérito. Sea como fuere, don Juan Antonio será recordado como un verdadero maestro cristiano. Quienes tuvimos la gracia de conocerlo, hemos adquirido una deuda enorme tanto con él como con su familia, una deuda que nunca podremos saldar como corresponde.

Nota: Este artículo fue publicado originalmente por la Revista Raíces en su número VIII. Agradecemos al autor su autorización para publicarlo nuevamente.