Don Juan Antonio Widow, también maestro de quienes no fuimos sus alumnos

José Tomás Hargous Fuentes | Sección: Arte y Cultura, Educación, Historia, Política, Religión, Sociedad, Vida

El artista se conoce por su fruto y por su obra. El maestro puede ser conocido por medio de sus discípulos. Si bien no tuve el honor de conocer personalmente a don Juan Antonio Widow (1935-2024), sí he sido alumno y colega de varios de sus discípulos y exalumnos, y también he tenido el gusto de conocer parte de su obra, y la de su maestro, el Padre Osvaldo Lira, SSCC, de cuyo principal alumno diría: “Juan Antonio, mi discípulo, ha superado al maestro”

De don Juan Antonio se pueden decir muchas cosas. Fue uno de los principales filósofos tomistas de Hispanoamérica del siglo XX, y dio forma a una nítida escuela que hoy mantiene su legado en diversas universidades en Chile por medio de sus discípulos. Su obra aborda casi todas las ramas del quehacer filosófico, desde la metafísica hasta la filosofía práctica, en concreto, la filosofía política y la filosofía económica. Fue alumno del Padre Lira, uno de los más grandes tomistas del continente, y de Antonio Millán Puelles, de los más importantes del mundo hispanohablante, quien le dirigiría su tesis doctoral “La cuarta vía de Santo Tomás” en la Universidad Central de Madrid. Como Profesor Titular de Metafísica y Filosofía Política de la Universidad Católica de Valparaíso sería un gran desarrollador de su Instituto de Filosofía, donde fundaría la revista Philosophica.

Su magisterio marcó a decenas de generaciones en la Universidad Católica de Valparaíso y en la Escuela de Negocios de Valparaíso, que luego se convertiría en la Universidad Adolfo Ibáñez. No sólo a través de la docencia, cristalizada en su magistral obra El hombre, animal político. Orden social, principios e ideologías, con varias reediciones, las que nos han acercado a muchos jóvenes a la sabiduría de este gran profesor y a la de su inspirador, Santo Tomás; sino que también a través del magisterio oral. Muchos de sus exalumnos recuerdan con cariño el tiempo que don Juan Antonio dedicaba a sus estudiantes para resolver las inquietudes que le planteaban.

Justamente, su libro El hombre, animal político, publicado por primera vez en 1984, constituye un gran ejemplo de algunas de las virtudes que sacó a relucir don Juan Antonio Widow a lo largo de su vida. Al menos, de las que podemos deducir sin haber conocido su biografía ni haber coincidido con él personalmente. 

Su publicación produciría una fuerte polémica, iniciada por el sacerdote y crítico literario José Miguel Ibáñez. El intercambio epistolar en El Mercurio entre el sacerdote y el filósofo, a los que se sumaron Gonzalo Ibáñez, Miguel Poradowski y Genaro Arriagada, trataría principalmente sobre la distinción entre democracia como régimen y como fundamento del régimen, y la compatibilidad entre democracia y Cristianismo; así como el debate con Fernando Moreno Valencia en torno al pensamiento de Jacques Maritain. Con el intento de cerrar la discusión que él mismo abrió, don José Miguel alegaría el “aburrimiento” que le producía seguir profundizando en el coloquio –“no quiero fomentar la industria del aburrimiento”, sería la frase con que cerraría Ignacio Valente–, a lo que respondería con maestría don Juan Antonio con argumentos y no emociones, para cerrar consintiendo al sacerdote en no prolongar el “aburrimiento” que le produjo discutir sobre temas de crucial trascendencia, “los más necesitados de aclaraciones en estos momentos, en que nuestra patria encara un proceso de institucionalización política que debe ser llevado más al son de razones que de pasiones”.

También es digna de destacar la humildad con que acogió las correcciones de sus colegas. Por ejemplo, en el prólogo a la tercera edición del libro, esta vez publicada en Argentina, señala que “He corregido algunos de mis juicios sobre los temas que aquí se exponen. O, quizás, más que los juicios, he rectificado el uso de algunos términos, con lo cual, espero, se hayan precisado y aclarado los conceptos”. Concretamente, señaló que “he rectificado el uso de los términos autoridad y potestad” –lo que constituiría “el cambio más importante en relación con lo expuesto en las dos ediciones anteriores”, porque “He aprendido de don Alvaro d’Ors, y gracias en parte a la polémica que, respecto de estas nociones, con él sostuve en las páginas de la revista Philosophica, que en ningún caso pueden usarse estos términos como equivalentes, y que por lo mismo son distintas las funciones de autoridad y de potestad en la vida social”. Si bien mantendría algunas de sus opiniones originales, “creo que lo que debo a don Alvaro es de mayor peso que aquello en que aún disentimos”.

No fue un profesor que viviera en una torre de marfil, sino que se preocupó y ocupó del quehacer nacional, más concretamente, de los destinos de la Patria. Fue así que en 1958 junto a su hermano Andrés fundaría la revista Tizona, por medio de la cual difundiría el pensamiento tradicional y católico. Impresa en Viña del Mar y distribuida entre la alta oficialidad naval, jugaría un rol gravitante en la oposición al proyecto totalitario de la Unidad Popular (UP). 

En sus páginas (Juan Antonio Widow, “¿Qué es el gremialismo?”, Tizona N°34, agosto de 1972, 2-3) se referiría al gremialismo que por esos años articulaba entre los cuerpos intermedios otro gran discípulo del Padre Osvaldo, Jaime Guzmán, por ese entonces aún cercano al clérigo que lo formó. Widow lo calificaría como “un fenómeno nacional de creciente importancia”. Señalaría que este movimiento tendría el “aspecto positivo fundamental” de generar conciencia entre los gremios respecto de “la relación que siempre existe entre bien privado y bien común”.

Cinco décadas después, enfrentamos un peligro similar al que él combatió desde Tizona. La insurrección de octubre de 2019 dio inicio a un proceso revolucionario –que este mes hemos terminado de derrotar– marcado por una profunda subversión del orden social, de sus instituciones y principios fundantes, que buscó imponer por medio de una Constitución un régimen prácticamente totalitario, proyecto ideológico que fue derrotado en las urnas por millones de chilenos en septiembre de 2022 y en la segunda vuelta recién pasada. La tarea aún no está del todo concluida, porque el octubrismo sigue vivo, y algo que podemos hacer es estudiar, labor en la cual el magisterio de don Juan Antonio –concretamente El hombre, animal político, cuya última edición es de hace pocos años– será de fundamental importancia.

Don Juan Antonio Widow fue un maestro dentro y fuera del aula, con sus conversaciones y libros de filosofía. Marcaría decenas de generaciones, primero a las cuales les hizo clases, pero también a quienes lo conocimos de la mano de sus discípulos y de sus textos. Su legado sigue vivo en diversas universidades y esperamos que la próxima generación tome la posta en el estudio y la difusión del pensamiento de don Juan Antonio y el Padre Osvaldo –quien falleció al día siguiente pero veintiocho años antes–. A un año de su fallecimiento, requiescat in pace.