Gaman y el sentido hacia el desarrollo
Paula Guerrero Zaror | Sección: Arte y Cultura, Política, Sociedad
En estos meses he vuelto a comprobar que los procesos de colaboración son la fuerza invisible que sostiene cualquier transformación. En los talleres que he tenido el privilegio de facilitar, las conversaciones entre actores distintos –municipios, universidades, comunidades y empresas– muestran que no hay desarrollo posible sin la trama humana que lo hace viable. Lo técnico y lo productivo requieren una raíz sociocultural que les dé sentido y continuidad.
La CEPAL, en sus recientes publicaciones sobre las trampas del desarrollo y las capacidades TOPP (técnicas, operativas, políticas y prospectivas), recuerda que los países de la región enfrentan tres grandes desafíos: la baja capacidad para crecer, la desigualdad persistente y las débiles capacidades institucionales. Superarlas exige algo más que diagnósticos: requiere instituciones y comunidades capaces de gestionar el cambio, construir legitimidad y anticipar el futuro. En otras palabras, demanda cohesión social, confianza y cooperación.
En los territorios, este principio se hace visible cuando las iniciativas productivas, la planificación territorial y la cultura se entrelazan. El triángulo del desarrollo sostenible –sociocultural, productivo y ambiental– solo se mantiene estable cuando su base humana está fortalecida. Allí donde las personas confían entre sí, los proyectos perduran y las políticas públicas logran impacto.
Por eso, el desafío no está solo en instalar inversión en un territorio, sino en reducir el rezago generando proyectos que impulsen un desarrollo sostenido en el tiempo. Las herramientas técnicas, cuando se aplican con coherencia y sentido, logran transformar realidades. Un desarrollo con consistencia no se impone, se construye: requiere planificación, continuidad y, sobre todo, confianza entre quienes lo impulsan y quienes lo ven.
En un libro que leo por estos días, Las 87 palabras más bellas y sabias de Japón, aparece el término “gaman”, que significa perseverar en el camino a pesar de la adversidad. Esa palabra encierra la actitud que nuestras instituciones y comunidades necesitan para avanzar: sostener el propósito común incluso cuando el contexto es incierto.
Desarrollar implica, en esencia, practicar el gaman colectivo: persistir en la colaboración, fortalecer el tejido social y mantener la esperanza activa. Solo así podremos construir territorios donde las inversiones, las capacidades y la cultura se encuentran para transformar el fututo de manera compartida.
Nota: Este artículo fue publicado originalmente por El Diario de Atacama el sábado 18 de octubre de 2025.




