Carmona sabe lo que hace

Gonzalo Rojas Sánchez | Sección: Política

Las decisiones en el PC se toman de acuerdo a una estricta racionalidad dialéctica. Hay que oponer los contrarios para que la síntesis sea favorable. Es, creen, la inexorable ley de la Historia.

Por eso su presidente, Lautaro Carmona, torpedea, “misilea”, bombardea y mina la candidatura de Jeannete Jara. Porque a la derrota ya asumida de la postulación comunista en la segunda vuelta de diciembre, Carmona estima que debe oponerse la convicción del partido defendiendo aquellos aspectos que la candidata no puede (no debe) promover durante la campaña. Ella, para intentar mejorar su votación, debe intentar hacerse socialdemócrata. Por el contrario, el PC, ante su inminente derrota, debe mostrarse cada vez más marxista leninista.

Se supone que del enfrentamiento entre la debilidad de Jara –casi una burguesa en competencia– y la fortaleza de un partido monolítico que ya casi no la reconoce como carne de su carne y sangre de su sangre, debiera resultar en diciembre una síntesis muy favorable para los interese de Carmona y su gente: El PC no perdió, perdieron los demás que la hicieron socialdemócrata; el PC no quedó amarrado a los compromisos que ella adquirió en su desplazamiento territorial, sino que tiene las manos libres para atacar con todas sus energías al gobierno que comience su andadura en marzo.

A esa convicción se suma, además, un dato no menor. Si el PC logró –como lo anticipamos tantas veces en los años anteriores– minimizar electoral y simbólicamente al Frente Amplio, no vaya a suceder que la derrota de Jara anule esas ganancias, desprestigie el carácter vanguardista del partido, y que nuevas formaciones juveniles aparezcan a la izquierda del PC, convencidas de que tienen mejor derecho que los comunistas a conducir la oposición al nuevo gobierno. Y, como ha sucedido antes, no vaya a pasar que sectores significativos de las JJCC quieran sumarse a esas minorías rupturistas. Todo eso también lo ha previsto la directiva de Carmona. Nada de correr riesgos tontos cuando la derrota se ve tan cercana.