Entre sismos y aluviones: el reto de prevenir
Guillermo Reyes Pérez y Paula Guerrero Zaro | Sección: Sociedad
Atacama ha estado expuesta durante la última década a eventos que nos recuerdan su fragilidad y la urgente necesidad de actuar con visión de futuro. Los aluviones, de 2015, 2017 y 2020 (el 27 de enero en El Tránsito) dejaron huella. Y ahora, el reciente sismo 6,4 con pinta de terremoto nos vuelve a confrontar con preguntas clave: ¿estamos dejando atrás la lógica de la emergencia para avanzar hacia una gestión integrada del riesgo? ¿Se destinan el tiempo y los recursos necesarios?
Hace años discutimos la urgencia de dejar la reacción para pasar a la prevención. Pero ese camino sigue pendiente. La Ley 21.364 es clara: Senapred junto a gobiernos regionales, municipios y organismos técnicos, debe elaborar Mapas de Riesgo que orienten la planificación. ¿Qué grado de avance tenemos en Atacama? ¿Están los planes actualizados y disponibles? ¿Gestionamos los riesgos antes de que los desastres nos sorprendan?
Cada vez que ocurre un evento, volvemos a escuchar explicaciones con baja incidencia en el resultado. Lo que necesitamos es trabajo constante, en terreno. Porque cuando la infraestructura pública y privada queda dañada –en viviendas, colegios, liceos y universidades– y la normalidad se interrumpe, es cuando más valoramos lo que significa haber estado preparados. Y cuando no se decreta emergencia tras el evento, como ha ocurrido en Atacama, se ralentiza el acceso a recursos clave para la recuperación. ¿Es suficiente el debate posterior o necesitamos un compromiso real con la gestión del riesgo?
Lo ocurrido tras el sismo debe impulsarnos a reflexionar con mayor seriedad sobre el emplazamiento de ciudades, viviendas e infraestructura en zonas de riesgo. Ante sismos, aluviones o tsunamis, reducir los daños solo es posible si se fortalece la planificación preventiva. Asignar recursos suficientes a medidas anticipatorias no solo salva vidas: también se recupera con creces en lo social, económico y territorial.
En este contexto, los datos son clave para entender las vulnerabilidades y planificar mejor. Salir de la opacidad del dato es un desafío del siglo XXI. Anticiparse implica decisiones concretas: contar con infraestructura adecuada, antisísmica y adaptada al cambio climático. El reto es construir una cultura de la prevención que no dependa del próximo desastre para ser prioridad.
Nota: Este artículo fue publicado originalmente por El Diario de Atacama el sábado 28 de junio de 2025.




