El desánimo
Juan Pablo Zúñiga Hertz | Sección: Arte y Cultura, Historia, Política, Sociedad
El desánimo es contagioso. El desánimo no mueve ni produce nada. Peor aún, detiene el ímpetu a tal punto que se requiere ser un verdadero titán como para resistirlo y no sucumbir a la desidia.
A lo lejos, veo a mi país desanimado e inclusive por momentos sin esperanza. Pensé que había un recurso casi inagotable de fuerzas suficientes como para aguantar cuatro años calamitosos de mano de los progresistas haciendo “de samba canuta” con nuestro país. Veo ahora que, llegando a la recta final del actual gobierno desastroso y por cierto aliñado con una serie de desaciertos en las derechas, pareciera que la gente ya no quiere más.
Veo ese estado de inacción que se encarna en el viejo dicho “gane quien gane, debo seguir trabajando”. Por cierto, hay que seguir trabajando y no solo en pro de poner el pan en la mesa, sino en la búsqueda de la excelencia. Es justamente un reflejo de ello el desarrollo de la responsabilidad ciudadana de al menos escoger lo mejor que se pueda al líder que va a guiar la nación.
Busco líderes, pero no los encuentro. Hace cuatro años había varios que sí tenían pasta de líderes, pero algo pasó. Cansancio, desánimo, o, tal vez, un cambio de estrategia que desconocemos. Mismo así, da esperanza ver tanto conservador que porfiadamente insistimos en seguir trabajando por un Chile verdaderamente mejor y libre de la pobreza espiritual e intelectual que se ha tomado al país como una verdadera peste que impulsa al hedonismo y a la consecuente desidia.
¿Será que tenemos solución? ¿O será que nuestro país se corrompió para siempre? Hay esperanza. Esos hombres virtuosos de los que nos hablaba Portales sí existen. Están aquí, pero pareciera que ya nadie los quiere leer, ni menos escuchar. Pareciera ser que, a lo sumo, las personas tienen tiempo y algo de ánimo para escuchar algún canal de YouTube que le diga lo que quiere oír.
Vencer el desánimo es cosa de titanes. Esta no es la primera vez que estamos en un trance de esta naturaleza en nuestro país, de manera que es posible salir, pero para ello a veces se necesita un remezón, o incluso una palabra. Aunque parezca que predicamos en el desierto, no bajemos los brazos, sigamos haciendo cada uno su parte de la mejor manera posible por el Chile del mañana. Una simple columna, un texto, una conversa, pueden parecer insignificantes, pero a veces es todo lo que una persona necesita para despertar y desperezarse.




