Daños marginales
Felipe Schwember | Sección: Política, Sociedad
Era de esperar que, a medida que se acerca el fin de su período, los afines al gobierno de Gabriel Boric intentaran rescatar el “estallido social”.
El diputado Winter no ha perdido la oportunidad para hacerlo. En un panel del que participaba afirmó que, en comparación con la “magnitud” del “estallido”, los daños que sufrieron los locatarios a causa de la violencia de esos días “resulta marginal”. Con ello, además de engrosar la larga lista de frases para el bronce acuñadas por nuestros políticos sobre el episodio en cuestión, el diputado se suma al selecto grupo de aquellos que creen que los daños sufridos por otros no son realmente importantes cuando la “magnitud” de aquello que los produce es lo suficientemente grande como para opacarlos.
¿Se sentiría confortado el diputado Winter si alguien utilizara su propio razonamiento para consolarlo por algún daño que él sufriera? Para evitar tener que llegar a la conclusión de que ese no es el caso, y de que en realidad no sabe de lo que habla, supongamos que estaría, si no feliz, sí al menos conforme ante esa perspectiva. Entonces, no cabe sino preguntarse por aquello tan grande que el diputado tiene en mente.
Él aludió a las “demandas ciudadanas” y la “percepción de injusticia”. Ambas, dijo, eran tan grandes que todos los daños que su reivindicación dejó a su paso son marginales. No obstante, esas son malas razones. Las demandas ciudadanas varían, a veces vertiginosamente en poco tiempo. Otro tanto ocurre con la “percepción de injusticia”, sobre todo una vez que cambia la valoración de las instituciones o de la conveniencia de las medidas que supuestamente iban a remediar las injusticias.
Por su parte, el manoseado “malestar” es escurridizo: el malestar anterior puede revelársenos luego como poca cosa, comparado con malestares posteriores (supongamos, el de 2019 comparado con el de 2024). No hay un malestar absoluto ni una perspectiva absoluta desde la cual evaluar el malestar.
Pero la principal dificultad estriba en la identificación y en la evaluación de los daños. Creer que los daños del estallido fueron “solo” cosas materiales (como si además en esas cosas no estuvieran el trabajo y parte de la vida de sus dueños) es frívolo; creer que no hubo daño a las instituciones es una muestra de incultura, de barbarie; omitir que la hubo, de malicia. Ninguna alternativa es halagüeña. Unas son síntoma de simple inmadurez; las otras, de su variante política, el espíritu revolucionario.
Nota: Este artículo fue publicado originalmente por El Mercurio el lunes 26 de agosto de 2024.




