Un necesario retiro de desintoxicación
Juan Pablo Zúñiga Hertz | Sección: Política, Religión, Sociedad

A poco andar de los delirantes encierros en tiempos de la pandemia, un colega de Israel, rápidamente exhausto de la locura imperante entre máscaras y restricciones, un buen día me mira y me dice: enough is enough! (algo así como: ¡suficiente!). Poco después retornó a su país. La pandemia del COVID ya pasó, pero la locura global, la estupidez, la arrogancia, la intolerancia y tanta brutalidad consagrada como ideología, me lleva a decir lo mismo: ¡Ya basta! ¡Suficiente!
En mis tiempos de universitario, muchas veces me pregunté –y cuestioné– la suerte de alienación que veía en contemporáneos que eran parte del Opus Dei, otros que eran parte de los Heraldos de Cristo, de Legionarios de Cristo, e inclusive evangélicos y protestantes. Estar en el mundo pero no ser del mundo, me decían. El tiempo les dio la razón y hoy entiendo. Efectivamente, como católicos, como cristianos, estamos llamados a estar en el mundo pero no ser del mundo, y eso conlleva a un proceso de alienación y de distanciamiento, no para llevar una vida de ermitaños urbanos, sino que para protegernos de lo mundano y así tener las fuerzas para combatirlo y hacer del kerigma, el llamado a proclamar el Reino de Dios, de la mejor manera posible. Con ello, podemos dejar una marca positiva en las personas y una huella con la cual guiar al mundo por una senda mejor.
La transformación de las comunicaciones ha hecho que por momentos parezca que no tenemos escapatoria. Hacia donde miremos, ahí habrá una pantalla, una noticia, un meme, una tragedia, una nueva obscenidad ensalzada como un valor, un video y un sinfín de recursos que resultan ser una avalancha de informaciones que tienen nuestra mente en un estado febril que nos impide ver y principalmente razonar de manera apropiada. Es por ello que los retiros son de suma utilidad para la vida del creyente y la del ser humano en general. Es importante retirarse un tiempo del ruido para bajar esa fiebre mental que nos agobia y así recuperar nuevos bríos para los desafíos crecientes que nos impone un mundo cada vez más colmado de complejidades y de insensateces.
Yo tomé la decisión de realizar un retiro parcial: comenzando en Corpus Christi, durante un mes, o tal vez más, alejarme de las fuentes de información, redes sociales que ya poco uso, la televisión y de ese maldito computador de bolsillo llamado celular que no hace otra cosa más que coartar la libertad del pensar. En suma, restringir la internet al mínimo necesario para el trabajo y comunicación con quienes están lejos. Volver a ese mundo de hace 30 años, más lento, con un cierto paso cansino, pero que permitía respirar mejor y pensar mejor.
Escoger realizar un retiro es una parte de la solución. La otra es qué hacer en el retiro, es decir, preguntarse ¿qué busco en un retiro? Tuve la oportunidad de participar de muchos retiros espirituales en mi querida Fundación Juan Pablo II en mis tiempos de estudiante en la Pontificia Universidad Católica de Chile, en los cuales crecí como cristiano y también como ciudadano. Tanta gente hoy sugiere al voleo la posibilidad o el deseo de realizar un retiro espiritual pero sin saber lo que va a buscar, o, peor aún, sin siquiera saber qué significa realmente un retiro de naturaleza espiritual.
Ya decidí retirarme un mes o más. Y mientras estoy en ello, ¿qué es lo que quiero buscar? Busco alejarme de tanta inmundicia que el mundo nos tira en la cara todos los días y que solo alimentan la ansiedad, el rencor y lo que es peor, el desprecio por el prójimo. Creemos estar en la vereda cierta y respondemos a los mensajes rencorosos con más rencor, pero como es nuestro rencor, nuestro desprecio y nuestra verdad, no lo asumimos como negativo, pero, sin darnos cuenta, nos vamos envenenando poco a poco, al tiempo que mantenemos la torpe esperanza de que estamos en lo correcto. Hace 20 años o más nos quejábamos de las noticias sensacionalistas, sin saber que en un futuro próximo nos alimentaríamos de ese sensacionalismo en toda hora y en todo lugar.
¿Y qué espero encontrar? Bajar las revoluciones mentales y encontrar mayor tranquilidad para razonar. Espero encontrar tiempo para pensar, un acto tan bello y tan poco practicado en el frenesí febril de tanta información. Espero desintoxicarme de tanta noticia negativa de nuestro país y el mundo que, por el hecho de que yo las sepa y las sufra, en nada cambia la génesis y desenlace de estas; inclusive, el mundo no necesita de mi preocupación ni de mi estado de alerta como para que siga su curso. Espero continuar profundizando mi vida espiritual, dedicarme más aún a la lectura, dedicarme a mi esposa y mi familia, al ejercicio del pensar y a dejar que el Espíritu Santo coloque paños fríos que bajen la fiebre y, con ello, librarme de ese rencor y desprecio que atesoramos con cariño creyendo que es una suerte de santo rencor y santo desprecio pues es la respuesta a quien me ataca, a quien ataca mi fe, mis principios, mis valores y una larga lista “mis”, todos los cuales es bueno que existan, pero que hay que tomar cuidado para que no se transformen en mis ídolos.
Es un ejercicio personal al cual todos están invitados. En una reciente entrevista titulada Catholics and the Culture of Contempt (Los católicos y la cultura del desprecio), el Obispo Robert Barron, al referirse al libro Catholics and Contempt de John L. Allen, señalaba la importancia de evitar caer en el juego del desprecio al prójimo y el cómo internet ha contribuido a ello. Por su salud mental y por lo que usted como persona tiene para ofrecerle a la sociedad, le recomiendo hacer este mismo ejercicio en el cual me estoy embarcando. No hay como saber a priori el resultado. Sí le puedo decir que, al cabo de un mes, verá que el mundo sigue igual, que el mundo no necesitaba de su preocupación y que estará más aliviado para enfrentarlo.




