Nuevos militantes en el Partido Republicano

Gonzalo Rojas Sánchez | Sección: Política

El éxito electoral del Partido Republicano –ya lo comentan todos– es al mismo tiempo un gran desafío y –como todos los desafíos– un gran riesgo. Ese riesgo recae por igual en tres tercios: los constituyentes, la dirigencia del partido y José Antonio Kast.

En esta oportunidad analizaremos la segunda de esas instancias: el Partido Republicano.

Seguramente, en estos días las afiliaciones a la colectividad están creciendo en gran cantidad. La experiencia de otros partidos que vivieron procesos parecidos en el pasado reciente –la Democracia Cristiana entre 1964 y 1965, y la UDI en 1999– permiten concluir que en estos casos hay dos tipos de personas que llenan las fechas de incorporación:

a. Los que noblemente deciden salir de su comodidad y quieren entregar su tiempo, capacidades y recursos a una causa que ahora los convence; 

b. Y los que huelen los aromas de un futuro poder y no quieren perderse la cuota que podrían aprovechar.

La prudencia le aconseja, entonces, a los dirigentes nacionales, regionales y locales, dos cosas importantes:

a. Tener los ojos muy abiertos para conocer personalmente a los nuevos militantes; 

b. Poner en práctica los adecuados planes de formación que permitan dotar de un mínimo común a todos los integrantes del partido y, al mismo tiempo, encontrar a aquellos que no estén dispuestos a asimilar la Declaración de Principios –que es el mínimo, y en cierto sentido, también el máximo– para que se les pueda sugerir amablemente que dejen la militancia.

Cuando en el pasado, en otras colectividades, no ha habido voluntad de sus dirigentes para realizar este doble proceso, sus credenciales de liderazgo han quedado severamente dañadas. Estoy seguro que en el Partido Republicano sus dirigentes de todos los niveles van a saber proceder adecuadamente.

Pero, veamos sobre todo lo positivo.

En efecto, la enorme marea de nuevos militantes abre la posibilidad –que debe complementarse con aquellos antiguos que aún no la han recibido– de impartir una formación niveladora que ha de tener tres dimensiones fundamentales:

a. El conocimiento y asimilación de la Declaración de Principios del Partido;

b. El reforzamiento de los hábitos personales más atingentes a la actividad pública;

c. La adquisición y desarrollo de habilidades de liderazgo y de comunicación.

En una próxima oportunidad iremos desarrollando al detalle estas tres dimensiones.