La hibernación de Gabriel
Alberto Pedro López-Hermida Russo | Sección: Política

La comparación que hiciera el humorista Fabrizio Copano entre el Presidente Gabriel Boric y el oso animado Winnie de Pooh parece viva. De hecho, el mismo Mandatario ha dado resonancia a la broma no sólo en redes sociales, sino que también en diversos actos oficiales.
El problema es que los osos en estos meses de invierno se refugian y son capaces de inhibir buena parte de sus funciones metabólicas. Y parece que el Presidente Boric ha caído en ese estado de hibernación desde hace un par de semanas, a pesar de que el invierno haya comenzado oficialmente hace pocas horas.
Síntomas hay muchos, pero seguramente el más relevante es el hecho de que el Presidente persiste en mantener en su cargo a tres ministros que deberían estar fuera de La Moneda hace días.
En primer lugar, la ministra de Salud, Ximena Aguilera, se ha visto completamente superada por la crisis nacional derivada de las enfermedades respiratorias propias de la estación, especialmente el virus sincicial. Sus declaraciones erráticas tras la muerte de los primeros lactantes, su insinuación de que una de ellas de todos modos era poco probable que sobreviviera, sus contradicciones respecto a la disposición real de camas pediátricas y su confusión con las cifras, deberían tenerla alejada de esa cartera ministerial hace ya varios días, más en un país que sobrellevó una pandemia mundial de manera bastante lúcida.
El subsecretario Araos y la insistencia personal por mantenerse y la tozudez presidencial de dilatar su salida sólo condujo a que, en pleno estallido de la crisis, fuera el propio Boric quien anunciara su salida. La ministra, como ausente, se salvó de una acusación constitucional que, aparentemente, sólo fue pausada y no desestimada.
Luego, el ministro de Educación, Marco Antonio Ávila, sólo se excusa en la pandemia y en el gobierno anterior frente al abandono en el que está el sistema educacional chileno. Los resultados desgarradores del Simce, su falta de firmeza frente al Colegio de Profesores y su persistente obsesión por una agenda ideológica, lo hacen candidato claro a ser removido cuanto antes. Más aún cuando pende sobre su cabeza una acusación constitucional que no sería raro fuera aprobada en ambas cámaras legislativas.
Resulta sorprendente cómo en la temática a la que el propio Presidente le debe su existencia como figura pública, se lleve más de un año con una desprolijidad tan severa.
Por último, no se explica cómo el ministro de Cultura, Jaime de Aguirre, continúa en su cargo si es que el mismo Boric contradijo la decisión de Chile de no aceptar ser invitado de honor a la próxima Feria del Libro de Frankfurt.
En una cartera en la que Boric y los suyos deberían brillar, se toman decisiones antojadizas y luego se intenta deshacerlas como si los organizadores del evento estuvieran para pataletas erráticas.
El Presidente queda con una deuda difícil de pagar para la industria del libro y la cultura, pero prefiere insinuar que le escribió a Taylor Swift para que se decidiera a venir a Chile en lo que queda de su mandato. Populismo de calidad.
En definitiva, que existan (al menos) tres ministros que de manera tan explícita no deberían estar en su puesto, hace sospechar que, tal como hace Winnie the Pooh, el Presidente ha decidido hibernar, confinándose a las redes sociales y a asuntos menos peliagudos.
Tal como se le adelantó el invierno, puede que la primavera se adelante algunos días este año, cuando lleguen las fechas en torno a la conmemoración de los 50 años del Golpe de Estado. Ese es un tema en el que el Mandatario se siente cómodo y con superioridad. Pero no hay que olvidar que la primavera suele traer alergia y no son pocos los chilenos que lo ocurrido en 1973 ya le genera romadizo cuando sólo un sector ideológico se adueña con una suerte de exclusividad moral de un evento que todo Chile sufrió.
Mientras tanto, se hiberna.




