El Estado Tumor y el Político Inversionista en el Estado

Jorge Andrés Pérez | Sección: Política, Sociedad

El gasto público del Estado tiene un costo alternativo, que es el gasto privado en el mercado. Entonces, después de cierto punto, el gasto del Estado tiene retornos decrecientes para la sociedad en general, pero esto no es así para la facción que controla el Estado. Porque entre más grande es el Estado, la facción tiene más poder de negociación en la sociedad, entonces tiene sentido que sean insensibles a los efectos del menor gasto privado en el mercado.

El subdesarrollo crónico de algunos países a veces es el resultado de una patología: el síndrome del “Estado tumor”, que crece sin eficacia formal ni eficiencia funcional. Entre más crece, más recursos consume y con ello más debilita el cuerpo. El “Estado tumor” es caro y malo para la sociedad.

En términos de inversión hay dos etapas en el desarrollo del “Estado tumor”. En una primera etapa, el “Estado tumor” reduce la eficiencia de la inversión en la sociedad, lo que produce escasez. En una segunda etapa el “Estado tumor” destruye la eficacia de la inversión en la sociedad, lo que produce hambre. Las personas entonces emigran de la escasez y el hambre.

La emigración es un indicador de que el “Estado tumor” ha desequilibrado a tal punto la relación entre el Estado y el mercado, que el país ha perdido competitividad económica en mercados internacionales. Producto de las distorsiones de precios, la sociedad ya no es capaz de hacer un uso racional de sus recursos, entonces la economía no solamente opera muy por debajo de su potencial productivo bajo condiciones óptimas de inversión, pero ya se ha empezado a destruir la capacidad productiva de la sociedad producto de la inversión pasada. En esta etapa el “Estado tumor” se comporta como un agujero negro que se come toda la riqueza de la sociedad.

Si algo caracteriza a los países considerados del primer mundo es que tienen sistemas políticos robustos que impiden que se desarrolle el síndrome del “Estado tumor”. Incluso pueden tener estados que gastan mucho, pero, aun así, estos Estados no desarrollan el síndrome del “Estado tumor”.

¿Por qué estas sociedades de países desarrollados son tan robustas para impedir que fácilmente se desarrollen patologías cancerosas en el Estado, cuando hay tantas sociedades de países subdesarrollados que no pueden contener el desarrollo de estas patologías en su Estado? Parte de la respuesta puede estar en la capacidad de las sociedades de países desarrollados para organizarse de manera eficiente y eficaz en términos económicos y políticos para contener competitivamente a las facciones que buscan ser rentistas del capital del Estado, pero por supuesto sin invertir su capital privado. Estos son accionistas informales en el Estado, que logran sacar del Estado rentabilidad como si fueran inversionistas privados en el Estado.

Codelco es una empresa que invierte de manera insuficiente y a destiempo. Esto es un síntoma de una empresa del “Estado tumor”, que no tiene un control de su consumo de riqueza, y por ello constantemente descapitaliza Codelco, que se tiene que endeudar para invertir. Esta es una triangulación que busca esconder los crímenes económicos de los inversionistas piratas que controlan las operaciones de Codelco. Esto no es algo nuevo, pero la norma de las empresas estatales latinoamericanas que explotan recursos naturales valiosos. El Estado es el dueño formal de la empresa, pero en las sombras siempre hay dueños informales, que operan como inversionistas privados, pero sin aportar capital económico. Porque el capital que aportan no es económico, pero político e incluso criminal. Por eso estas empresas son canibalizadas por el tumor en el Estado y los parásitos en el sistema político.

En última instancia para ponerse al día en sus inversiones, la capitalización de estas empresas tiene que ser dirigida desde el Estado en función del equilibrio de poder de los inversionistas parásitos que manipulan como titiriteros el sistema político. Las facciones en el sistema político nunca sueltan con facilidad su control sobre estas empresas.

Por higiene política el Estado debería negar al sistema político la oportunidad de entrometerse en la administración de una empresa estatal que explota recursos naturales valiosos en mercados internacionales. El Estado nunca debería tener propiedad mayoritaria de una empresa con estas características, porque es una invitación a la corrupción institucional en el Estado. Una empresa como Codelco siempre va a atraer capitalistas parásitos que no invierten en la propiedad de la empresa, pero sacan utilidades. Por eso, el control de Codelco debería estar en manos de inversionistas privados que entienden del negocio minero. El Estado puede ser inversionista minoritario. Pero, en el agregado, y el largo plazo, la sociedad chilena sacaría más rentabilidad de Codelco si el Estado tuviera el 40% de la propiedad de Codelco (y el 60% restante lo convirtiera en el equivalente de acciones en BHP), y BHP tuviera el 60% de Codelco y la administrara. Yo creo que es más sano para la sociedad chilena entregar la explotación del cobre a empresas mineras privadas, con tecnología de punta y mucho capital propio.

Muchos dicen que Codelco entrega muchos recursos al Estado. Pero claro, porque el Estado endeuda a Codelco para sacar utilidades, y luego la empresa queda descapitalizada para hacer las inversiones necesarias para mantener su productividad. El “Estado tumor” se come la riqueza del cobre sin disciplina, para poder ocultar con el despelote financiero el robo de unos pocos apitutados (capitalistas parásitos) que saben cómo manipular el sistema político. No me sorprendería si tratan de usar a Codelco para meter las manos en el negocio del Litio. Todo bajo la lógica de financiar con el Litio la descapitalización de Codelco.