Sánchez y Loncón

Gonzalo Rojas S. | Sección: Educación, Política, Sociedad

Cuando Ignacio Sánchez, rector de la P. Universidad Católica de Chile, decidió rendir homenaje a Elisa Loncón, procedió. -una vez más, ya son muchas- sin ponderar adecuadamente las consecuencias de una decisión de esa naturaleza.

Sí, ya son muchas las oportunidades en que Sánchez mira hacia atrás y se deja llevar por antecedentes que le parecen significativos, pero no pondera hacia adelante, poniendo en riesgo a instituciones y personas.

El caso más notable fue la toma feminista de 2018, en que el rector miró hacia el pasado y llegó a la conclusión -sumamente sesgada, por cierto- de que había habido numerosas razones que justificaban las presiones que las féminas le hacían a la Universidad. En consecuencia, decidió tolerar la toma y aceptarles comisiones en que el movimiento feminista logró importantes concesiones, ciertamente inaceptables para la antropología cristiana. 

De modo análogo procedió con Loncón. Encontró que la trayectoria académica de la líder mapuche era digna de ser destacada -en realidad, una más entre tantas- y organizó un acto público en que, como sucede casi siempre, más que el reconocimiento de la persona, lo que se busca es el posicionamiento de la institución en el ámbito de lo políticamente correcto.

Por supuesto, Loncón contribuyó decisivamente después a un proyecto constitucional en que hay tal cantidad de barbaridades, que hasta el propio Sánchez -invocando las normas sobre aborto ilimitado- ha tenido que declarar que rechazará. Recordemos que Loncón, en ámbitos político- sociales se negó a condenar la violencia en la Araucanía, ha insistido  que con la los bienes de las diez familias más ricas se financiarán los derechos sociales -ridícula monserga- y ha incurrido en vaguedades inaceptables sobre la propiedad, en un supuesto territorio que ella llama Wallmapu y que es simplemente… Chile.

Por supuesto, Ignacio Sánchez no tenía cómo saber que Loncón iba a plantearse de esta manera concreta, pero bien podía haberse informado sobre sus tendencias fundamentales. Porque eso es justamente lo que de una vez por todas ya debiera aprender: que hay fuerzas en la sociedad chilena en las que no se puede confiar, con las que no se puede transar. El feminismo radical y el indigenismo son algunas de ellas.