Vacaciones con sentido patrio

Joaquín Muñoz L. | Sección: Educación, Historia, Sociedad

Hablar sobre las distintas efemérides de enero da para varios artículos, pues, son muchas: Chorrillos, Miraflores, Entrada en Lima y Yungay, solo por mencionar algunas.  La más importante es la Batalla de Yungay, la culminación de la primera gran tarea nacional que acometimos como estado independiente, contra toda lógica o probabilidad de éxito, como ha sido la constante de nuestra historia.  La victoria de Yungay significó que el pueblo chileno terminara de tomar conciencia de sí mismo, o sea, terminó de formarse el espíritu de nacionalidad.  Con los vientos que corren, no es de extrañar que no haya habido una ceremonia de estado para celebrarla.  Sería políticamente incorrecto ensalzar los valores patrios y la fortaleza de la unidad nacional en pos de un fin superior.  Se contrapone esto con el clima de división y desintegración nacional en curso.

Tal vez sea mejor hablar de los “nuevos Yungay”, homenajear esta gesta de la chilenidad no mirando solo al pasado, sino viendo el presente y mirando el futuro parece lo más conveniente.

Hoy por hoy, los grupos deconstructivistas aprovechan cada oportunidad para cumplir sus oscuras metas.  Las vacaciones bien pueden ser una de esas oportunidades, así que a ganarles el quién vive.

Las vacaciones dentro de Chile, serán, por lógica, la ocasión para disfrutar y aprender de la historia, costumbres y tradiciones de nuestra patria, de imbuirse de nuestra cultura.

Todo resulta muy fácil.  Con ir a los museos de cada ciudad visitada o al casco antiguo.  Otra forma de aprender es leer las placas puestas en monumentos y edificios.  También están los sitios arqueológicos.  Por supuesto que no debemos olvidar las innumerables bellezas naturales de nuestra tierra.

No obstante, debemos preguntarnos qué y para qué aprendemos.  Primeramente, conocer lo que hemos sido para aprender a valorarlo y proyectarlo.  También debemos conocer lo que tenemos para valorarlo y defenderlo, he aquí la importancia de conocer el territorio nacional y sus potencialidades.

Todo esto se ve muy simple y fácil, pero no es así.  Hay quienes se oponen a este enfoque, ellos son quienes adhieren al deconstructivismo.  Unas vacaciones verdaderamente culturales no son de su agrado, no les convienen.  No les convienen porque, recorriendo Chile con ojos observadores, se comprueba la existencia de hechos y personajes del pasado y del presente que nos enseñan a valorar lo  nuestro.  Dicho de otro modo, un pueblo que se conozca a sí mismo es más difícil de manipular por los deconstructivistas, pues, no pueden falsear la historia gratuitamente, tampoco pueden destruir el patrimonio cultural ni pretender cambiar o eliminar costumbres y tradiciones, pero, por desgracia, no es el caso nuestro.  Llega a niveles increíbles el desconocimiento de Chile entre los chilenos, aún dentro de la élite, por ello, a la ultraizquierda le salió gratis su vandalismo.  Si no se conoce algo, no se valora, y, si no se valora, no se defiende.

Actualmente, la mayor amenaza para nuestra Patria y para la civilización occidental es la guerra cultural, en la que cada día se retrocede más.  La formación de las personas es la mejor arma contra ésta, por ello, es de vital importancia aprovechar cualquier ocasión, incluidas las vacaciones -ojalá en familia-, para conocer lugares, hechos y todo tipo de expresiones que nos reencuentren con la fe -santuarios, iglesias, etc.-; que nos conecten con el heroísmo -monumentos, campos de batalla-; que nos enseñen el verdadero pasado -sitios arqueológicos y otros-; que nos eduquen en la defensa de lo que tenemos -nuestro territorio y su riquezas-, y, especialmente, que nos enseñen nuestras costumbres y tradiciones -lugares apartados, fiestas tradicionales, modos de vida, etc.-.

Me permito una digresión para particularizar lo que quiero decir. Un ejemplo de la importancia de la formación de las personas y su relación con las costumbres y tradiciones, es el de la fiesta del rodeo. Deporte y fiesta típica rural muy concurrida, es el segundo deporte con más público en el país, solo superado por el fútbol.  Constantemente, grupos progresistas animalistas están protestando contra éste, incluso han propuesto prohibirlo, pues, según ellos existe maltrato animal.  Sin embargo, no se pronuncian sobre las medidas que los clubes de rodeo han ido tomando para evitar dicho maltrato, que de existir sería muy mínimo.  Bajo los criterios usados por estos animalistas sui generis, debería prohibirse todos o muchos deportes de contacto y, especialmente, todos los que tengan que ver con luchas.  En estas disciplinas, han muerto personas, en cambio, en el rodeo, no han muerto animales.  Claro está que dirán que los animales no tienen discernimiento, que no pueden decidir, pero los niños que practican los deportes de contacto, tampoco, y nadie reclama.  Otro detalle muy importante que desnuda a estos grupos es su cero protesta frente a los mataderos o criaderos de animales enjaulados que casi no se pueden mover.  ¿Qué es lo que les incomoda del rodeo?  Que es una tradición, por ende, un bastión de la chilenidad.

Sigamos con las vacaciones. También existen las vacaciones fuera de Chile, un poco restringidas por el covid.  Aunque no lo parezca, igualmente son una oportunidad para aprender a conocer y valorar lo  nuestro.  Se puede constatar cuánto hemos avanzado y cuánto nos falta por avanzar.  Además de cómo hacerlo y cuánto nos ha costado.

Este ejercicio de darle otro sentido a las vacaciones está pensado principalmente en las nuevas generaciones, esas que se han comprado estúpidamente los cantos de sirena revolucionarios; que no saben lo complicado que es construir un país con futuro; que no vivieron el Chile de antes, el del 45 % de extrema pobreza; que desprecian a sus mayores sin reparar en el detalle que si han vivido bien es gracias a ellos; que se dan gustos que sus padres solo desearon y sus abuelos ni siquiera soñaron; que respetan la democracia solo cuando ganan sus candidatos.

Si se toman vacaciones con sentido patrio y éstas dan algún resultado positivo, podemos decir que estamos frente a un caso de un “Nuevo Yungay”.  El objetivo de fortalecer el espíritu de nacionalidad se habría cumplido.  Sería éste el mejor homenaje a esa heroica gesta y a sus autores, desde el roto chileno al Gran Ministro Portales.