Si al gobierno le va bien, al gobierno le va bien.

Joaquín Muñoz L. | Sección: Política

Existen frases clichés y de los más diversos ámbitos: “te llamo para que nos juntemos”, “dos cabezazos en el área es gol”, “me tomo ésta, y me voy”, etc.  Muchas son fomes, otras divertidas, pero peligrosas pareciera que no… craso error.  Hay una frase cliché muy peligrosa porque involucra el bien común de una sociedad: “si al Gobierno le va bien, al país le va bien”.  Esto es un error si lo abordamos con realismo, pero si lo hacemos con idealismo, no.  El problema del éxito de cualquier grupo humano surge de la realidad, no de ideas sin sustento.  La imaginación es buena cuando lleva a soluciones y avances, no cuando lleva a utopías.  La búsqueda de las utopías se ha transformado en tragedia.  El mejor ejemplo es la búsqueda de la utopía comunista, que solo dejó miseria después de décadas de sufrimiento de la población, incluidos cerca de 400 millones de muertos.  Por todo esto, es que la idealista frase “si al Gobierno le va bien, al país le va bien” resulta peligrosa en muchas ocasiones, y ¿por qué peligrosa?  Porque puede llevar a aceptar todo lo que proponga el Gobierno.

¿Cuáles son los criterios usados para saber si a un Gobierno le va bien?  Básicamente, dos: su duración y el cumplimiento de sus metas.  ¿Qué tendría de malo entonces que a un Gobierno le vaya bien?  Eso depende del Gobierno.

Todo grupo que administra un Estado pretende hacerlo por mucho tiempo, ojalá para siempre, lo que no es beneficioso para la alternancia en el gobierno.  En todo caso,  cuanto mejor sea el gobierno, menos peligrosa es su duración.  Entiéndase aquí como duración también a la sucesión por un grupo del mismo sector político.

Sobre el cumplimiento de las metas es donde debe haber mayor cuidado porque un Gobierno es bueno o malo según sus obras, no tanto por su duración.  Si un Gobierno propone medidas perjudiciales para el país, lo lógico sería decir que “si al Gobierno le va bien, al país le va mal” porque es perjudicial para el país el hecho de que el Gobierno alcance sus metas.

Lo mencionado es muy importante tenerlo presente ahora que nos acercamos a la asunción de un nuevo Gobierno, supuestamente una incógnita.  Aunque está claro cómo será con el Partido Comunista actuando de “el poder detrás del trono”.

El ‘coro de loros’ repitiendo “que le vaya bien a Boric” no ve realmente lo que será un presidente “a la izquierda del Partido Comunista”, como se autodefinió el Frente Amplio.

El Gobierno del presidente Boric será como cualquier otro: merecerá apoyo en las buenas medidas, no lo merecerá en las malas y será beneficioso si dura, siempre que sea bueno.  Nadie está obligado a apoyarlo incondicionalmente, por ello, lo dicho por Checho Hirane es la pura y santa verdad.

La verdadera incógnita es la futura oposición.  Nadie puede asegurar si será una oposición constructiva  o colaboracionista o nuevamente una de ‘sumisión’.  Ya se oyen voces cercanas a esto último.

Este canto de sirena de que al Gobierno le vaya bien, sin duda, será reforzado por la designación de Mario Marcel como ministro de Hacienda, pero eso no cambia el signo político del Gobierno.  Se me viene a la memoria una conversación que tuve al comenzar el segundo Gobierno de Bachelet.  Esta conversación fue con un amigo Chicago Boy, quien estaba muy tranquilo por la designación de Nicolás Eyzaguirre en Educación, según él, esto era garantía de una buena reforma.  Le dije que estaba equivocado porque, si la reforma estrella del Gobierno era la reforma educacional, jamás dejarían en Educación a un economista liberal, sino a uno de los más socialistas de todos.  Los hechos terminaron por demostrar que el “Eyzaguirre de los equilibrios fiscales” no era el verdadero, sino el “de la bajada de los patines”.  ¿Podría pasar lo mismo con Mario Marcel?  Es factible o, tal vez, sea una carnada para los eternamente incautos ‘opositores’ de Chile Podemos Más, la derecha que de derecha no tiene ni el nombre.  Es improbable que la apuesta de Boric sea cambiar su programa económico, lo más seguro es que quiera ganar confianza entre los inversionistas al designar a Marcel.

Es difícil vaticinar qué sucederá, pero sí es fácil o, más bien, seguro que, viendo el gabinete y el programa del presidente Boric, tengamos claro que no se debería cumplir la supuesta regla de que “si al Gobierno le va bien, al país le va bien”.  El motivo de esta apreciación radica en que el “giro hacia la social democracia” y la designación de Marcel no servirían de nada si el gabinete es dominado por la ultraizquierda, cosa que en apariencia no ocurre, pero no es así.  Boric dejó en los ministerios ‘políticos’ a su círculo de hierro, y, si pensamos que esto se trata de política, no de economía, agricultura, vivienda, etc., nos percataremos con facilidad de que es muy probable que el Gobierno sea abiertamente izquierdista o inclusive ultraizquierdista.  La forma en que lo sea es otro cuento.  En este sentido, va la designación nada menos que en Defensa de una chilena-cubana afín al régimen castrista y con vínculos con la inteligencia de éste.  También debemos ver si el Partido Comunista estará o no con un pie en la calle.

Resumiendo, no estamos más que frente a otra frase cliché de nuestra cultura, con un detalle muy importante: que, si los distintos estamentos de la sociedad se la toman en serio, puede haber consecuencias lamentables.  Posiblemente la frase que mejor refleja nuestra situación sea “si al Gobierno le va bien, al Gobierno le va bien”.