Nuestra actual situación (XIX)
Alfonso Hidalgo | Sección: Política, Sociedad

Corolario
Las anteriores reflexiones han buscado analizar de manera teórica un conjunto de fenómenos de nuestro tiempo, a saber, la creciente influencia internacional de la mano de los “derechos humanos”, el entreguismo de las clases políticas y la consecuente crisis de nuestras democracias, y el papel de los medios de comunicación y las redes sociales, interrelacionándolos entre sí. Ello, debido a que hasta donde logramos percibir, su propósito es la consolidación de un poder global, fruto del intrínseco carácter expansivo que posee este fenómeno.
A su vez, lo anterior ha intentado ser comprobado, al mostrar las notables congruencias que existen entre ellas y diversos fenómenos que aquejan a buena parte del planeta en la actualidad: la crisis que se está produciendo fruto del Covid 19, la inmigración y la creciente violencia al interior de nuestras sociedades en nombre de los “derechos humanos”.
Evidentemente, es posible realizar varias relaciones más, sin perjuicio que entre algunas de las ideas y fenómenos expresados pueda no existir una congruencia absoluta. Sin embargo, se ha buscado dar una visión orgánica a su respecto, a fin de tratar de comprender nuestra actual situación, así como intentar vaticinar algo de lo que podría venir.
Ante todo, nuestro propósito ha sido mostrar que en la actualidad, y dadas las reales reglas del juego ante las cuales nos encontramos (muy distintas a las que se señalan de manera teórica), la sociedad civil está siendo objeto de un mayúsculo engaño y manipulación, con el fin de lograr la consolidación de este poder global. Y por lo mismo, que nos encontramos en una notable indefensión ante estos sucesos, pues las supuestas herramientas y remedios que se han creado para defendernos (democracia, leyes, instituciones), han sido tomadas o corrompidas de tal modo que hoy ya resultan prácticamente inútiles. Por eso se advertía en su momento que un buen termómetro para medir lo avanzada de esta peligrosa situación, es el creciente descaro con que hoy actúan sus promotores.
En efecto, si se combinan todas las ideas señaladas, el panorama no puede ser más desolador: las democracias están totalmente desnaturalizadas y buena parte de sus instituciones corrompidas; nuestras autoridades son sordas a las peticiones de la ciudadanía, al estar entregadas a instancias internacionales; estas últimas, inaccesibles para el pueblo y manipulando de manera grosera los “derechos humanos” para sus fines, intentan gobernar el mundo entero mediante la adopción de medidas draconianas con motivo de una supuesta pandemia; al mismo tiempo, propugnan por una inmigración cada vez más descontrolada y desestabilizadora de nuestros países; e incentivan un creciente y peligroso vandalismo que busca imponer la ley de la selva en los Estados; y todo ello finalmente, unido al crucial problema de la crisis de la información, al ser cómplices de todo este proceso los medios de comunicación y las redes sociales, lo cual explica el creciente descaro que tienen los promotores de este proceso. Avanzamos así hacia la consolidación de Estados e incluso de un mundo totalitario. Por eso la clave en una guerra es el engaño.
En este sentido, podríamos estar asistiendo ante el asalto final para imponer un totalitarismo global, lo que explica que para sus partidarios sea cada vez menos necesario fingir, al haberse tomado prácticamente todos los organismos e instituciones tanto nacionales como internacionales.
Hay que dejar en claro que por sí mismas las instituciones y las leyes no valen nada, pues la clave es la calidad moral y las ideas de quienes las integran o aplican. De ahí que a veces dé la impresión que muchas personas son víctimas de un espejismo, al pensar que estas instituciones fueran una especie de realidad extrahumana, separada de nosotros, sin darse cuenta que detrás de todas ellas hay seres humanos. Y si la mayoría de ellos se ha puesto de acuerdo o al servicio de esta empresa de dominación total, dichas instituciones son inútiles, salvo para lograr su propósito. En este sentido, es necesario tomar conciencia que la mayor parte de la institucionalidad y de la legalidad vigentes son nuestras enemigas.
Las posibles soluciones o medidas que puedan tomarse ante todo lo dicho escapan a las presentes reflexiones, cuyo objeto ha sido primeramente informar respecto de lo que percibimos está ocurriendo. Lo anterior, máxime si hasta donde percibimos, la mayoría de la población no ha tomado conciencia de este fenómeno, al estar gran parte de la misma en una especie de hipnosis. Ello explica que las ideas planteadas sean un primer e ineludible paso para intentar encontrar una solución. En particular, si como se ha dicho tantas veces, la clave de todo este proceso sea lo que las personas piensan y sienten. Lo claro en definitiva, es que no tiene sentido seguir respetando estas reglas del juego, pues ellas se han convertido en una auténtica trampa y por otro lado, que debemos actuar nosotros mismos, pues nadie nos defenderá.




